Intentos imperfectos —o sería más acertado decir, perversos— de arreglar las situaciones problemáticas que se dan en la vida en la Tierra. Entre estas están el hambre en el Tercer Mundo, los sintecho de las grandes urbes, la escasez de trabajo en cualquier parte y cada vez más, los discapacitados y los ancianos —que suponen una carga para la familia y para el Estado—, etc.
Para todas estas rémoras el mundo, en su peor versión, el hombre actual, el progre, ha encontrado soluciones: el aborto (y la esterilización) y la eutanasia. Entre los muertos por impedidos nacer y los muertos por precipitar su muerte, seguro que habrá menos que pasen hambre y que se mejores el estado de bienestar del resto de los vivos. Es decir, repitamos claramente: cuanto menos seamos menos hambrientos habrá al igual que cuantos menos personas mayores, menos pensionistas y menos gastos en cuidados paliativos, menor posibilidad de que quiebre la seguridad social y menos impuestos a pagar. Fácil.
Seguro que les parecerá simplista y cruel esta lógica de ver las cosas; pero en el fondo es la realidad, los hechos son los hechos. Si decir tal cosa escandaliza, ¿qué efecto debería producir la realidad de los hechos mismos? Ah, pero con estos parece que no les hacemos ascos, ¡qué tragaderas! ¡cuánta hipocresia! Esto recuerda lo de Australia, que tiempo atrás prohibió legalmente el que se publicaran noticias o anuncios con imágenes de niños abortados, ya que dañaban la sensibilidad de la gente… ¿Y la realidad misma, eso no?
Pues, en estos planteamientos andan -más o menos disimuladamente- muchas gentes -elites progres, magnates, prohombres, filantropos…— y hasta organizaciones —como la ONU y ONGs bien subvencionadas—.
Hay algún problemilla más —menores—, como es el de la fealdad; pero no se preocupen, mientras llega la elección genética a la carta, podemos solucionarlo gastando —a veces lo que o tenemos— en operación estética lo que haga falta, hasta empeñarse; también caben cuidados paliativos: dietas anoréxicas, cremas de día y noche, gimnasios, etc.
De modo que, de aquí a unos pocos años, todos estaremos bien comidos, seremos físicamente perfectos y más guapos.
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