Jesús encomendó la predicación del Reino a sus doce apóstoles, dándoles poder…

El Evangelio (Mt 10,1-7) de la misa de hoy, 9 de julio, nos cuenta cómo Jesús envió a sus doce apóstoles a proclamar la cercanía del Reino de los cielos, y «les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.«  y en versículo 8 añade: «Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.» 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,1-7):

En aquel tiempo, llamando Jesús a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos del Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

A estos doce los envió Jesús
con estas instrucciones: «No vayan a tierra de paganos, ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos«.

Todos los que nos decimos cristianos, discípulos seguidores de Cristo, estamos llamados en mayor menos medida al apostolado, a misionar, a evangelizar el Reino. A veces nos gusta sentirnos “elegidos” por Él, para hacer grandes cosas, pero todos somos elegidos para servir, para hablar de Dios, para dar su testimonio, que le conozcan reflejado en nuestro forma de ser, a su semejanza… El apostolado nos compete a todos.

Además. el Señor también nos proporciona dones, a nivel de la necesidad del cometido o misión; pero siempre y para todos, los dones su gracia, de la presencia del Espíritu Santo, el don de los dones, que nos hace ser amables con los demás, perdonar, dedica una sonrisa, aportar alegría, contagiarla, hacer que la gente se sienta bien, siendo dulces, trasmitir paz, etc., y también hacer cosas que nos impliquen más: cuidar enfermos, ayudar a un vecino, ayudar económicamente a nos necesitados, etc., y estar dispuestos siempre atento al bien de las personas que nos rodean, amándoles al modo Dios; que dijo: «sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5 ), o lo que es lo mismo, con Él lo podemos todo todo.

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Palabras del papa Francisco

(Homilía Santa Marta, 8 julio 2020)

 

La búsqueda del rostro de Dios está motivada por el anhelo de un encuentro con el Señor, encuentro personal, un encuentro con su inmenso amor, con su poder que salva. Los doce apóstoles, de quienes nos habla el Evangelio de hoy (cf. Mt 10,1-7), tuvieron la gracia de encontrarlo físicamente en Jesucristo, Hijo de Dios encarnado. Él los llamó por su nombre, uno a uno —lo hemos escuchado—, mirándolos a los ojos; y ellos contemplaron su rostro, escucharon su voz, vieron sus prodigios. El encuentro personal con el Señor, un tiempo de gracia y salvación, lleva a la misión. Jesús les exhortó: «Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos» (v. 7). Encuentro y misión no se separan. Este encuentro personal con Jesucristo también es posible para nosotros, que somos los discípulos del tercer milenio. Cuando buscamos el rostro del Señor, podemos reconocerlo en el rostro de los pobres, de los enfermos, de los abandonados y de los extranjeros que Dios pone en nuestro camino. 

 

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Catena Aurea

 

Glosa

Desde la curación de la suegra de Pedro hasta aquí se cuenta una serie ininterrumpida de milagros que hizo Jesús antes de su discurso de la montaña. Indudablemente debemos contar entre ellos la elección de San Mateo (que se refiere como uno de tantos), puesto que fue mencionado en la montaña como uno de los doce para el apostolado. Y ordena los hechos de Jesús tomando como punto de partida, la curación del esclavo del Centurión, diciendo: «Y llamando sus doce discípulos».

Remigio

El Evangelista nos dijo más arriba que exhortó el Señor a sus discípulos a que suplicasen al señor de la mies, a fin de que mandara operarios a su mies; su exhortación obtuvo cumplimiento ahora. Porque el número doce es número perfecto, porque viene del número seis que también lo es, puesto que sus funciones uno, dos y tres forman en sí mismas un todo perfecto y el número doce no es más que el doble de seis.

Glosa

La duplicación de este número representa los dos preceptos de la caridad o los dos Testamentos.

