La existencia del Demonio  (II)

La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. En esto la Escritura es tan clara como la unanimidad de la Tradición. De ellos, de esos seres angélicos, surgieron estos seres diabólicos que encabeza el Príncipe de la Tinieblas.  

El demonio, Lucifer antes de ser arcángel caído, y luego Satanás, ser espiritual diabólico, y sus secuaces, otros ángeles que en su rebelión celeste, le siguieron, así como los seres humanos de la perdición, son todos ellos seres inmundos, demoniacos, enemigos de Dios y de la Humanidad, a la que persiguen destruir por odio a la obra creada por el amor de Dios.

Como ya dijimos en el artículo anterior hay que tomarse muy en serio a estos seres perversos, pues andan al acecho para perdernos, y como dice san Pedro: «Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar.» (1 Pe 5,8).

No es que tengamos que creer en el Diablo, como el mismo sentido y significado con el que se dice creer, creer en Dios. Aquel es un creer de saber que existe y la amenaza que supone para nosotros. En cambio, en creer en Dios es un confiarse a Él, de cuya existencia nos ha dado justificadamente pruebas en su amor por nosotros.

Sobre la existencia de ese ser maligno Satanás y los demás espíritus inmundos, la Biblia y los Evangelios especialmente nos dan sobrados testimonios. Podemos encontrarnos en su lectura multitud de actuaciones de Jesús expulsando demonios y liberando a la gente de ellos: «Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban» (Mc 6,12-13).

 “El mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El «diablo» [«dia-bolos»] es aquél que «se atraviesa» en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo” , dice el Catecismo de la Iglesia Católica (art. 2851).

De modo que ante esta certeza y de la influencia maligna de esos seres malvados sobre la vida de los seres humanos, que llegan incluso a poseerlos, la Iglesia Católica, siguiendo el ejemplo y mandato de su Señor Jesús, nombra con autoristas sacerdotes para ejercitar exorcismos:

«Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (cf Mc 1,25s; etc.), de él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar (cf Mc 3,15; 6,7.13; 16,17). En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia.» (Catecismo, 1673).

Por desgracia, y como si se hubiera producido un regurgitar de estos seres inmundos, cada vez es mayor el número de personas que en nuestro mundo actual necesita, como posiblemente nunca antes, la liberación por medio de exorcistas; de tal forma que en todas las diócesis los respectivos obispos se han visto en la necesidad de nombrar a quien/es ejerce este ministerio.

Y concluimos con esta recomendación del papa Francisco, inspirada en el Evangelio de la liturgia del primer domingo de Cuaresma, cuando Jesús es conducido al desierto por el Espíritu Santo durante cuarenta días, siendo tentado por el diablo (cf. Lc 4,1-13):

Jesús no dialoga con el diablo. Jesús nunca dialogó con el diablo. O lo expulsaba, cuando sanaba a los endemoniados, o como en este caso, teniendo que responder lo hace con la Palabra de Dios, jamás con su palabra. Hermanos y hermanas, nunca entren en diálogo con el diablo, es más astuto que nosotros. ¡Jamás! Aférrense a la Palabra de Dios como Jesús y, al máximo, respondan siempre con la Palabra de Dios. Y por esta vía no nos equivocaremos.[1]

Pueden ver artículos en que ya tratamos sobre el tema:

La existencia del Demonio  (I)

Los demonios presentes en el aire

…………………………………..

[1] Ángelus, 6 de marzo de 2022.

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.