La futura beata: Isabel, la reina Católica

De vez en cuando aparece en el universo un personaje de excepción. Pues bien, hace algo más de 500 años así fue en España. Esta excepcionalidad se fragua sobre tres pilares: por su dimensión política, por ser mujer y por su santidad.

Lo que ahora, en este artículo, nos interesa es este aspecto último. La reina Isabel I que vivió 53 años, entre 1451-1504,  y reino 30, desde 1974, y como reina consorte tras casarse con Fernando de Aragón, en 1979. Ambos llamados por el papa Alejandro VI en 1406, con el título de Reyes Católicos. Tuvieron cinco hijos (4 fueron chicas, una de ellas, Juana, la heredera al trono). Su nieto, Carlos  (I de España y V de Alemania) se convertiría en emperador del Sacro Imperio Romano. Amén de su buen labor política (Isabel reorganizó el sistema de gobierno y la administración, centralizando competencias que antes ostentaban los nobles; reformó el sistema de seguridad ciudadana y llevó a cabo una reforma económica para reducir la deuda que el reino había heredado) y conquistar los últimos territorios con la guerra de Granada a los invasores musulmanes, consumado la Reconquista tras ocho siglos; tras la cual expulsó a los musulmanes y a los judíos de sus reinos (España). Coincidiendo con esta fecha, 1492, se descubriría Las Indias (América), en la que Isabel y Fernando serían sus patrocinadores, y sus reyes, dando origen al Imperio en el que nunca se impondría el sol.

Hecha esta breve biografía, refirámonos al aspecto de su beatificación: Se parte de ya un hecho previo, el de su declaración de Sierva de Dios en 1974, tras la cual se haya abierta la causa de su beatificación. El titulo de sierva significa ser una persona fe presenta características extraordinarias, y que ha estado al servicio de su proyecto para el bien del pueblo de Dios; lo cual predispone al inicio del camino a su posible beatificación y luego, a la canonización.

Entre esas obras como sierva de Dios está la educación cristiana de sus hijos, la cristianización de todos sus reinos en una sola España y la evangelización del Nuevo Mundo; así como la optima colaboración con el papado en pro de una mayor y unida Europa cristina.

Se ha puesto objeciones a la causa de beatificación, como el hecho de la expulsión de los judíos y el trato a los indios tras el descubrimiento de América. En cuanto a la primera objeción, la decisión no fue injusta, ni motivada por odio o racismo o antisemitismo; sino por razones administrativas y políticas (la unidad de una sociedad o país en aquellos tiempos  dependía mucho de la unidad de la fe religiosa); este hecho ya mucho tiempo antes se había producido en todos los países de Europa. Y una dato más, no fue tampoco por codicia, pues no se les arrebató sus bienes sino que pudieron venderlos, e incluso perjudicaba los intereses económicos de las arcas de la corona.

En cuanto al trato dispensado a los indios, para callar tal objeción no cabe sino leer en testamento de la Reina tres días antes de su muerte, lo cual queda sellado y cerrado en cuanto a su pensamiento y última voluntad. A él nos remitimos como mejor testimonio y argumento:

Concedidas que nos fueron por la Santa Sede Apostólica las islas y la tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos de buenas costumbres poniendo en ello el celo debido; por ello suplico al Rey, mi señor, muy afectuosamente, y recomiendo y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el príncipe, que así lo hagan y cumplan y que éste sea su fin principal y que en él empleen mucha diligencia y que no consientan que los nativos y los habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño, lo repararen.

A este documento del que ningún país del mundo dispone de ninguno de  sus gobernantes en toda la historia de la humanidad, añadimos alguna cosas más para contrabalancear tanta ignominia y «mala leche» vertida por aquellos enemigos de España y de la Iglesia Católica, calumniando con «leyendas negras», bastardeando la historia y la verdad.

Era la primera vez en la Historia que una potencia vencedora prohibía esclavizar a los vencidos.

En 1495  llegó a Sevilla una flota desde América con 500 indios esclavos, que Colón aseguraba que eran prisioneros de guerra. La Reina Isabel hizo estudiar el caso y en el año 1500 ordenó que fueran todos liberados y repatriados a América. 

 

Esta mujer excepcional dejó un documento grandioso, del que nos dispone ningún país de ninguno de sus gobernantes en toda la historia de la humanidad. Es el codicilo que Isabel añadió a su testamento en noviembre de 1504:

La declaración de beatificación o santidad proclama que esa persona se halla en la gloria del Señor. Para los que les asaltan aún dudas…, aun a pesar de las posibles deficiencias e imperfecciones que la Reina Isabel pudo tener -que como todo ser humano tendría, y también todo santo-, si es que ese estado beatífico no lo alcanzó inmediatamente tras su muerte; sí, seguro que sí, tras después tanto años trascurridos, si es que hubiera ido al purgatorio, y las muchas celebraciones litúrgicas en su nombre y otras muchas y también muchas obras santas, por la grandiosa obra en pro del Reino de Dios que acometió en su vida .

A su intercesión nos acogemos.

  ACTUALIDAD CATÓLICA

 

P.D.: nuestro agradecimiento a historiadores, investigadores y periodistas que -como  José Javier Esparza, Elvira Roca, Lewis Hanke, Giles Tremlett, José María Zavala …-  contribuyen a que la verdad resplandezca sobre la «fake news» y las tinieblas.

 


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