No resistáis al mal; antes a quien te hiera en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra (Mt 5,39).
La caridad (…) no toma en cuenta el mal (1 Cor 13,5).
No resistáis al mal; antes a quien te hiera en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra (Mt 5,39).
La caridad (…) no toma en cuenta el mal (1 Cor 13,5).

«Sed ‑dice el Señor‑ misericordiosos, como nuestro Padre» (Lc 6,36).
“Eres misericordioso, cuanto más lo seas, más bueno serás y por mejor serás tenido” (San Juan Crisóstomo)[1].
«Aprenderán los siglos que no hay oposición invencible a la piedad» (F. Quevedo)[2]. Seguir leyendo «Sed compasivos» →
No juzguéis y no seréis juzgados (Lc 6,37).
La lengua apacible es un árbol de vida,
pero su aspereza hiere el corazón. (Prov 15,4).
Que no salga de vuestra boca ninguna palabra mala sino la que sea buena y propia para edificación, a fin de hacer bien a los que os oyen, y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios. (Ef 4,29-30). Seguir leyendo «La derrota. Carencia de amor» →

Aunque se podría reducir a los prolegómenos de este «salir juntos», pues ya en el noviazgo se da un compromiso, que aunque no sea definitivo, traba una relación —y sobre todo si se ha dado el primer beso— que como un lazo luego cuesta romper sin dejar la huella de una decepción y ruptura de haber dejado algo de sí mismo; lo cual resulta doloroso y a veces difícil de tomar esa decisión valiente.