Rábano

El número doce, que viene del tres y del cuatro, nos dice que los Apóstoles predicarán la fe de la Santa Trinidad por las cuatro regiones de la tierra. Muchas figuras tenemos en el Antiguo Testamento de este número doce; los doce hijos de Jacob ( Gén 35); los doce príncipes de los hijos de Israel ( Núm 1); las doce fuentes vivas en Elim ( Ex 15); las doce piedras en el pectoral de Aarón ( Ex 39); los doce panes de la proposición ( Lev 24); los doce exploradores enviados por Moisés ( Núm 13); las doce piedras de que se formó el altar ( 1Re 18); las doce piedras sacadas del Jordán ( Jos 4); los doce bueyes que sostenían el mar de bronce ( 1Re 7) y en el Nuevo Testamento: las doce estrellas que brillaban en la corona de la Mujer ( Ap 12); los doce fundamentos de Jerusalén que vio San Juan y las doce puertas ( Ap 21).
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,3

No sólo les inspira confianza llamando a su ministerio misión para la mies, sino también dándoles poder para el desempeño de este ministerio, según aquellas palabras: «Les dio potestad sobre los espíritus inmundos para que los arrojaran y para que curasen todo decaimiento y toda enfermedad».
 

Remigio

Nos demuestra en este lugar Jesús que no era uno solo y leve el sufrimiento de la multitud, sino de muchas maneras y por esto se compadeció de ellos y dio poder a sus discípulos para que los curasen y les dieran la salud.
 

San Jerónimo

El Señor, Maestro benigno y clemente, no envidia el poder de sus discípulos y servidores y da poder a sus Apóstoles para curar todo abatimiento y toda enfermedad. Pero hay gran diferencia entre tener y atribuir, entre dar y recibir; el que recibe todo cuanto hace, lo hace por el poder de Dios y los Apóstoles confiesan en todas las obras que hacen su debilidad y el poder del Señor por estas palabras: «En el nombre de Jesús levántate y anda» ( Hch 3,6). En el hecho de poner el Evangelista el catálogo de los Apóstoles, quedan excluidos de él todos los que se tenían por apóstoles y en realidad no eran más que falsos apóstoles. Por eso se dice: «Estos son los nombres de los doce Apóstoles». El primero Simón, conocido con el nombre de Pedro y su hermano Andrés; sólo el que ve el fondo de los corazones puede hacer la clasificación de los Apóstoles según el mérito de cada uno. Pone en primer término a Simón, por sobrenombre Pedro, para distinguirle de aquel otro Simón, llamado el Cananeo, natural de Caná, villa de la Galilea, en donde convirtió Jesús el agua en vino ( Jn, 2).
 

Rábano

La palabra petro( , en latín Petrus, tiene el mismo significado que la siríaca cephas; en ambos idiomas se deriva dicha palabra de la de piedra, según aquello de San Pablo: «La piedra era Cristo» ( 1Cor 10,4).
 

Remigio

No faltaron algunos que, buscando en el hebreo la significación de la palabra griega y latina Pedro, sostuvieron que dicha palabra significa el que descalza, o el que disuelve, o el que conoce. Pero no se puede sostener semejante opinión sin venir a parar en estas dos contradicciones. La primera está basada en la propiedad de la lengua hebrea, en la que no aparece la letra P y vemos en su lugar la F; de ahí el llamar a Pilatos, Filatos o Philatos y la segunda es el sentido que le dio el Evangelista cuando nos hace mención de aquellas palabras de Jesús: «Y tú te llamarás Cephas»; palabra que interpreta el mismo evangelista por Pedro ( Jn 1,42). El nombre de Simón significa obediente, porque obedeció él a la voz de Andrés y en su compañía se presentó a Cristo ( Jn 1); o también porque obedeció los preceptos de Dios y le bastó para seguir a Cristo un solo mandato del Señor ( Mt 4); o también, según algunos opinan, significa dicha palabra el que olvida la pena y acepta el sacrificio, porque Pedro, con la resurrección del Señor, dejó en efecto la pena que le habían causado la pasión del Señor y su propia negación y comprendió con tristeza aquellas palabras del Señor: «Otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras» ( Jn 21,18).
 

