Si hay algo que define hoy día a los Estado es su insaciable y voraz ganas de expansionar más y más, acaparando cuanto más poder posible, si fuera posible todo, todo. Y a su vez, no con menos e indisimulado deseo -a veces, casi indistintamente el color de la ideología política de obstente el poder- de avasallar y limitar cada vez más la cuota participación de los colegios que no están regidos por el Estado mismo, especialmente o incluso únicamente, los de ideario cristiano.
Hace unos días hablando con una sobrina, que ha terminado brillantemente los estudios de profesa, me decía que se iba preparar para una oposiciones para la enseñanza pública, aunque no descartaba la privada-concertada, pero que prefería aquella por las ventajas de estabilidad y seguridad que supone estar en la plantilla del Estado, también hablaba de la «flexibilidad»… Yo le añadí alguna otra ventaja como el que su pone la carrera, promociones, concurso, trienios, seisenios, que se van acumulando e incrementando la nómina y que con los años puedes llegar a tener un muy buen sueldo e igualmente una gran pensión, la máxima; cosa que difícilmente ocurre fuera de pertenecer a la plantilla del Estado. También recuerdo que le mencioné sin darlo mayor énfasis, como no creyéndomelo del todo, el que el Estado iba a por la escuela concertada y que a medio plazo acabaría desapareciendo.
De esa conversación no había pasado una semana, cuando he te aquí que nos encontramos con esta noticia de que el Estado tiene en el punto de mira a las familias que llevan a estudiar a sus hijos a colegios católicos: La ministra de Hacienda insta a la Agencia Tributaria a revisar la “licitud” y “veracidad” de las donaciones efectuadas por las familias a Fundaciones y Organizaciones Religiosas de un modo “masivo”.
Escuelas Católicas por su parte, solicita «prudencia» ante las noticias aparecidas según las cuales las aportaciones voluntarias realizadas por los padres a los centros concertados no pueden considerarse donaciones y, por tanto, no serían susceptibles de desgravación.
Aclaremos:
Las enseñanzas obligatorias en España en los centros sostenidos con fondos públicos (bien de titularidad pública o de iniciativa social) son gratuitas, sin que por ello pueda cobrarse cantidad alguna. Son donaciones que se llevan a cabo desde la libertad, voluntariedad y sin ningún tipo de contraprestación, con lo que se desmonta la pretensión de imputar un pago por la educación.
En España existe una ley de Fundaciones y otra de Mecenazgo en las que se establecen las condiciones y requisitos de cualquier entidad para poder ser receptora de donativos fiscalmente desgravables. Ley a la que se acogen muy diversas entidades que reciben donativos, sin contraprestación directa al donante y que se enmarcan en los ámbitos de la cultura, educación, servicios sociales, tercer sector, sanitarias, investigación, cooperación internacional.
De modo que no tiene gran recorrido el asunto. Sin embargo, hay algo espúreo en este actuación por parte del Gobierno del Estado.
Da la mosqueante coincidencia que ahora se abren los periodos de reservar plaza para los hijos de cara al curso que viene. ¿Es posible que sea un intento de amedrentar a los padres para que se desanimen de llevar a sus hijos a esos centros?
El vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Giménez Barriocanal asegura que la educación concertada «ahorra más de 2.500 millones de euros al Estado y al conjunto de los contribuyentes”. Añade que “la Iglesia está aportando mucho valor económico también a la sociedad”.
Meses atrás, en la primavera pasada, en comunidades gobernadas por políticos de izquierda ha hubo movimientos en el sentido de restringir las ayudas a la escuela concertada, y más recientemente, al comienzo del curso con la subida al gobierno del país de las izquierdas, también se atacó a la enseñanza religiosa, devaluando la relevancia, el valor académico y reduciendo las clases de religión.
En fin, en ésta estamos. Con los políticos haciendo ideología de la enseñanza, metiéndose con las familias, atacando los valores cristianos, etc. Y todo ello, aunque cueste dinero al Estado; aunque esto, con dar unas cuantas vueltas de rosca a lo impuestos, ¡será por dinero!