Dios es un buen pagador. Cuanto más se le da, más y más paga; pues, como bellamente se dice: Dios no se deja ganar en generosidad.
El pago de Dios es tan grande que no habiendo en este mundo tanto para pagar, se compromete y reserva para hacerlo en la otra vida.
Hoy día 11 de julio se lee en la misa el evangelio según san Mateo 19,27-29, que dice:
En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»
Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.»
Pedro, como primero del grupo de los doce, plantea una pregunta directa y concreta: «¿qué nos va a tocar?; nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido«.
Los apóstoles estaban convencidos que el Mesías, Cristo, que sin duda -para ellos- era Jesús, y por esta fe lo habían dejado todo (trabajo, casa, familia, etc.), pensaban, sin embargo, que el Enviado de Dios, había de ser un nuevo David, que restaurara el antiguo esplendor del pueblo de Israel. Seguían a Jesucristo pensando que sería en un futuro próximo en nuevo rey de Israel, y que ellos serían, pues, serían sus manos derechas a la hora de regir al pueblo judío. De modo que a cada uno de los doce se le asignaría el estar a la cabeza de una de las doce tribus.
Jesús habla de tronos, sí, y de sus reparto; pero en términos escatológicos; no de un reino de este mundo, humano, sino glorioso. De modo que su realización será llevada en la otra vida, no tanto en esta: «El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.».
De modo que para ver la promesa complica se requiere de apoyarse firmemente en dos virtudes teologales: la fe y la esperanza. Seguir a Cristo, comprometerse con él, requiere de esas gracias (fe y esperanza), que son dadas de los alto.
Jesús promete que ya en este mundo se recibirá mucho más de lo dado, habla del ciento por uno. «Jesús dijo: «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna.» Aunque así, fuera, que se viera «materialmente» el pago, este en realidad consiste en bienes invisibles (espirituales), de crecimiento en santidad. Lo cual se traduce en dicha y felicidad.
Hay quien hará la observación de que esa actitud de seguir a Jesús por la promesa de que será bien pagado, no es del todo pura en cuanto que hay un interés. Ya, algo hay; pero cabe decir, ¿por qué son entonces tan pocos los que le siguen, y sobre todo en un mundo donde domina tanto el interés? En fin, que no es tan simple la cosa, hace falta algo más, otros factores; y entre ellos están sin duda, el de la gracia, el don de haber sido llamado, a los que acompañan la fe y la esperanza total, en las palabras del Señor de seguirle hasta el final.
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Catena Aurea
Orígenes, homilia 9 in Matthaeum
Pedro había entendido las palabras del Señor: «Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que tienes» ( Mt 15,21), etc. Después vio que se marchaba triste el joven y comprendió la dificultad de que los ricos entraran en el Reino de los Cielos; de aquí la pregunta que hizo lleno de confianza que inspira a un hombre que ha puesto término a una empresa difícil. Porque si bien es cierto que lo que él y su hermano habían dejado valía muy poco, sabían, sin embargo, que Dios lo tenía en mucho a causa de la gran plenitud de caridad que dio origen a su desprendimiento. Y yo opino que el gran amor que profesaba al Señor y no la cantidad de las cosas que dejaba, fue la causa de la pregunta tan confiada que hizo al Señor: «Entonces, tomando Pedro la palabra, le dijo: He aquí que nosotros todo lo hemos dejado».
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 63,1
Buen Pedro, ¿cuáles son tus bienes? Una caña, una red y una barca. A esto llama Pedro todo lo nuestro, no por vanidad, sino para mover con su pregunta al pueblo pobre a que hiciera lo mismo. Porque dijo el Señor: «Si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes», etc. ¿Cómo, pues, si no tengo no puedo ser perfecto? Pedro hace la pregunta a fin de que sepáis que, aunque seáis pobres, no por eso desmerecéis. Porque el que recibió las llaves del Reino de los Cielos pregunta aquí por todo el género humano y toma la palabra por todos aquellos que ya le habían sido confiados y por todas las gentes de la tierra. Mirad, pues, con qué cuidado y cómo hace su pregunta en armonía con las palabras de Cristo. Mandó Cristo dos cosas al rico: el que diera a los pobres lo que tenía y el que le siguiera. Esto mismo dice Pedro: «Y te hemos seguido».
