El ayuno

Pixabay

El Evangelio (Mt 9, 14-15) de la liturgia de hoy, 20 de febrero, hace referencia al ayuno. A veces tan discutido por la gente de mundo que no lo encuentran sentido; así como los fariseos que —en sentido contrario— lo veían como un precepto absoluto. Jesús en este pasaje respalda el ayuno, a la vez que enfrenta el hermetismo rigorista de los fariseos, maniatados por las normas y sometidos a la hipocresía de las apariencias.

La presencia de Jesucristo, que es la encarnación del Reino, conlleva un estado de alegría festiva, es como la figura del esposo o novio, ante el que no cabe la penitencia ni la tristeza. Así será el estado de estar en el Reino de Dios, plenificados de santidad, que nos hará estar radiantes de alegría y en estado de perpetua felicidad.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 14-15

En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?”

Jesús les respondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán”.

Jesús no despreció el ayuno en sí. Recordemos los cuarentas días que paso él en desierto (Cf. Mt 4,2). También recordemos aquel momento (Mc  9, 14-29) en que los discípulos de Jesús no pudieron  expulsar a  un espíritu inmundo: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?», y Jesús les dijo: «Esta clase de demonios con nada puede ser arrojada sino con la oración y el ayuno«.

 En sentido contrario, está la gente de mundo, que se opone al ayuno porque no lo ve sentido y porque el ayuno supone una crítica al talante mundano de inmoderación y gula desmedida, de dar gusto y placer a la materia que somos.

El ayuno mientras estemos en medio de estas coordenadas de nuestra existencia, sometidos a la hechura terrenal, tenemos que vivir en alguna manera en la perspectiva de la moderación y de la práctica del ayuno. Aún no estamos en la plenitud del Reino de los cielos, del banquete eterno; sino sometidos a las pulsiones de la materia atractiva, para las que necesitamos la gracia de la virtud de la templanza que proporciona el necesario desapego.

Además, el ayunar hay que estimarlo por su valor purgativo y penitencial; por su vinculación con la oración, a la que potencia; por su elevación espiritual, liberación y dominio sobre el cuerpo que trata de imponer su gusto o capricho —apetitos sensuales— sobre la voluntad de la persona; por su identificación con los que ayunan obligatoriamente (los que pasan hambre), hacia los que trasciende poniéndose su lugar; por su vinculación con la limosna, en la medida que el ahorro del ayuno ha de comportar una ayuda al prójimo necesitado.

……

 

Lectura del libro de Isaías (58, 1-9):

Esto dice el Señor:
“Clama a voz en cuello y que nadie te detenga.
Alza la voz como trompeta.
Denuncia a mi pueblo sus delitos,
a la casa de Jacob sus pecados.

Me buscan día a día y quieren conocer mi voluntad,
`como si fuera un pueblo que practicara la justicia
y respetara los juicios de Dios.
Me piden sentencias justas
y anhelan tener cerca a Dios.
Me dicen todos los días:
‘¿Para qué ayunamos, si tú no nos ves?
¿Para qué nos mortificamos, si no te das por enterado?’

Es que el día en que ustedes ayunan
encuentran la forma de hacer negocio
y oprimen a sus trabajadores.
Es que ayunan, sí, para luego reñir y disputar,
para dar puñetazos sin piedad.

Ése no es un ayuno que haga oír en el cielo la voz de ustedes.
¿Acaso es éste el ayuno que me agrada?
¿Es ésta la mortificación que yo acepto del hombre:
encorvar la cabeza como un junco
y acostarse sobre saco y ceniza?
¿A esto llaman ayuno y día agradable al Señor?

El ayuno que yo quiero de ti es éste, dice el Señor:
Que rompas las cadenas injustas
y levantes los yugos opresores;
que liberes a los oprimidos
y rompas todos los yugos;
que compartas tu pan con el hambriento
y abras tu casa al pobre sin techo;
que vistas al desnudo
y no des la espalda a tu propio hermano.

Entonces surgirá tu luz como la aurora
y cicatrizarán de prisa tus heridas;
te abrirá camino la justicia
y la gloria del Señor cerrará tu marcha.

Entonces clamarás al Señor y él te responderá;
lo llamarás y él te dirá: ‘Aquí estoy’ ”.

