El derecho y el deber a hablar

Trasladémonos al monte Carmelo y veamos (Reyes 18,20-39) al profeta Elías enfrentándose en a la corte de asesores (profetas de Baal) del rey Ajab, tratando que todo Israel ofreciera adoración a los ídolos baales en lugar de a Yahvé…. . Imaginemos a Pedro, Pablo y a los primeros cristianos en las catacumbas romanas predicando al Dios verdadero y único Jesucristo, al que se debe adorar y no a la corte de dioses romanos…; predicarían de no incensar ni sacrificar nada a los ídolos paganos romanos. Y nos preguntamos si los fieles que les escuchaban les recriminarían por «meterse en política» yendo contra la voluntad de los cesares de adorar a los dioses del imperio, ¿se les acusaría de estar haciendo sermones políticos, como se hace hoy día?

Algo parecido cabe decir de temas referente a la moral, personal y social, con el decálogo de los mandamientos. Seguro que los apóstoles y presbíteros y diáconos de entonces y a lo largo de todas épocas históricas, nunca se ha dejado de hablar de respetar y cumplir estos mandatos de conciencia para todos los que sigan a Jesús, que «he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.» (Mt 5.17-18), dijeron –siempre se ha dicho- de cumplir la voluntad de Dios.  

De modo que hoy día, la Iglesia –sus pastores- no tienen que callarse, por un mal entendió de “no meterse en política”, a decir que los cristianos tienen que cumplir la voluntad de Dios respetando mudamientos como el quinto de  no matar (abortar, eutasianar, etc.), y lo tienen que cumplir en lo tocante apoyar con su voto opciones de dirigentes que propongan leyes que atenten contra la vida, contra lo dispuesto en la ley divina. Guste o no, aunque haya políticos que sientan contrariados y repliquen desairados e incluso insinuando represarías, los prelados y sacerdotes de la Iglesia católica no han de callar sino todo lo contrario deben hablar, aunque en su fuero interno piensen que se van a meter en un lio, y que se estaría mejor con la boca calladita. Y esta reflexión vale no solo para momentos puntuales sino para siempre y en cualquier circunstancia en que se contradiga lo dispuesto por Dios, plasmada en su Palabra y en la doctrina de su Iglesia.

Esto viene ahora a colación de dos cuestiones: 1. La mudez generaliza de la Iglesia, empezando por la jerarquía, respecto a cuestiones sociales y que afecta al ser humano en su integridad, dignidad y espiritualidad; es decir, que ante lo propiamente humano de lo que la Iglesia no debe desentenderse, ha de pronunciase; dejar oír su voz y orientar siendo fiel a la Verdad. 2. En lo referente al ruido político-meditico por las palabras en la homilía de un obispo español

El 19 de junio del 2022 se celebraron elecciones al parlamento en Andalucía, España, que por consecuencia también definirán el ejecutivo de la Junta de Andalucía. Ante esta contienda, los obispos andaluces emitieron una Nota en la que ofrecen criterios que ayuden a discernir el voto de los fieles, particularmente la coherencia con la fe cristiana y la enseñanza de la Iglesia.

Se emitió la nota escrita, pero no pasó nada. Es decir, que si se hace de tapadillo y con la boca pequeña, de manera que no se tenga casi nadie, vale, no pasa nada. Ahora bien, si esto escrito se dice –como hizo mons. Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva–  a través de un medio de masas, televisado, ¡la hemos liado! Salen los censores con toda su trompetería arremetiendo contra el cura que se haya atrevido a decir lo que piensa y cree; es decir, se le trata de amordazar para que no diga su opinión. Así de simple. Todo el mundo en democracia –a la que la Iglesia ha colaborado a establecerse como sistema- puede expresarse (políticos, sindicalistas, empresarios, elites, intelectuales, periodistas, etc., en definitiva, toda persona sea de la condición que sea, excepto los miembros de la Iglesia. Estos no tienen derecho a hablar.

