El desmedido afán del Estado por metemeterse en todo, incluso en lo religioso

Monseñor Argüello y la ministra Redondo

Estado totalitario es aquel que lo quiere copar todo, totalizar el espacio controlar todo, mandar en todo, ordenador todo, coartar lo contrario, cualquier cosa distinta, opinión o idea, cualquier muestra de independencia y libertad.

Y aquí obviamente topa con la libertad religiosa, que tiene su propia autonomía en cuestiones de conciencia, de moralidad, espiritualidad, de creencias, de sentido de la vida y de la muerte, y de su religación con la Trascendencia o Dios.

De modo que en este aspecto humano de lo religioso, el Estado –o Leviatán–, por mucho que se le dispare el automatismo voraz de totalizarlo parasitando cualquier manifestación que se le ajena, no puede inmiscuirse en ese ámbito sagrado de la persona en el libre ejercicio de su vivencia religiosa.

Esto viene a colación de dos cuestiones que en estos días se han suscitado en España: 1. el acceso a recibir la comunión eucarística a personas homosexuales que viven emparejados; 2. Las terapias de conversión de homosexual a heterosexual.

Como no pierden ocasión para meterse con la Iglesia, aprovechan la más mínima, para ¡zas!, atizarla. Cuando no son por los inmuebles, son por los abusos, o el concordato, o los monjes y la cruz del Escorial, etc. Ahora la ofensiva del Gobierno social-comunista contra la Iglesia se ha agudizado estas últimas semanas a raíz de la polémica generada con las llamadas «terapias de conversión» y la negación de la comunión al alcalde del PSOE de Torrecaballeros al ser público que vive en pecado al convivir con su pareja del mismo sexo.

Monseñor Luis Argüello, como presidente de la Conferencia Episcopal,  se reunió con la  con la ministra de Igualdad Ana Redondo. Esta había dicho que “el era anticonstitucional negar la comunión a los homosexuales”, y también se había pronunciado en contra algunas diócesis de la Iglesia en las que se habían emitido algunas opiniones en pro de las llamadas «terapias de conversión».

Mons. Argüello ha explicado que en la Iglesia católica no existe discriminación en este sentido ya que la norma básica para recibir la comunión, que es estar en gracia de Dios, afecta igualmente a todos los católicos, con independencia de cualquier otra condición, incluida la orientación sexual.

En cuanto a las “terapias de conversión” el Presidente de los Obispos dijo que la Iglesia católica no apoya y que no se encuentra dentro del ámbito de su acción pastoral; y que no se pueden tratar como “terapias de conversión” todas aquellas que no sean “terapias afirmativas”.

 

Por lo demás, concluimos que esto obedece a: 1) cuestiones de hacerse notar ante que se hacen cosas y que no se está en una parálisis de gobernanza; lo ociosidad es muy mala. 2) que hay que distraer al personal ante tanta denuncia comprometedora en los juzgados por asuntos graves de corrupción. 3) hay que remover pasado nacionalcatolicismo del tiempos pretéritos franquistas y el fantasma de la extrema derecha, para excitar las pasiones políticas de los propios. 4) Intimidar a la Iglesia, una vez más, por gusto y por someterla en cuanto al silenciamiento de sus medios de comunicación. 5) Lo que es peor, ejercitar su “natural” animadversión o inquina cristianofóbica, es decir, perseguir la verdad de Cristo, su causa, su verdad, la expansión de su reino, etc., y atacar concretamente la Eucaristía, la fuente de vida de los cristianos; el sacrificio del altar profetizado a ser perseguido cuando se aproxime el fin de los tiempos. 6) Y en fin, que, como dijimos al principio, el Estado que pretende ocuparlo todo, totalizar la realidad social, también quiere ocupar el lugar de Dios.

 

Si desean mayor información les invitamos a leer los siguientes artículos: 

 

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Mons. Munilla ante la postura de la social-comunista ministra española de igualdad sobre estas cuestiones doctrinales religiosas:

No hay razones para quien no quiere entender! Cinco breves reflexiones: 1.- No creen en la libertad de la que hacían bandera antes de alcanzar el poder. Ahora se creen con la potestad de imponer por ley una “antropología de estado”, vulnerando el principio de libertad religiosa (pero, eso sí, nunca los hemos oído decir nada con respecto al islam). 2.- Es obvio que sus acusaciones no tienen ningún recorrido legal (a pesar de sus continuos intentos de manipular el poder judicial). Su objetivo es doble: por una parte, meter miedo e intentar silenciar a la Iglesia, y, en segundo lugar, distraer la atención de la opinión pública de los escándalos de corrupción por los que están siendo investigados. 3. Es absolutamente falso que la Iglesia haga terapias de ningún tipo… La Iglesia acompaña espiritualmente a quienes experimentan heridas afectivas, al tiempo que nos llama a todos a la conversión. 4.- Y lo increíble es que esa acusación la realizadores quienes han aprobado una ley por la que se permite hormonalar y realizar operaciones quirúrgicas para cambiar de sexo, incluso a menores de edad sin el consentimiento de sus padres. Es decir, pretender colar un mosquito (que ni siquiera existe) y se tragan un camello… 5.- La pretensión de la ministra de que sea el Tribunal Constitucional el que dirima las condiciones para recibir la Sagrada Comunión, está a medio camino entre el sainete y la tragicomedia… (https://x.com/ObispoMunilla/status/1882381876595147084)

 

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 P.D.:

Comentario al margen, libre, sobre una foto que lo dice todo: es curioso lo que se puede apreciar en la imagen, pareciera que los papeles están cambiados en cuanto al lenguaje no verbal: el obispo sentado recogido y la ministrita a horcajadas. Resulta chocante. Quizá habla por sí mismo: La una juega un papel masculino y el otro un papel femenino; también puede escenificar perfectamente que la Iglesia tiene nombre mujer y el Estado de varón o macho. Es decir, que en esta relación se ve bien a las claras lo obvio: quien lleva lo pantalones y la voz contente y quien se muestra sumiso, obediente, genuflexo. Mal vamos.

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