 

 …oo0oo…

 

Palabras del papa Benedicto XVI

(Ángelus, 26 de febrero de 2006)

Mientras Jesús se encontraba a la mesa en casa de Leví, el publicano, los fariseos y los seguidores de Juan Bautista le preguntaron por qué sus discípulos no ayunaban como ellos. Jesús les respondió que los invitados a la boda no pueden ayunar mientras el novio está con ellos; ya ayunarán cuando se lleven al novio (cf. Mc 2, 18-20). Al decir esto, Cristo revela su identidad de Mesías, Novio de Israel, que vino para la boda con su pueblo. Los que lo reconocen y lo acogen con fe están de fiesta. Pero deberá ser rechazado y asesinado precisamente por los suyos: en aquel momento, durante su pasión y muerte, llegará la hora del luto y del ayuno. (…) la Cuaresma (…) en su conjunto, constituye un gran memorial de la pasión del Señor, en preparación para la Pascua de Resurrección. Durante este período no se canta el Aleluya, y se nos invita a practicar formas oportunas de renuncia penitencial. El tiempo de Cuaresma no se afronta con un espíritu «viejo», como si fuese un quehacer pesado y fastidioso, sino con el espíritu nuevo de quien ha encontrado en Jesús y en su misterio pascual el sentido de la vida, y comprende que ahora todo debe referirse a él. 

 

…oo0oo…

Catena Aurea

Glosa

Jesús les contestó acerca del convite y participación con los pecadores y ellos le arguyen sobre la comida. Dice: «Entonces los discípulos de Juan se aproximaron a Jesús y le dijeron: ¿Por qué ayunamos nosotros y los fariseos?», etc.
 

San Jerónimo

Pregunta soberbia y vanidad digna de reprensión lo del ayuno. Bajo ningún concepto los discípulos de Juan podían excusarse de pecado, que de esta manera se unían a los fariseos condenados por Juan y que -como los mismos discípulos sabían- calumniaban a Aquel que les fue anunciado por la voz de su maestro.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 30,3

Lo que dicen es de esta manera: «Sea. Tú como médico lo haces así; pero ¿por qué tus discípulos reprobando el ayuno buscan semejantes mesas?» Ellos, para excusarse mejor que los fariseos, se ponen los primeros y dejan en segundo término a los fariseos, siendo así que estos últimos ayunaban por obedecer a la Ley, como lo dijo el fariseo en el templo: «Ayuno dos veces el sábado» ( Lc 18,12) y por obedecer a Juan.
 

Rábano

Porque Juan no bebe vino ni cerveza ( Lc 1), lo que aumenta el brillo de su abstinencia es el no tener poder alguno sobre la naturaleza. Mas el Señor, que tiene poder para perdonar los pecados, ¿por qué había de evitar el comer con ellos, siendo así que de esta manera puede hacerlos más justos que los que practican la abstinencia? Cristo ayuna para que no faltéis al precepto y come con los pecadores para que comprendáis su gracia y su poder.
 

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,27

Mateo nos refiere las anteriores palabras como si sólo las hubiera dicho para los discípulos de Juan. En el modo en que Marcos ( Mc 2), en cambio, da a entender que las dijo a los unos y a los otros, esto es a los inivitados de entre los discípulos de Juan y de entre los fariseos. Concepto más claramente manifestado por San Lucas cuando dice que Jesús dirigió su palabra a los unos y otros. ¿Con qué razón dice San Mateo: «Entonces se aproximaron», etc., sino porque efectivamente todos estaban presentes y todos a porfía, como lo podía hacer cada uno en particular, le hicieron esa objeción?
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 30,3

O también: San Lucas dijo que fueron los fariseos quienes dijeron esas palabras y aquí se dice que fueron los discípulos de Juan, porque los fariseos llevaron a éstos, a fin de que promovieran la cuestión, como hicieron después con los herodianos. Pero debe tenerse presente que cuando hablaba de los extraños y de los publicanos, a fin de moderar sus ánimos exaltados, contesta con más fuerza a las acusaciones a las que ellos mismo dan lugar y les responde con suavidad cuando ultrajaban a sus discípulos, como se ve por las palabras: «¿Por ventura pueden llorar los hijos del esposo mientras el esposo está con ellos?» Primero se llama médico y aquí esposo; de esta manera nos recuerda las palabras de Juan: el que tiene esposa es esposo ( Jn 3,29).
 

