El noviazgo. La elección de una persona buena es garantía de felicidad

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Hoy día se sabe mucho de todo. Pero hay cosas tan elementales y a la vez tan importantes como esta de elegir a la persona con la que vas a compartir la vida, toda la vida, y de lo que no sabemos nada. A veces algunos padres dicen algo… y tarde. Y poco más. Esta cuestión que debería ser tema se examen de cualquier colegio, se obvia. Y sin embargo, ¡hay tanto en juego!: como la felicidad.

Elegir a una buena persona es algo prioritario a saber y llevar a la práctica, es decir, tomárselo verdaderamente en serio. Porque en la vida hay tres o cuatro cosas fundamentales, y una de ellas es esta.

La banalización de la sexualidad, reduciéndola a la actividad placentera, sin más, y la vulgarización de las relaciones, desproveyéndolas de seriedad, compromiso y responsabilidad, entre otras cosas, han hecho algo tan importante como el vinculo de por vida que va a comprometer la felicidad de personas como la pareja y los futuros hijos sea poco considerado ni de preocupación en nuestras sociedades. Este soslayar el asunto es algo que llama la atención.

Todo ello viene, claro está, a desembocar en el gran fracaso matrimonial de hoy día, con la ruptura de hogares y la consiguiente desestructuración familiar. Lo cual, obviamente, deriva en infelicidad y experiencias dolorosas para todas las partes. Y sin embargo, de esto y de cómo ponerlo solución, qué poquito se trata públicamente.

Les remitimos al artículo «La importancia del noviazgo» que ya tocábamos el tema, precisando algunas cuestiones a tener en cuenta en esa elección importantísima con vocación de perpetuidad dichosa de por vida.

Como razón fundamental toda persona que se embarca en noviazgo tenga antes de nada en cuenta, como principio discriminatorio y electivo, de manera genérica: que esa persona en la que te has fijado se persona de valores humanitarios, y si tu eres persona de fe, de valores cristianos. Sin esto, déjalo; por más que cueste, ahora que está aún a tiempo. Después será traumátco para toda la vida.

«No tengáis parte con ellos«, dice san Pablo. Vale este líneas suyas para inspirarnos unas líneas maestras de cómo ha de ser la persona de nuestra elección:

Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor. Por otra parte, de inmoralidad, indecencia o afán de dinero, ni hablar; es impropio de santos. Y nada de chabacanerías, estupideces o frases de doble sentido; todo eso está fuera de sitio. Lo vuestro es alabar a Dios. Meteos bien esto en la cabeza: nadie que se da a la inmoralidad, a la indecencia o al afán de dinero, que es una idolatría, tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con argumentos especiosos; estas cosas son las que atraen el castigo de Dios sobre los rebeldes. No tengáis parte con ellos; porque en otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz. (Ef4,32–5,8).

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