Sigue: «Y Andrés, su hermano».
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,3

No es pequeña la alabanza de que Pedro haya sido designado por su virtud y Andrés por su nobleza, es decir, por el parentesco que tenía con su hermano. San Marcos pone a Andrés en tercer lugar, esto es, después de Pedro y de Juan, San Mateo no los coloca en ese orden. Esto se entiende porque San Marcos los puso en el orden que cada uno tiene según su dignidad.
 

Remigio

El nombre de Andrés significa viril, porque así como viril viene de la palabra latina vir, así también Andrés se deriva de la griega andros (andros). Merece efectivamente el nombre de varonil, porque después de haber abandonado todas las cosas por seguir a Cristo, perseveró varonilmente en los preceptos del Señor.
 

San Jerónimo

El Evangelista nos da a conocer cierta paridad entre los diferentes Apóstoles, porque une a Pedro y Andrés, hermanos, no sólo en la carne, sino en el espíritu; a Santiago y a Juan, que, dejando al padre del cuerpo, siguieron al verdadero Padre ( Mt 4). Y dice el evangelista: «Santiago, hijo de Zebedeo y su hermano Juan»; llama a Santiago hijo de Zebedeo, porque había otro Santiago, hijo de Alfeo.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,3

Ve aquí la razón de por qué no los coloca en orden según su dignidad. En mi concepto no es más que porque Juan, no sólo es de más edad que los otros, sino también más que su hermano.
 

Remigio

El nombre de Santiago se interpreta el que suplanta o suplantador, porque, no sólo suplantó los vicios carnales, sino que despreció hasta su propia carne, martirizada por Herodes ( Hch 12). Juan significa gracia de Dios, porque mereció ser más amado que ningún otro Apóstol por el Señor; amor grandísimo que le valió recostarse durante la cena sobre el pecho del Señor ( Jn 13). Siguen Felipe y Bartolomé: Felipe es como decir boca de una lámpara, o de las lámparas, porque procuró extender por medio de sus labios la luz que recibió del Señor y esclarecer después con ella a su hermano ( Jn 1). El nombre de Bartolomé no es de origen hebreo, sino del sirio: se interpreta hijo del que suspende las aguas, esto es, de Cristo, que levanta de las cosas terrenales y suspende de las celestiales los corazones de los predicadores, a fin de que, penetrados más y más de las cosas divinas, derramen y llenen el corazón de sus oyentes de una gracia más abundante.
 

Siguen Tomás y Mateo el publicano.
 

San Jerónimo

Los demás evangelistas, al tratar de la unión de los nombres de los Apóstoles, ponen primero a Mateo y después de él a Tomás. No le llaman el publicano, a fin de que no se crea que ultrajaban al evangelista recordándole su antigua profesión. Pero San Mateo se coloca después de Tomás y se llama a sí mismo publicano para manifestar que sobreabundó la gracia allí mismo donde sobreabundó el pecado ( Rom 5).
 

Remigio

El nombre de Tomás se interpreta por abismo o gemelo y en griego por Dídimo: merece, con razón, el nombre de abismo o de Dídimo, porque cuanto más tiempo perseveró en la duda, tanto más arraigada tuvo después la fe en la pasión y en la divinidad de Cristo; fe que le hizo decir: «Mi Señor y mi Dios» ( Jn 20,28). El nombre de Mateo significa dado, porque por la gracia de Dios llegó a ser de publicano evangelista.
 

Siguen Santiago, hijo de Alfeo y Tadeo.
 