San Jerónimo

El esposo es Cristo y la esposa la Iglesia; de este espiritual matrimonio han nacido los Apóstoles, que no pueden estar tristes mientras ven al Esposo en el lecho nupcial y saben que está en compañía de la Esposa. Pero cuando hayan pasado las bodas y llegare el tiempo de la pasión y de la resurrección, entonces los hijos del Esposo ayunarán. Y esto es lo que significa: «Vendrán días», etc.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 30,3

Y lo que El dice es así: el tiempo presente es el tiempo del gozo y de la alegría; no debe mezclarse con él la tristeza. Porque el ayuno es triste, no en sí, sino para aquellos que aun son endebles, esto es, para aquellos que no han llegado a la fuerza de la perfección espiritual. Pero es suave para los que desean entregarse a la contemplación de la sabiduría o al trabajo de la perfección. De los primeros es de quienes habla aquíy en lo que dice, como se ve claramente, no hace concesión alguna a la gula.
 

San Jerónimo

De estas palabras quieren algunos sacar como consecuencia que se deben consagrar al ayuno los cuarenta días de la pasión, ignorando que los días de Pentecostés y del Espíritu Santo que vienen después nos indican su carácter de alegría. Fundados en este testimonio Montano, Prisca y Maximila, renuevan la Cuaresma después de Pentecostés, porque dicen que muerto el Esposo, los hijos deben ayunar. Pero la costumbre de la Iglesia consiste en prepararse mediante la humillación de la carne a la celebración de la pasión y de la resurrección, a fin de que estemos dispuestos por la abstinencia a la restauración espiritual.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 30,4

De nuevo apoya Jesús su palabra en comparaciones sencillas, cuando dice: «Nadie cose una pieza de paño burdo en un vestido viejo», etc. Como si dijera: «Aun mis discípulos no son bastante fuertes y por eso necesitan aún de condescendencia; aun no están renovados por el Espíritu y no conviene imponer todo el peso de los preceptos a espíritus así dispuestos». De esta manera enseña a los Apóstoles a recibir con cariño a sus discípulos, sea cualquiera la región a la que pertenezcan.
 

Remigio

Nos da a entender por el vestido viejo a sus discípulos, porque aun no están renovados en todo. Por el paño fuerte, esto es nuevo a la gracia, es decir, a la doctrina evangélica, de la que el ayuno forma una pequeña parte. Por eso no era prudente imponerles los más severos preceptos del ayuno, no fuera que desmayasen con su rigor y perdiesen la fe que habían recibido; por eso añade: «Quita la perfección al vestido».
 

Glosa

Como si dijera: «Por eso no debe ponerse en vestido viejo una pieza de paño fuerte, porque generalmente lo rompe más y entonces son peores las aberturas». Así, también destruye muchas veces la pesada carga de un nuevo deber el bien que existía antes.
 

Remigio

Añade Jesús a las dos comparaciones ya dichas, es decir, a la de las bodas y a la del paño fuerte y del vestido nuevo, otra nueva comparación, esto es, la de la vasija y la del vino, cuando dice: «Ni ponen vino nuevo en vasijas viejas», etc. Vasijas viejas llama a sus discípulos, porque aun no estaban completamente renovados; llama vino nuevo a la plenitud del Espíritu Santo y a los profundos misterios del cielo, que entonces no podían comprender los discípulos. Pero después de la resurrección quedaron hechos vasijas nuevas y cuando el Espíritu Santo llenó sus corazones, recibieron el vino nuevo. De aquí es que algunos dijeron: «Todos ésos están llenos de vino nuevo» ( Hch 2,13).
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 30,4

De esta manera se explica la causa de hablarles Jesús muchas veces en términos familiares, para acomodarse a su flaqueza.
 