Orígenes, homilia 8 in Matthaeum
Puede decirse según todo lo que el Padre reveló a Pedro sobre su Hijo: te hemos seguido a ti que eres la justicia, la santidad y otras cosas semejantes. Por eso pregunta Pedro, como el atleta victorioso, cuáles son los premios del combate.
San Jerónimo
Como no era suficiente el dejarlo todo, añade lo que constituye la perfección: «Y te hemos seguido»; hemos hecho lo que mandaste, ¿qué premio nos darás, pues? Sigue: «Y Jesús les dijo: En verdad os digo que vosotros que me habéis seguido», etc.
San Jerónimo
No dijo: Que lo dejasteis todo (porque esto también lo hizo el filósofo Crates y otros muchos que despreciaron las riquezas), sino y que «me habéis seguido», que es propiamente de los apóstoles y de los creyentes.
San Hilario, in Matthaeum, 20
Los discípulos han seguido a Cristo por la regeneración, es decir, por las aguas bautismales y por la santificación de la fe. Esta regeneración que han seguido los apóstoles no la pudo otorgar la Ley.
San Jerónimo
De este otro modo puede construirse este pasaje. Vosotros, que me habéis seguido, os sentaréis en la regeneración, esto es, en el día de la resurrección de los muertos ( 1Cor 15), os sentaréis en los asientos de los jueces para juzgar a las doce tribus de Israel, porque no quisieron creer lo que creéis vosotros.
San Agustín, de civitate Dei, 20,5
Porque vuestro cuerpo será regenerado por la incorrupción, de la misma manera con que será regenerada vuestra alma por la fe.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 33
Acontecerá que en el día del juicio responderán los judíos: Señor, no te hemos conocido como Hijo de Dios en carne mortal, ¿qué hombre podría ver un tesoro escondido en la tierra o al sol cubierto de nubes? Y los discípulos contestarán: Nosotros fuimos hombres sencillos e ignorantes del pueblo; vosotros sacerdotes y escribas. Pero nuestra buena voluntad ha venido a ser en nosotros como una lámpara que ha iluminado nuestra ignorancia, mientras que vuestra malicia ha sido para vosotros la noche donde quedó abismada vuestra ciencia.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 64,2
No dijo el Señor: y a las naciones de todo el mundo, sino a las tribus de Israel; porque tanto los apóstoles como los judíos habían sido educados bajo las mismas leyes y costumbres. Por consiguiente, cuando digan los judíos que no pudieron creer en Cristo porque se los prohibía la ley, se presentarán los discípulos que recibieron la misma ley. Pero dirá alguno: ¿qué cosa considerable les ha prometido el Señor si tendrán ellos lo mismo que tienen los ninivitas y la reina del sur? El Señor les promete otras recompensas superiores a las que deben recibir los primeros, pero aquí insinúa veladamente algo más para ellos. Acerca de los judíos dijo simplemente que se levantarán y condenarán a esta generación, mientras que a ellos les dice: «Cuando se sentará el Hijo del hombre, os sentaréis también vosotros». Es, pues, bien manifiesto que participarán de la gloria y del Reino del Señor y esta gloria y este Reino es lo que el Señor significó con la palabra tronos. ¿Mas cómo se ha cumplido esta promesa? ¿Por ventura se sentará también Judas? De ninguna manera. Porque dice la Ley de Dios, promulgada por el profeta Jeremías ( Jer 18,9-10): «Yo hablaré sobre una nación y sobre un reino, para edificar y plantarlo; pero si hiciere el mal en mi presencia, yo me arrepentiré de los bienes de que he hablado para hacérselos»; que equivale a decir: Si se hacen indignos de mi promesa, no haré lo que he prometido, y Judas se hizo indigno del apostolado. Por esta razón, al dirigirse el Señor a sus discípulos, no dijo simplemente: «Vosotros os sentaréis», sino que añadió: «que me habéis seguido», para de este modo excluir a Judas y atraer a todos los que después debían seguir al Señor. De manera que las palabras del Señor fueron dirigidas no sólo a los apóstoles y excluyen a Judas, que ya era indigno.
