Los misioneros

La religiosa colombiana Gloria Cecilia Narváez. Actualmente (18-10-2020) secuestrada desde hace tres años en Mali por terroristas vinculados a Al Qaeda.

“Como el Padre me envió, también yo os envío.” (Jn 20, 21).

“Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” (Mt 28,19).

 

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        Durante la guerra de Crimea, ingleses, franceses y turcos asediaban la fortaleza de Sebastopol, defendida por el ejército ruso. Viendo los rusos que no podían resistir los ataques del enemigo, decidieron destruirla ellos mismos. Se fijó la noche del 8 de septiembre  de 1855.

           Pero, ¿qué iba a ser de los heridos? Llevarlos a todos en la retirada era imposible, pues se contaban por miles. En ese momento se presentaron al general ruso cinco religiosas católicas, que atendían un hospital, y le dijeron:

             —Nosotras nos quedaremos con los heridos.

      Así fue. Durante 22 días permanecieron en la fortaleza, convertida en escombros, hasta que el último soldado estuvo muerto o salvado. Cuando abandonaron la ciudad los soldados invasores les rindieron armas. 

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Amar hasta exponer la vida es la prueba mayor de amor, que requiere de un grado de heroísmo que solo lo proporciona el amor sagrado, aquel que está henchido por la gracia divina.

Los misioneros son los últimos verdaderos poetas existentes. Creer en Aquel que les llama a misiones lejanas dejándolo todo, exige de una respuesta inaudita solo capaz de un alma que desborda lo humanamente comprensible. Tan solo un corazón de niño puede albergar la presencia de la gracia que hace ver la realidad de la vida bajo el prisma que la hace trascender, la presencia amorosa de Dios; por quién y para quién merece darse todo.

Ellos son los que han puesto toda su vida al servicio del Reino de Dios, a merced absoluta de la voluntad divina. En esta entrega hay un misterio de gracia que desborda cualquier intento de comprensión; ante un testimonio así toda duda queda reducida a silencio.

En los misioneros no hay mentira: su palabra está sellada con el testimonio de su vida: una vida entregada por amor a Dios y a los demás, sobre todo a los más necesitados, abandonados, lejanos… El Evangelio sea predicado a los pobres. Cfr. Lc 4, 18.

“La misión de la Iglesia en la tierra es llevar a todos los hombres y a toda la sociedad humana a una vida centrada en Dios.” [1]

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[1] MERTON, Th., La senda de la contemplación, Patmos, Madrid, 1955, p.62.

 

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