El porvenir de no se sabe qué  

Otro de los filósofo francés que se dejan escuchar en este universal desierto del panorama del pensamiento es Pascal Bruckner, que ha pronunciado esta significativa afirmación: «Ya no nos preocupa tanto las salvación del alma como la felicidad del cuerpo«.

Pensando sobre esta relevante verdad se puede llegar muy lejos. Cada cual puede pensar cosas muy diferentes e importantes en lo que ello supone; pero sin duda alguna son cosmovisión vitales radicales, dispares, y que modifican muchas cosas en el ser humano, entre ellas sus manera de estar en la realidad, de comportarse (de su ethos clásico) moral, de afrontar las cosas y de ser persona, entre otras muchas y sustantivas, que lo cambian todo, y de forma significativa el sujeto social.

El ser humano actual ya no se preocupa por la salvación del alma sino por la felicidad del cuerpo, dice el filósofo francés Pascal Bruckner. Lo cual implica una total manera de estar en la vida, de comportamiento, de valores (o disvalores) y en definitiva de ser personal.

Lo que vaya a dar esta revolución mental, interior y de todos los órdenes propiamente humanos con arreglo a la configuración social y a la fisionomía del mundo, es algo que está por verse -y un verse que, sin duda, aparece con expectante inquietud-.

Ha habido pensadores que se han aproximado a ese pensamiento dominante del futuro del hombre, y que nos han puesto cerca del precipicio para que nos asomemos a él y podamos observar qué es lo que nos espera unos metros más allá. El que acaba loco, muriendo abrazado a un caballo en las calles de Milán, Nietzsche, fue uno de esos filósofos, que con una osadía desafiante planteo cuestiones del hombre futurista, ante el cual parece encontrarnos, y que causan un cierto estupor. Aunque a este hombre de hoy -y esta es una más de las paradojas que causan alarma- justamente no parece nada extrañarle.

En palabras de la propia Yeonmi, dirigidas a los universitarios norteamericanos: «Ustedes han perdido el sentido común en un grado que yo, como norcoreana, ni siquiera puedo comprender… ¿A dónde vamos desde aquí? No hay Estado de derecho, no hay moralidad, ya nada es bueno o malo, es un caos total».

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