Rábano

Este Santiago es aquel que en los Evangelios y en la Epístola a los gálatas es llamado hermano o pariente del Señor. Porque su madre María, mujer de Alfeo, fue hermana o parienta de Santa María, Madre del Señor. San Juan evangelista la llama María de Cleofás, quizá por llevar Alfeo también el nombre de Cleofás, o también porque muerto Alfeo, después del nacimiento de Santiago, se casó María con Cleofás.
 

Remigio

Y con razón se le llama hijo de Alfeo, esto es, del justo o del sabio, porque él, no sólo se despojó de los vicios carnales, sino que despreció todo goce temporal. Los mismos Apóstoles que le eligieron para Obispo de Jerusalén, son testigos del mérito de este Apóstol. Por esta razón dice la Historia Eclesiástica de él, que no comió carne, ni bebió vino ni cerveza, ni se bañó, ni vistió de lino y que pasaba noches y días de rodillas en oración. Y fue tal su mérito que todos lo conocían con el nombre del justo. Tadeo es aquel mismo a quien San Lucas llama Judas de Santiago, esto es, hermano de Santiago. Su Epístola es contada entre los libros canónicos y él mismo se llama en ella hermano de Santiago.
 

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,30

En algunos ejemplares se le da el nombre de Lebbaeum; pero ¿qué se opone el que un hombre tenga dos nombres?
 

Remigio

Judas significa confeso, porque confesó al Hijo de Dios.
 

Rábano

El nombre de Tadeo se interpreta por prudente, esto es, cultivador del corazón.
 

Siguen Simón Cananeo y Judas Iscariote, que entregó a Jesús.
 

San Jerónimo

Simón el Cananeo es el mismo a quien otro evangelista llama Zelotes. Y Judas Iscariote toma este nombreo del pueblo de su nacimiento o de la tribu de Isacar. En su mismo nombre lleva escrita de una manera profética su condenación. Porque Isacar significa recompensa, palabra que parece anunciar el precio de su traición.
 

Remigio

También scarioth significa memoria del Señor, porque persiguió al Señor. O también memorial de la muerte, palabra que indica todo el tiempo que estuvo meditando en su corazón el modo de entregar al Señor. También puede significar sofocación, porque se estranguló a sí mismo. Es digno de observación el que dos de los Apóstoles del Señor tuvieran el mismo nombre de Judas; en estos dos Judas están representados todos los cristianos: Judas de Santiago figura a todos aquellos cristianos que continúan constantemente confesando la fe y Judas Iscariote a todos aquellos que abandonan la fe y se vuelven atrás.
 

Glosa

Se ponen expresamente de dos en dos, como aprobación de la sociedad conyugal.
 

San Agustín, de civitate Dei, 18,49

Eligió por Apóstoles a aquellos hombres que eran plebeyos, sin dignidad y sin educación, a fin de que se viera que cuanto de grande fuesen o hicieren, era por el Señor que está en ellos y obra en ellos. Hubo entre ellos uno malo, que con su mal contribuyó a que se realizase el misterio de la pasión y a que dejara Jesús a su Iglesia un ejemplo de paciencia en los sufrimientos.
 

San Ambrosio, in Lucam, 6

No hubo imprudencia en haberle elegido entre sus discípulos, porque la verdad es grande y no pierde su fuerza por la oposición de uno de sus ministros.
 

Rábano

Quiso ser entregado por uno de sus discípulos, a fin de que llevemos con paciencia, si somos entregados por un amigo, el habernos engañado en la elección y el haber perdido nuestros beneficios.

 

 

Glosa

Como toda manifestación del Espíritu es concedida, según expresión del Apóstol ( 1Cor 12) para utilidad de la Iglesia, el Salvador, después de conceder su poder a los Apóstoles, los envía a que ejerzan ese poder en provecho de los demás hombres, según aquellas palabras: «Jesús envió a estos doce».

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,3

Mirad la oportunidad de la misión: los envía precisamente después que vieron resucitar a un muerto, increpar al mar y otras obras parecidas y después que recibieron de palabra y de obra una demostración suficiente de la divinidad de Jesús.
 