San Jerónimo

O de otra manera: Debemos entender por vestido viejo y vasijas viejas a los fariseos. Las piezas del vestido nuevo son los preceptos evangélicos que no podían imponerse a los judíos, para que la abertura no fuera mayor y parecida a la que deseaban hacer los gálatas mezclando el Evangelio con los preceptos de la Ley y echando el vino nuevo en vasijas viejas. Pero el Apóstol les escribe en estos términos: «¡Oh Gálatas insensatos!, ¿quién os ha fascinado para que no obedezcáis a la verdad?» ( Gál 3). La palabra del Evangelio penetró antes en el corazón de los Apóstoles que en el de los escribas y fariseos, que corrompidos por las tradiciones de sus mayores, no podían guardar la palabra sincera del Evangelio, porque es distinta la pureza del alma virgen, que jamás ha conocido el pecado, a la de aquel que se ha entregado a la licencia de muchas pasiones.
 

Glosa

Por eso decimos que los Apóstoles, que estaban llenos de la nueva gracia, no debían estar sujetos a las antiguas observancias.
 

San Agustín, sermones 210, 4-5

El que ayuna como debe, se humilla en el gemido de las oraciones, o en la mortificación de su cuerpo, o se aleja de los atractivos de la carne con el placer de la sabiduría espiritual. El Señor nos habla aquí de las dos clases de ayuno. El primero es el que humilla el espíritu cuando dice: «No pueden llorar los hijos del esposo». El otro es el que se dirige al convite del alma en aquellas palabras: «Nadie pone un remiendo de paño», etc. Luego nosotros debemos llorar con razón, porque se nos ha arrebatado el Esposo. Lloraremos con tanta mayor razón, cuanto más encendidos estemos en el deseo de poseerle. Alégrense quienes pudieron gozar de su presencia antes de su pasión, preguntarle como querían y escucharle como debían. Nuestros antepasados desearon ver esos días anteriores a su venida y no los vieron; porque estaban dispuestos de manera que ellos anunciasen su venida; no tuvieron la dicha de escucharle: pero en nosotros se cumplió aquello de San Lucas (17,22): «Vendrán días en que desearéis ver uno de esos días y no podréis». ¿Quién no llorará, pues? ¿Quién no dirá: Mis lágrimas han llegado a ser mi pan durante el día y la noche: diciéndome todos los días: «Dónde está tu Dios?» ( Sal 41,4) Con razón, pues, deseaba el Apóstol ser desatado de su cuerpo y estar con Cristo ( Flp 1).
 

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2, 27

Cuando San Mateo dijo: «estad tristes» y San Marcos y San Lucas: «ayunad», nos indicaron la clase de ayuno de la que habló el Señor, que no es otro más que el que se refiere a la humillación del corazón atribulado. Con comparaciones posteriores simbolizó aquel otro ayuno que está en relación a la alegría del corazón que se eleva en las cosas espirituales. Estas comparaciones nos hacen ver cómo para aquellos hombres que se ocupan sólo de las cosas del cuerpo y que de esta manera perseveran en su antiguo error, es imposible practicar esta clase de ayuno.
 

San Hilario, in Matthaeum, 9

En sentido místico, la respuesta de que los discípulos no tienen necesidad de ayunar estando presente el esposo, enseña que con la alegría de su presencia y el sacramento del santo alimento nadie tendrá necesidad de ayunar, es decir, conservando en el alma la presencia de Cristo. Dice, además, que, después de su partida de este mundo sus discípulos ayunarán. Los que no creen en la resurrección de Cristo, no comerán el pan de la vida porque el Sacramento del pan celestial se nos da como premio de nuestra fe en la resurrección.
 

San Jerónimo

O también cuando alguno se ha separado de nosotros por sus pecados, entonces se debe ayunar y estar triste.
 

San Hilario, in Matthaeum, 9

Todos estos ejemplos nos prueban que la enfermedad que los antiguos pecados comunican al alma y al cuerpo, es incapaz de los Sacramentos de la nueva gracia.
 

Rábano

Aunque todas las comparaciones tienen el mismo objeto, son, sin embargo, diferentes; porque el vestido, que nos cubre por el exterior, representa las buenas obras que practicamos exteriormente y el vino que nos da fuerzas interiores es el fervor de la fe y de la caridad, que renueva el fondo de nuestra alma.

 

 

ACTUALIDAD CATÓLICA


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.