Recordó el prelado que si bien los católicos votan a diferentes partidos, “todos debemos tener en cuenta las afinidades o incompatibilidades de nuestros principios morales con los proyectos, programas y actuaciones de cada uno de ellos”.

Sí, la Iglesia tiene unos principios claros, no inventados por ella sino dados por Dios en el depósito de la fe, y como la nota de los obispos del 1 de junio afirmaba:

 “En esa coherencia con la fe cristiana, es necesario respetar el derecho a la vida humana, inviolable desde su concepción hasta su muerte natural; el reconocimiento, la promoción y la ayuda a la familia, como unión estable entre un hombre y una mujer, abierta a la vida; la protección del derecho de los padres a educar a sus hijos según las propias convicciones morales y religiosas; el respeto a la dignidad de toda persona, a la libertad religiosa, a los valores espirituales y a la objeción de conciencia; la defensa y ayuda a los más débiles de la sociedad, como ancianos, jóvenes, parados e inmigrantes”.

En fin, y entre otras cosas, los obispos recordaron los siguientes asuntos a tener en cuenta a la hora de votar:

  • El derecho a la vida humana, inviolable desde su concepción hasta su muerte natural;
  • El reconocimiento, la promoción y la ayuda a la familia, como unión estable entre un hombre y una mujer, abierta a la vida;
  • La protección del derecho de los padres a educar a sus hijos según las propias convicciones morales y religiosas, como recoge la Constitución;
  • El respeto a la dignidad de toda persona, a la libertad religiosa, a los valores espirituales y a la objeción de conciencia;
  • La defensa y ayuda a los más débiles de la sociedad, como ancianos, jóvenes, parados e inmigrantes.

Lo cual es absolutamente respetable y digno de recordarse, de que sea tenido en cuenta por todos los creyentes (y hasta no creyentes). Por lo demás, si a alguien no le gusta… (sobre gustos no hay disputas), ¡qué lo vamos a hacer!, el problema será suyo; pero que no pretenda arreglarlo pretendiendo hacer callar a los demás que nos gustan.

Y por lo demás, si a un cristiano que habla en público mencionando a Cristo y defiendo auténticos valores cristianos…, lo normal es que sea “apedreado”.

………

 

No podemos dejar pasar la opinión crítica expresada por Cristianos Socialistas, que afirman en un comunicado que se encuentran “atónitos” ante esta “nueva intención de dirigir el voto de los católicos”.

Echamos de menos alguna referencia a la falta de ética en la política, a la corrupción rampante, a la degradación de los servicios públicos que, por cierto, son los garantes de que todos los ciudadanos tengan a su alcance educación o sanidad. No hubiera estado de más que se hubieran acordado de todas aquellas mujeres que han sido asesinadas por un machismo irracional o de los inmigrantes explotados con unas condiciones de semiesclavitud en las campañas de temporeros en Andalucía”

 “Que oportunidad perdida para reivindicar una educación de calidad y con las mismas oportunidades para todos los chicos y chicas, que se aumente la inversión en la enseñanza obligatoria, que crezca la oferta pública de formación profesional, que las universidades están abiertas también a quienes tienen menos recursos económicos. Que lástima no haber denunciado la desintegración de la sanidad pública, que, por supuesto, afecta más a quien no puede pagarse una atención privada”.

 

Observación a lo dicho por estos cristianos:

Al menos no prohíben hablar.

No discriminan entre lo muy importante y lo menos; no se pueden valorar cosas distintas como iguales, cosas absolutas y relativas.

La relación de otras cuestiones, amén de no ser tan fundamentales, no son propuestas a legislar solo por unos y no por los otros;  también son objetivos a alcanzar por las demás partes, buscan todos el bien común, con matizaciones; lo del aborto, la eutanasia, cambios de sexo, etc., son absolutos, sin matizaciones, sin grises, sin vuelta atrás.

(Menos mal que son tan solo cuatro cristianos, y despistados)

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