Glosa

Al mismo tiempo que los envía, les enseña por dónde deben ir o lo que deben predicar y lo que deben hacer; por eso les ordena y les dice: «No vayáis por los caminos de los gentiles ni entréis en las casas de los samaritanos, sino id principalmente a las ovejas perdidas de la casa de Israel».
 

San Jerónimo

No es contrario este precepto al que les impone después: «Id y enseñad a todas las naciones» ( Mt 28,19), en atención a que les fue impuesto este último después y el otro antes de la resurrección. Convenía que se anunciase primero el Evangelio a los judíos, a fin de que no se excusasen diciendo que el Señor los había alejado de El enviando a sus Apóstoles a los gentiles y a los samaritanos.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,2

Los envía el Señor primeramente a la Judea, como a una escuela, para que, ejercitados en ella, aprendieran a luchar contra todas las naciones y por eso los trata como a débiles pajarillos a quienes excita la madre al vuelo.
 

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 4,1

O también quiso ser predicado primero sólo a los judíos y después a los gentiles, para parecer se dirigía a los pueblos gentiles como a extraños, por haber sido rechazado por los suyos propios. Había entonces ciertamente entre los judíos algunos que debían ser llamados y entre los gentiles algunos que ni debían ser llamados ni merecían ser devueltos a la vida, y, sin embargo, no deberían ser juzgados con más severidad por haber despreciado la predicación.
 

San Hilario, in Matthaeum, 10

La Ley debía tener la preferencia del Evangelio, e Israel debía ser menos excusado con respecto a su crimen, por cuanto él había sido con más frecuencia y diligencia exhortado a la corrección.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,3-4

Para que no creyeran los judíos que Jesús les tenía odio por haberle ellos ultrajado y haberle llamado poseído del demonio, tuvo El particular empeño en corregirles, prohibiendo a sus discípulos cualquier otro ministerio y enviándoles médicos y doctores. No sólo prohibió a sus discípulos el que anunciaran el Evangelio a otros antes que a los judíos, sino que ni les permitió el que viajaran por los caminos que van a donde estaban los gentiles, por las palabras: «No vayáis por los caminos de los gentiles». Y aunque los samaritanos eran más fáciles de convertir al Evangelio, sin embargo, porque eran enemigos de los judíos no quiso que se predicase el Evangelio a los samaritanos antes que a los judíos. «Y no entraréis, dice, en las ciudades de los samaritanos»
 

Glosa

Los samaritanos eran aquellos gentiles que el rey de Asiria dejó en Israel después de haberlos hecho cautivos. Cediendo ellos a la presión de multitud de peligros, se convirtieron al judaísmo ( 2Re 17), admitieron la circuncisión y los cinco libros de Moisés y se opusieron constantemente a todo lo demás; ésta es la razón por la que no querían mezclarse con ellos los judíos.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,4

Separando él sus discípulos de los samaritanos y mandándoles a los hijos de Israel, a quienes llama ovejas que perecen y no ovejas que se separan, nos significa el Señor cómo El puso en juego todos los medios para perdonarles y atraerlos.
 

San Hilario, in Matthaeum, 10

Aunque El los llama ovejas, ellos, sin embargo, se ensañaron contra Cristo con sus lenguas y sus mordeduras, como si fueran lobos o víboras.
 

San Jerónimo

En sentido figurado se nos manda a nosotros, que somos tenidos como cristianos, el que no vayamos por el camino de los gentiles o de los herejes y puesto que estamos lejos de ellos por nuestras creencias, lo estemos también con nuestra conducta.
 

Glosa

Después de haber enseñado a sus discípulos el camino por donde deben ir, les dice lo que deben enseñar: «id y predicad diciendo que se aproxima el reino de los cielos».
 