San Hilario, in Matthaeum, 20
Cristo, al colocar a sus doce apóstoles sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel, unió su gloria con la de los doce patriarcas.
San Agustín, de civitate Dei, 20,5
De aquí debemos sacar como consecuencia que Jesús juzgará juntamente con sus discípulos. Por esto se dice a los judíos en otro lugar ( Mt 12,27; Lc 11): «Y serán jueces vuestros». No debemos creer que porque el Señor dice que se sentarán sus discípulos sobre doce tronos, no juzgarán en unión con el Señor más que sólo doce hombres a todo el género humano, porque el número doce expresa toda una multitud de jueces, tomando en cuenta que las dos fracciones que constituyen el número siete -esto es, tres y cuatro- significan con frecuencia la universalidad de las cosas; y multiplicadas esas dos fracciones forman el número doce. De otro modo Matías, que fue elegido en lugar del traidor Judas, ni el apóstol San Pablo, que trabajó más que todos los otros, no tendrían donde sentarse en el tribunal. El mismo Pablo no deja lugar a dudas de que él, en unión con los otros santos, serán jueces, cuando dice ( 1Cor 6,3): «¿Ignoráis que nosotros juzgaremos a los ángeles?»
San Agustín, sermones, 351,8
Se cuentan, pues, en el número de jueces todos los que, por el Evangelio, han dejado todas sus cosas y han seguido al Señor.
San Gregorio Magno, Moralia, 10,30
Todo el que movido por el estímulo del amor de Dios dejare aquí cuanto posee, indudablemente obtendrá luego lo más elevado de la potestad judiciaria, de suerte que el que por consideración del juicio se someta a la dura necesidad de una pobreza voluntaria, vendrá entonces a juzgar con el que juzga.
San Agustín, de civitate Dei, 20,5
Las mismas observaciones se deben hacer sobre el número doce en lo que concierne a aquellos que deben ser juzgados. Es indudable que el Señor no excluye de este número a la tribu de Leví, así como tampoco quiso comprender sólo al pueblo judío, con exclusión de los demás pueblos.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 33
O bien por las palabras: «En la regeneración», Cristo quiso expresar la primera época del cristianismo, que siguió inmediatamente después de la Ascensión, porque realmente en esa época fueron regenerados los hombres por el bautismo y El estuvo sentado en el trono de su Majestad. Ved cómo no se refieren sus palabras al último juicio sino a la vocación de todas las naciones. Porque no dijo: Cuando viniere el Hijo del hombre sentado sobre el trono de su Majestad; sino: En la regeneración cuando se sentare en el trono de su Majestad. Cosa que se verificó desde que comenzaron las gentes a creer en Cristo, según aquellas palabras ( Sal 46,9): «Reinará el Señor sobre las naciones, Dios está sentado sobre su trono santo». Desde entonces comenzaron los apóstoles a sentarse sobre sus doce tronos, es decir, sobre todos los cristianos. Porque todo cristiano que recibe la palabra de Pedro forma el trono de Pedro, y así de los demás apóstoles. Porque los apóstoles están sentados sobre tronos divididos en doce categorías, según las diferencias de las almas y la diversidad de los corazones, que sólo Dios conoce. Porque así como el pueblo judío estuvo dividido en doce tribus, así también todo el pueblo cristiano está dividido en doce tribus, de suerte que unas almas pertenecen a la tribu de Rubén, y así las demás, según sus distintas virtudes. No todas las virtudes son iguales en todos, sino que unos sobresalen en una y otros en otra. Los doce apóstoles juzgarán a las doce tribus de Israel, esto es, a todo el pueblo judío, en el mismo hecho de haber