Fiesta de Santiago, 25 de julio

Aunque es un día que a nivel nacional no es laboralmente festivo, religiosamente sí es, y es de precepto. A lamentar que una festividad tan importante, como la del Patrono de España, no se celebre civilmente; de tal modo que practicamente pasa más desapercibida.

Esto dice la Palabra de Dios sobre este apóstol, que fue el primer mártir de ellos. Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4,33;5,12.27-33;12,2):

En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.» 

Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.» Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos. Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

El nombre Santiago, proviene de dos palabras Sant Iacob. Porque su nombre en hebreo era Jacob. Los españoles en sus batallas gritaban: “Sant Iacob, ayúdenos”. Y de tanto repetir estas dos palabras, las unieron formando una sola: Santiago.

Santiago de Zebedeo o Jacobo de Zebedeo, llamado Santiago el Mayor para distinguirlo del otro discípulo homónimo, fue uno de los doce apóstoles. Nació probablemente en Betsaida (Galilea). Murió decapitado por Herodes Agripa I en Jerusalén entre los años 41 y 44 de nuestra era. 

Santiago el Mayor era, según Ana Catalina Emerick, hijo de la prima de la Virgen María, Salomé, casada con Zebedeo; por lo tanto tenía parentesco con Jesús. El otro Santiago, el Menor, era incluso primo de Jesús, ya que era hijo de la hermana de su madre, Maria, la de Creofás, que también era madre de otro discípulo, de Judas Tadeo.

Santiago era hermano de Juan, su padre Zebedeo, fueron socios pescadores con Pedro y Andrés en Betsaida en lago de Galilea. Tenía una pequeña “industria” pesquera. Tenían obreros a su servicio, y su situación económica era bastante buena pues podían ausentarse del trabajo por algún tiempo, como lo hizo su hermano Juan cuando acudia a una temporada al Jordán a escuchar a san Juan Bautista.

La Betsaida situada al lado (3,5 Km) de Cafarnaum sería una modesta aldea, del estilo de Cafarnaúm o incluso más pequeña, y tendría unos 700  habitantes. Betsaida no tuviera sinagoga propia y los vecinos acudían a la de Cafarnaúm.

Un dato a destacar es el ambiente de expectativa que por aquel entonces existía sobre la Venida de Mesias (tal vez como ahora en algunos sectores marianos: sobre la segunda Venida). El caso es que ese run-run de fondo se ve corroborado en que tanto Andrés, hermanos de Pedro, Felipe, también de la misma población Betsaida, y Tomás, también pescador, andaban con Juan Bautista, cuando el Bautizo de Jesús, y se hicieron sus apóstoles. Luego, Santiago, Juan y Pedro, siguieron a Jesús dejando las redes y las barcas.

Santiago formó parte del grupo de los tres preferidos de Jesús, junto con su hermano Juan y con Simón Pedro. Era un tipo echado para adelante, con coraje, y quizá esto le hiciera tomar la decisión de ir al confín de la Tierra, Finisterre en Galicia, Hiispania.

Según la tradición, el Apóstol Santiago consiguió que su mensaje calara en la población, obteniendo varios discípulos en España que continuarían evangelizando en la península cuando Santiago regresó a Jerusalén. Siete fueron los que siguieron los pasos de Santiago, los Varones Apostólicos, estando todos juntos cuando en el año 40 la Virgen María se apareció a Santiago el Mayor en Caesaraugusta, en el Pilar (actual Zaragoza), Santiago Apóstol habría regresado a Jerusalén para encontrarse con María, lugar del que no regresaría.

Santiago habría encontrado la muerte a su vuelta a Jerusalén, a manos de Herodes Agripa I, rey de los judíos y nieto de Herodes el Grande. Pese a su muerte en Jerusalén, sus discípulos habrían conseguido conservar el cuerpo y trasladarlo por el Mar Mediterráneo hasta Galicia, en donde lo habrían enterrado en Iria Flavia.

En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando “oyó voces de ángeles que cantaban Ave María, Gratia Plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol”. La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que “permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”. Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, antes de que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.

