Eclipse de la conciencia

           “Hay muchos suicidas morales, que se esfuerzan por ahogar su alma en el bullicio y la disipación como esos desgraciados que beben y se emborrachan para entorpecer su conocimiento y abotargarse” (M. Unamuno)[1].

           Cuidad de que vuestros corazones no se emboten por la crápula, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y caiga de improviso sobre vosotros este día, como un lazo; porque vendrá sobre vosotros, los habitantes de la tierra. Velad, pues, en todo tiempo, orando para que podías libraros de todo lo que ha de venir y comparecer delante del Hijo del hombre (Lc 21,34-36).

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           Se cuenta que el arquitecto ruso Potemkin (1739-1791), durante muchos años favorito de la emperatriz de Rusia, Catalina II, llamada “la Grande”, puso en práctica un truco para mostrarle los progresos de su patria. El relato del ardid es el siguiente:

           Su mariscal de campo había conquistado Crimea a los turcos… Y la emperatriz quiso visitar esa región de la que se hablaba mucho y bien de su prosperidad. Potemkin organizó el viaje: 2.222 kilómetros por el río Dniéper. Por todas las partes que pasaba la comitiva, la emperatriz quedaba admirada: las aldeas y las granjas, sus gentes, recibiéndola con músicas y bailes, que se divisaban desde el barco, hablaban de bien a las claras de la prosperidad y la felicidad de su pueblo.

           Sin embargo, todo era mentira. Su Favorito había armado en tres años el más monumental decorado de la historia… contratando a innumerables actores que hicieron las veces de comparsas. La emperatriz no se dio cuenta de que toda la gente era siempre la misma…

           Tan sólo muchos años después Catalina sabría cómo su hombre de confianza le había ocultado el feo rostro de la miseria, con brillantes decorados de cartón piedra…

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            Se cuenta que, cuando un pintor de la antigüedad fue encargado de hacer el retrato de Alejandro Magno, se halló muy perplejo. Durante un combate, Alejandro había recibido un sablazo en la frente y había quedado con una larga cicatriz. El artista se decía:

           ²Si reproduzco la cicatriz, ofenderé a los admiradores del monarca; si la omitido, no será un fiel retrato. ¿Qué debo hacer?².

           Encontró la solución: representó al gran soberano con la frente apoyada en su mano, ocultando así la cicatriz.

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Nadie parece ya escandalizarse del mal.

Eclipse de conciencia o embotamiento que se traduce en una amoralidad práctica, socialmente aceptada.

“Se dirá que `siempre se han hecho esas cosas`, que hay ejemplos de traición, adulterio, engaño, aborto, homicidio, etcétera. La diferencia es que todo eso `parecía mal`, indebido, delito o pecado, excepción que por verse así afirmaba la norma, como muy bien vio Kant, mientras que ahora se da por supuesto que está bien, que es un derecho, casi una obligación, al menos si se quiere parecer `progresistas`”[2].

 

El eclipse de la conciencia de su sociedad envilecida, encanallada, de como resultado la desmoralización progresiva, gente sin escrúpulos: (escrúpulo: duda o recelo que punza la conciencia; lo que inquieta el ánimo).

 

“El que afirma está en la luz y odia a su hermano, está aún en las tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz y no hay en el ocasión alguna de caída. Pero  el que odia a su hermanos está en las tinieblas, anda en las tinieblas y no sabe adónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos”  (1 Jn 2,9-11).

 

 Cometer males es un mal; cometerlos y no tener conciencia de ello, no reconocerlos como tales, es un mal absoluto.

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

 

[1] Diario íntimo, Alianza editorial, Madrid, 1983, pp.48-9.

[2] Julián Marías, ABC 27-3-94, p.3.