La objeción de conciencia

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Cabría citar para aquellos que pretenden imponer su voluntad a los demás por encima de todo, aquellas palabras del alcalde de Zalamea: “Al Rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios”.

En lo tocante a la conciencia, al alma, a lo que es sagrado, ningún poder humano, político, eclesiástico, etc., tiene potestad, ni hasta uno mismo, sólo Dios. Esta verdad se ha de tener por absoluta si se quiere considerar la dignidad, libertad y la grandeza de la persona. Tan es así que incluso la Iglesia en lo tocante a la conciencia individual el respeto es máximo, de tal forma que aunque la conciencia se oponga a lo que dicte la misma Iglesia, la persona ha de obedecer antes a la conciencia que a la Iglesia. Es decir, nadie ni siquiera la Iglesia, pude dispensar del deber de seguir a propia conciencia. Y es más, la Iglesia siempre ha defendido que es obligación obedecer a la conciencia incluso cuando sin responsabilidad personal pueda estar equivocada.

Hoy en día, sobre todo desde sectores ideológicos que se autodenominan progresistas se trata de eliminar esta grandeza del ser humano y acabar con ese patrimonio invulnerable e exclusivo de la persona humana. Se intenta -desde el poder político y otros poderes “tapados”, de apoderarse de esta parte intima de la persona, tan propia de ella, para someterla del todo e imponer su totalizante “verdad”, su pensamiento único. De modo que la conciencia, esa último reducto de libertad del ser humana está siendo atacado por los poderes que tratan de apoderarse del alma humana e imponer los paradigmas del Nuevo Orden Mundial (NOM).

Es curioso, los que hasta hace unos años alegaban “objeción de conciencia” para resistirse al sistema y no coger las armas, por ejemplo. Este alegato a la conciencia era esgrimido por las ideologías de izquierdas, generalmente. En cambio, hoy lo persiguen: persiguen la “objeción de conciencia” cuando personal sanitario se opone a ejercer un aborto, una eutanasia o cuando un simple profesional de cualquier otro sector se niega a realizar cualquier producto que les demanden el colectivo LGBTI (panaderos denunciados por no confeccionar una tarta para un boda gay, una imprenta a impresos…, etc.).

No obstante, aunque haya quien se resista a este intento directo de imponerse; lo cierto es que también el NOM  lo que pretende es anular la conciencia individual a través de el subterfugio o añagaza de “lo políticamente correcto” y también de las múltiples forma de manipulación mediática que inciden tan de continuo sobre las emociones  y el pensamiento de la sociedad.

Pero el NOM que, para entendernos, podríamos denominar lo políticamente correcto, está empeñado en violentar la objeción de conciencia

La familia, la Iglesia, la persona en sí (su conciencia) y la ley natural son con los que el NOM quiere acabar.

 

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