La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como “una antigua y piadosa creencia”. En 1438 se escribió un “Libro de Milagros” atribuidos a la Virgen del Pilar, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que, el rey Fernando el Católico dijo: “creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Santa y Purísima Virgen y Madre de Dios, Santa María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros”.

El Papa Clemente XII señaló la fecha del 12 de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar, pero ya desde siglos antes, en todas las iglesias de España y entre los pueblos sujetos al rey católico, se celebraba la dicha de haber tenido a la Madre de Dios en su región cuando todavía vivía en carne mortal. 

Tres rasgos peculiares que caracterizan a Ntra. Sra. del Pilar y la distinguen de otras advocaciones marianas. El primero es que se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal. La segunda la constituye la Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que sobre él se construyera la primera capilla que, de hecho, sería el primer templo mariano de toda la Cristiandad. Y la tercera es la vinculación de la tradición pilarista con la tradición jacobea (Santiago de Compostela); por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido los ejes fundamentales en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de España.

La Basílica del Pilar, en Zaragoza, constituye en la actualidad uno de los santuarios marianos más importantes del mundo y recibe contínuas peregrinaciones. Ante la Virgen han orado gentes de todas las razas, desde las más humildes, hasta los reyes y gobernantes más poderosos, e incluso pontífices. El grandioso templo neoclásico se levanta sobre el lugar de la aparición, conservándose la Columna de piedra que la Virgen dejó como testimonio, un Pilar que simboliza la idea de solidez del edificio-iglesia, el conducto que une el Cielo y la Tierra, a María como puerta de la salvación.

El día 12 de octubre de 1492 fue precisamente cuando las tres carabelas de Cristóbal Colón avistaban las desconocidas tierras de América, lo que ha motivado que la Virgen del Pilar haya sido proclamada como patrona de la Hispanidad, constituyendo el mejor símbolo de unión entre los pueblos del viejo y nuevo continente. Su fiesta se celebra con gran fasto en todas las naciones de habla hispana y especialmente en la ciudad de Zaragoza, donde miles de personas venidas de todo el mundo realizan una multitudinaria ofrenda floral a la Virgen.

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La celebración de la fes­ti­vi­dad de San­tia­go, após­tol, nos lle­va a re­cor­dar la Es­pa­ña de la fe, la Es­pa­ña abier­ta al men­sa­je de Je­sús, que por la pa­la­bra y el tes­ti­mo­nio del após­tol San­tia­go, se con­vir­tió en un mo­de­lo de na­ción cris­tia­na.

 Él sem­bró la fe en Es­pa­ña y cum­plió con el en­car­go del Se­ñor de ser su tes­ti­go has­ta la muer­te por de­fen­der su fe.

Ce­le­brar esta fes­ti­vi­dad hoy de­nun­cia inevi­ta­ble­men­te la reali­dad res­pec­to a la fe de la Es­pa­ña ac­tual en la que es­ta­mos vi­vien­do.

Las fa­mi­lias han de­ja­do de ser cris­tia­nas, en ellas no hay si­tio para Dios y su men­sa­je, preo­cu­pa­das úni­ca­men­te por lo ma­te­rial. Los pa­dres ya no son trans­mi­so­res de fe para sus hi­jos, por­que ya no tie­nen pun­to de re­fe­ren­cia en sus pro­pias fa­mi­lias, de las que vie­ne cada uno de los que for­man el ma­tri­mo­nio.

He­mos lle­ga­do a esta reali­dad es­pa­ño­la en la que se quie­ren bo­rrar y ha­cer des­a­pa­re­cer los sím­bo­los cris­tia­nos, que no solo son sím­bo­los re­li­gio­sos, sino cul­tu­ra­les e his­tó­ri­cos, que han ido cons­tru­yen­do la idio­sin­cra­sia de un pue­blo que se re­co­no­ce y vive des­de ellos y su sig­ni­fi­ca­do.

A lo largo de toda su historia, España ha acudido a su santo patrono invocándolo en momentos de grandes peligros y han sentido su poderosa protección.

¡Que Santiago, interceda y vele por que se mantenga la fe en la Península Ibérica!

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