En nombre del progreso y con todo tipo de argumentos —dignos de la diosa Razón (la que produce monstruos)— entre los que cabe incluso esgrimir el noble de la composición (hoy, la empatía progre), se puede llegar a cometer los más viles y rastreros actos.
Categoría: EUTANASIA
Diez ideas cristianas para cuidar mejor a nuestros seres queridos en sus últimos días de vida

Las propone la Conferencia de Obispos Católicos de EEUU.
Biblia tiende a alabar a los ancianos y a pedir respeto para ellos. «Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano» (Levítico 19,32); «No reprendas al anciano, exhórtale como a un padre y a las ancianas, como a madres» (1 Timoteo 5, 1-2); «la hermosura de los ancianos es su vejez» (Proverbios 20,29). La Biblia también pide cuidar a los enfermos, una y otra vez.
La Concentración por la vida, 28 de noviembre
Ayer domingo tuvo lugar -más que celebración- una concentración en Madrid en pro de la vida amenazada por la legislación progre de una sociedad atrozmente materialista, que antepone lo que egoístamente le interesa a lo que humanamente es lo más justo, moral y correcto de acuerdo a una conciencia viva y de acuerdo a la ley natural, y no digamos ya, divina.
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La objeción de conciencia
Cabría citar para aquellos -gobiernos estatales de Occidente, principalmente- que pretenden imponer su voluntad -legislar todo e intervenir en todo- a los demás -ciudadanos- hasta en lo más personal, por encima de todo y al coste que sea, aquellas palabras del alcalde de Zalamea: «Al Rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios».
La infame eutanasia
Ya en el Concilio Vaticano II, la Constitución Pastoral Gaudium et Spes afirma: “Cuanto atenta contra la vida -homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador” (nº27).
Catecismo de la Iglesia Católica: “La eutanasia voluntaria, cualesquiera que sean sus formas y motivos, constituye un homicidio. Es gravemente contraria a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador” (nº 2324).
Carta de la Congregación de la Doctrina de la Fe Samaritanus Bonus del 14 de julio de 2020: “La Iglesia considera que debe reafirmar como enseñanza definitiva que la eutanasia es un crimen contra la vida humana porque, con tal acto, el hombre elige causar directamente la muerte de un ser humano inocente… La eutanasia, por lo tanto, es un acto intrínsecamente malo, en toda ocasión y circunstancia. En el pasado la Iglesia ya ha afirmado de manera definitiva «que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal. Semejante práctica conlleva, según las circunstancias, la malicia propia del suicidio o del homicidio». Toda cooperación formal o material inmediata a tal acto es un pecado grave contra la vida humana: «Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo. Se trata, en efecto, de una violación de la ley divina, de una ofensa a la dignidad de la persona humana, de un crimen contra la vida, de un atentado contra la humanidad». Por lo tanto, la eutanasia es un acto homicida que ningún fin puede legitimar y que no tolera ninguna forma de complicidad o colaboración, activa o pasiva. Aquellos que aprueban leyes sobre la eutanasia y el suicidio asistido se hacen, por lo tanto, cómplices del grave pecado que otros llevarán a cabo. Ellos son también culpables de escándalo porque tales leyes contribuyen a deformar la conciencia, también la de los fieles” (V,1).
Uno no puede por menos de preguntarse cómo es posible llegar a semejantes aberraciones. La respuesta es sencilla: como no se cree en Dios, no hay nadie por encima de mí y se confía sólo en la libertad, desarraigada de toda objetividad, la tarea de decidir autónomamente lo que es bueno y lo que es malo. La eutanasia ha pasado así de ser un delito a ser un derecho. Pero no nos olvidemos que para los cristianos en general y desde luego para la Iglesia católica, sigue siendo un pecado grave que va directamente contra el quinto mandamiento del Decálogo: “No matarás”.
No puedo por menos de preguntarme por qué se puede votar a favor de la eutanasia. Un amigo me dio esta pista: todos tenemos una conciencia que, a pesar que se intenta acallarla, sigue funcionando en nuestro interior. La solución consiste en negarla y atribuir esa voz interior a lo que enseña la Iglesia católica, con lo que conseguimos dos cosas: combatir a una institución a la que odiamos y acallar nuestra conciencia. Pero todos nos damos cuenta que el bien y el mal existen, que tenemos una cosa llamada responsabilidad y que vamos a tener que dar cuenta de nuestros actos. Por supuesto que me compadezco de aquellos que han votado a favor del crimen y de los designios de Satanás, tanto más cuanto que me parece imposible acallar la conciencia y, si no se arrepienten muy sinceramente, tendrán que vivir siempre con los remordimientos de su mala acción y con el peligro añadido de presentarse así ante Dios.
Por Pedro Trevijano
Arreglando el mundo: la eutanasia, el aborto …
Intentos imperfectos —o sería más acertado decir, perversos— de arreglar las situaciones problemáticas que se dan en la vida en la Tierra. Entre estas están el hambre en el Tercer Mundo, los sintecho de las grandes urbes, la escasez de trabajo en cualquier parte y cada vez más, los discapacitados y los ancianos —que suponen una carga para la familia y para el Estado—, etc.
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