Esta es la juventud que forjará el mañana

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En estos días, siete últimos, hemos padecido en varias ciudades principales de España una serie de manifestaciones; los resultados han sido: varios heridos, algunos graves, mayoritariamente policías; vehículos, motos, incendiados, y mobiliario urbano destruido; numerosos establecimientos con los escaparates destruidos, otros asaltados y saqueados; etc. Todo esto por un niñato con pájaros en la cabeza, que falta y ofende con sus malísimas canciones, y que ha cometido varios actos violentos, y que posee varias condenas, y que por fin ha ido a la cárcel, para que se reforme (aunque lo dudamos). En fin que por hacerse justicia, esta juventud progre, inane, que no hace nada, ni estudia ni trabaja, que va de ocupa y holgazanea, que se dedica al sexo, a ponerse y a ver series, provoca estas “diversiones” peligrosas (como quien corre las vaquillas o los encierros de toros), pero todo bajo un desquiciamiento cada vez más generalizado, y que tiene mucho de manipulación. A todo esto se le llama activismos y terrorismo callejero. A lo que la sociedad, cada vez más amorfa, mira y contempla como las vacas pastando en medio del prado ven pasar el tren, como si nada.     

Un pariente ha puesto un anuncio para un puesto de contable, después de una semana gente joven  (menores de 30 años) no han enviado sus currículo ni ha aparecido candidato alguno. Esto sucede en un país con una tasa de paro entre ese población de más del 40%. ¿Por qué? Otro caso patente: en cualquier obra de albañilería pública o privada, no existen trabajadores jóvenes españoles, todos son extranjeros. ¿Por qué?

En estos tiempos de pandemia, donde las fiestas grupales están prohibidas para evitar contagios, en Madrid -sirva como ejemplo- se ha detectado 370 fiestas ilegales este domingo. Gente joven apiñada en viviendas o locales y sin mascarilla. Seguro que es ese ambiente todos ellos acabarían contagiados. Esos jóvenes no tienen nada que temer, pues padecerán la enfermedad en una uci ni correrán el riesgo a morir. Pensando en ellos mismos, egoístamente, es así; pero son portadores de contagio y muerte para otros adultos -familiares, conocidos, compañeros de trabajo o cualquier que se cruce en cualquier lugar. Pero nada, esto parece no importarles.

Si a todo esto le sumas el desengaño generalizado de que no hay futuro profesional por el que esforzarse, que los estudios universitarios no sirven gran cosa, que no hay salidas ni oportunidades, tan solo para los muy dotados; que lo único a lo que aspirar es a ser funcionario… Porque tampoco hay lugar para emprenderos y autónomos, cualquier cosa que se pretenda en su mayoría está condenada al fracaso, entre la competencia de las máquinas que hacen cualquier cosa mejor, más rápida y en producciones industriales, más la mano de obra baratísima en otras regiones del mundo, etc., a lo que añadir la apabullante presión fiscal, es imposible la salida de la iniciativa privada.

Ya decían en el foro de Davos, siguiendo a la Agenda 2030: se viviriá sin tener nada, feicices. Lo primero será cierto, lo segundo, lo dudados seriamene; y aún lo primero ya veremos.. 

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