Estado de alarma: los Estados invasivos y Leviatán al acecho

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Es altamente preocupante, por no decir alarmante, la deriva que está tomando la situación de la pandemia, que va más allá incluso de lo que este virus infeccioso está dolorosamente representando (muertos, enfermos y personas desempleadas y en situación precaria, etc.), y es las actuaciones invasivas de los Estados, que en algunos casos están vulnerando derechos fundamentales y arrebatando libertades a los ciudadanos, que -muchos nos tememos- no van a retornar, al menos -seguro- a como estaban o eran.

El NOM se frota las manos. El Estado de Estados, el Estado único y universal, el sueño de Leviatán está listo para cumplirse. Hace años ya hubo quien dijo se llegará a un gobierno mundial por las buenas o por las malas; bien, pues, quien lo dijo exactamente fue el banquero Paul Warburg: «Tendremos un Gobierno Mundial, guste o no guste. La única pre­gunta es saber si será creado a través de conquista o por consenti­miento», y hete aquí que estamos al borde de ello, de que se cumpla aquel vaticinio, se va a cumplir por las malas, y efectivamente, pues, nos encontramos al borde, pero al borde del precipicio.

Está habiendo Estados, como el español, en que el Gobierno ha aprobado una norma que le permite la geolocalización por el móvil de todos los ciudadanos. Con el pretexto de la El contra la expansión del coronavirus ha dado ese paso, aunque bordeando la frontera de los derechos fundamentales. Pero esto no es todo, han incautado mercancías, ha cerrado con controles estrictos las carreteras, alienta la delación, examina las opiniones y críticas de los mensajes y correos por internet y las redes sociales, atemoriza a la población a base de contar por las fuerzas militares y con grabaciones ex proceso de detenciones y multas considerables a los que se movilicen sin razón aparente, etc., creando una sensación de temerosa en la gente. La población ante un Estado así se encuentra achantada y sumisa. El despotismo no sólo de nuestros movimientos y libertades, sino también de las emociones y pensamientos.

Y a esto avanzarán en su absolutización a base de monitorizar a todos de los individuos, con mayores controles tecnológicos, los móviles, cámaras por todas las partes, tarjetas, microchip, etc., de forma que todas las personas por mor de la salud y la seguridad, la vigilancia será asumida con normalidad confiados en un Gran Hermano.

El afán expansionista y acaparador del Estado es algo que no tiene límites; es como la entropía o expansión de los gases («con olor a azufre») que tienden a expandirse ilimitada y disparatadamente si no encuentran límites que lo contengan.

De modo que no tardando -a renglón seguido- se producirán un rebrote del virus actual o surgirá otro nuevo. Y le seguirán convulsiones social y crisis internacional enorme, y una guerra económica que denegará en una gran tensión bélica entre países. El mundo dará síntomas de colapso en todos sus órdenes.

Pronto, en una acelerón histórico (tal vez en el último cuarto del año en curso) el mundo se dirige vertiginosamente hacia el despotismo más total jamás visto. Emergencias planetarias como estas que nos está aconteciendo son ideales para aquellos -o aquel- que aspiran a un gobierno mundial, Leviatán.

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