Esto se acaba

¿Se acaba la fe? Desde unos años para acá se ha producido una deflación de la fe en nuestras sociedades occidentales. Es de una obviedad incontestable. Pero si quieren alguna muestra, miren: conozco parroquias que con una población de 12.000 habitantes, apenas si llegan a 12 personas las que van a misa de diario; es decir, 1 por cada 1000. Parece increíble. Lo mismo ocurre con la afluencia de la juventud a las celebraciones dominicales; de cada 100 personas que asisten a misa, habrá un par de jóvenes (entre 15 y 35 años). Parece increíble. En la católica Irlanda, en el seminario de su capital Dublín, tan sólo hay 3 seminaristas. Los casos de pederastia por sacerdotes son vergonzosos y hablan claramente de la pérdida de fe. En Alemania existen unos 23,7 millones de católicos, lo que significa el 29% de la población; y según datos que disponemos: en 2015 dejaron la Iglesia 181.925 personas; la asistencia a Misa en 1995 era del 18,6% y en 2015 solo del 10,4%. En fin, que podríamos seguir dando información de la situación religiosa del mundo occidental actual que son altamente preocupantes, y que ponen de manifiesto que esto se acaba.

Coincidiendo con unos 100 años atrás, la actividad del Mal se ha incrementado: primera guerra mundial, revoluciones comunistas, segunda guerra mundial, otras multitudes de guerras, con millones de muertos; eso ya sin mencionar el aborto, la corrupción, la delincuencia, la deconstrucción del ser humano, la persecución del cristianismo, etc.  Lo cual parece apuntar a aquello de san Juan (1 Jn 5,19): » todo el mundo están en el poder del Maligno»,  y caminar hacia: «Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe sobre la tierra?» (Lc 18,8).

El superior de los Franciscanos de María, el padre Santiago Martín, en la homilía del pasado domingo en la Parroquia Virgen Madre de Madrid avisaba: «Tenemos que volver a Jesucristo, no hay otra opción. Esto se está acabando, o se ha acabado ya». Aquí pueden ver su terminante sermón: https://youtu.be/kpSxcn08u2U?t=1199

Quien quiera ser cristiano, seguidor de Cristo, no tiene más remedio que vivir como él, en el desapego de todo lo mundano y apegado a la oración. No se puede ser fiel a Nuestro Señor, sin vivir unido a Él, sostenido por su gracia. Somos dependientes de la Vid, de su savia. La fe quedará barrida de nuestras vidas, si no vivimos de los sacramentos (Eucaristía y Confesión) y de la oración.

Esto se está acabando, excepto para un Resto. Dios quiera que nos encontremos  en él.

 

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