sido recibidas sus palabras por todas las naciones. Y todos los cristianos constituyen los doce tronos de los apóstoles. Pero para Cristo no hay más que un solo trono, porque todas las virtudes son como un solo trono de Cristo, pues sólo El es perfecto en todas las virtudes. Entre los apóstoles cada uno sobresale en alguna virtud en particular, como Pedro en la fe, Juan en la inocencia. Por esta razón Pedro tiene su trono en la fe y Juan en la inocencia y de este modo los otros apóstoles. Las palabras siguientes demuestran que Cristo se ocupaba también de la recompensa de los apóstoles en este mundo: «Y todo el que dejare su casa, o a sus hermanos», etc. Porque si reciben un céntuplo en este mundo, claro está que a los apóstoles también les estaba prometida, aun en este mundo, esta recompensa.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 64,2
O también esta promesa se hacía a los discípulos que estaban allí presentes, porque los apóstoles eran ya superiores a tales promesas, no buscaban nada que fuese terrenal.
Orígenes, homilia 9 in Matthaeum
O de otro modo, si alguno lo dejare todo y siguiere a Cristo, recibirá lo que se prometió a Pedro; pero si no lo dejare todo, sino solamente ciertas cosas que se mencionan especialmente, éste recibirá un céntuplo y poseerá la vida eterna.
San Jerónimo
Valiéndose de estas palabras dicen algunos que, pasados mil años después de la resurrección, recibiremos el céntuplo de lo que hemos dejado y la vida eterna; no comprendiendo que si en todo es aceptable y digna esta promesa, con respecto a las esposas es vergonzosa, porque el que dejare una esposa por el Señor, no va a recibir después cien. Consiguientemente el sentido del pasaje es este: El que dejare por Cristo los bienes de la carne, recibirá los del espíritu, que serán con respecto a los primeros, por su valor y mérito, lo que es el número cien a un número pequeño.
Orígenes, homilia 9 in Matthaeum
Además en esta vida, en lugar de los hermanos carnales, encontrará un gran número de hermanos en la fe y tendrá por padres a los obispos y a los presbíteros; y por hijos, a todos los que estuvieren en la edad de la infancia. Los ángeles serán también sus hermanos, y sus hermanas todas las vírgenes que han consagrado su virginidad al Señor, tanto las que viven sobre la tierra como las que ya están en el cielo. Comprended que en la eternidad y en la ciudad de Dios tendrá él muchos campos y casas y sobre todo, poseerá la vida eterna.
San Agustín, de civitate Dei, 20,7
El apóstol hace un comentario de las palabras: «Recibirá centuplicado», diciendo ( 2Cor 6,10): «Vivamos como si nada tuviéramos y como si lo poseyéramos todo». La palabra ciento se pone muchas veces por un número universal e indeterminado.
San Jerónimo
Las palabras: «Y todo el que dejare», etc., están íntimamente relacionadas con aquellas otras ( Mt 10,35): «He venido a separar al hombre de sus padres», etc. Porque el que por la fe de Cristo y la predicación del Evangelio despreciare todos los afectos del corazón, las riquezas y los placeres del siglo, éste recibirá centuplicado y poseerá la vida eterna.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 64,2
Cuando dice el Señor: «El que dejare a su mujer», no quiere decir que se rompa el lazo del matrimonio, sino que debemos preferir el sentimiento de la fe a todo lo que existe y aun me parece que va envuelto en esas palabras de una manera insinuante el tiempo de la persecución, en el que habrá muchos padres que arrastrarán a sus hijos a los templos de la idolatría. Quien hiciere tal cosa no debe reputarse ni como hombre.