Rábano

Se dice aquí que se aproxima el reino de los cielos, no por algún movimiento de los elementos, sino por la fe que se nos ha dado de un Criador invisible. Con razón se llaman santos del cielo los que poseen a Dios por la fe y le aman por la caridad.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,4

Vosotros veis la grandeza del ministerio; veis la dignidad de los apóstoles; no les manda, como a Moisés y a los profetas que nos anuncien cosas sensibles, sino cosas nuevas y fuera de la opinión de los hombres. Porque aquellos anunciaron los bienes de la tierra y éstos el reino del cielo y cuantos bienes se encierran en él.
 

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 4,1

Fue dado a los apóstoles el poder de hacer milagros, a fin de que el brillo de este poder diera más crédito a sus palabras y pudieran acompañar con obras nuevas la nueva doctrina que predicaban. Por eso se les dice: «Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, arrojad a los demonios».
 

San Jerónimo

Les da la potestad de hacer milagros, para que todos creyeran a aquellos hombres campesinos, sin gracia ni elocuencia, ignorantes y sin letras que prometían el reino de los cielos; a fin de que la grandeza de las obras fuera una prueba de la grandeza de las promesas.
 

San Hilario, in Matthaeum, 10

Todo el poder del Señor pasa a los Apóstoles, a fin de que todos los que estaban prefigurados en Adán y en la semejanza de Dios, consiguiesen ahora la imagen perfecta de Cristo y corrigiesen ellos mismos por la comunicación del poder divino todos cuantos males había introducido el instinto de Satanás en el cuerpo de Adán.
 

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 29,4

Estos milagros fueron necesarios en el principio de la Iglesia, a fin de que la semilla de la fe creciera y se desarrollara con ellos.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,7

Pero después que el respeto a la fe se extendió por todas partes, fueron, si efectivamente los hubo también después, menos y más raros. Dios suele hacer esos prodigios cuando los males han adquirido toda su manifestación, porque entonces es cuando hace ver su poder.
 

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 29,4

Sin embargo, la Santa Iglesia hace todos los días espiritualmente lo que entonces hacían los Apóstoles corporalmente. Y son ciertamente esos milagros tanto mayores, cuanto que por ellos resucita el espíritu y no el cuerpo.
 

Remigio

Los enfermos son los indolentes, que no tienen fuerzas para hacer buenas obras; los leprosos son los sucios o por sus acciones, o por sus deleites carnales; los muertos los que practican obras de muerte; endemoniados los que están sujetos al imperio del demonio.
 

San Jerónimo

Y puesto que los dones sobrenaturales pierden su valor cuando media alguna recompensa temporal, por eso condena la avaricia en los términos siguientes: «Dad gratuitamente lo que gratuitamente recibisteis; yo vuestro maestro y Señor, os he repartido todos estos dones sin recompensa; luego dadlos también vosotros sin recompensa».
 

Glosa

Dice esto para que Judas, que llevaba la bolsa, no tratara, valiéndose de este poder, de aumentar el dinero y lo dice también con el objeto de condenar aquí la perfidia herética de la simonía.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 5

Preveía que no faltarían algunos que mirando el don del Espíritu Santo y el poder de hacer milagros como objetos de comercio, se servirían de ellos para satisfacer su avaricia.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 32,4

Ved aquí, cómo el Señor atiende a las costumbres no menos que a los milagros, para darnos a entender que sin las costumbres, de nada valen los milagros y cómo abate el orgullo de sus discípulos con las palabras: «Recibisteis gratuitamente y os mando que estéis limpios de toda afición al dinero». O también para demostrarles que ellos nada dan de sí mismos, les dice: «Recibisteis gratuitamente», que es como si dijera: «Nada dais vosotros de lo vuestro en aquello que distribuís, porque no lo habéis recibido ni por vuestro trabajo, ni como por salario vuestro y puesto que es una gracia mía, dadla como tal a los otros, porque no es justo recibáis por ella precio alguno».

 

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