«Hay muchos suicidas morales, que se esfuerzan por ahogar su alma en el bullicio y la disipación como esos desgraciados que beben y se emborrachan para entorpecer su conocimiento y abotagarse» (M. Unamuno)[1].
Cuidad de que vuestros corazones no se emboten por la crápula, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y caiga de improviso sobre vosotros este día, como un lazo; porque vendrá sobre vosotros, los habitantes de la tierra. (Lc 21,34-35).






