Algo serio está pasando cuando pensadores franceses —de siempre en la vanguardia de los tiempos— se manifiestan en términos tajantemente decepcionantes sobre la marcha del mundo actual. Tres filósofos franceses vienen ofreciendo opiniones como estas:
El sombrío futuro de Occidente según Michel Houellebecq: «La consecuencia inevitable de lo que llamamos progreso es la autodestrucción». «He aquí lo que veo y lo que me perturba. Miro a todas partes y en todas no veo sino oscuridad.» Son expresiones apocalíptica del escritor francés M. Houellebecq en su último artículo, publicado en el diario digital ‘UnHerd’. “No, en realidad no se trata de un `suicidio francés´ —para evocar el título del libro de Eric Zemmour— sino de un suicidio occidental o más bien un suicidio de la modernidad, ya que los países asiáticos no se salvan.» «La consecuencia inevitable de lo que llamamos progreso es la autodestrucción».
Otro filósofo francés Pascal Bruckner ha pronunciado esta significativa afirmación: «Ya no nos preocupa tanto las salvación del alma como la felicidad del cuerpo«. Pensando sobre esta relevante verdad se puede llegar muy lejos. Cada cual puede pensar cosas muy diferentes e importantes en lo que ello supone; pero sin duda alguna son cosmovisión vitales radicales, dispares, y que modifican muchas cosas en el ser humano, entre ellas sus manera de estar en la realidad, de comportarse (de su ethos clásico) moral, de afrontar las cosas y de ser persona, entre otras muchas y sustantivas, que lo cambian todo, entre ello el sujeto social.
«El olvidarnos de la muerte no está relacionado solo con la exaltación de la juventud si no también con la descristianización de nuestras sociedades. La muerte ha dejado de ser un tránsito para convertirse en el último término, por eso ahora lo esencial no es la vida después de la muerte sino la vida antes de ella. Nuestras prioridades han cambiado, no nos preocupa tanto la salvación del alma como la felicidad del cuerpo y el equilibrio espiritual.»
El tercer el filósofo francés, judío converso a catolicismo, Fabrice Hadjadj afirma de manera apocalíptica que la Humanidad se halla un momento particularmente difícil de su historia: «Estamos llegando a la consumación de los siglos. Nuestro sistema es muy frágil.» «Nuestra época es la primera que avizora no el fin de una civilización, sino de la humanidad misma.» «Somos las primeras generaciones a las que nos han asegurado, no sólo que `las civilizaciones son mortales´, como decía Valéry, sino que la especie humana está condenada a la extinción, a medio o largo plazo.»
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