A veces nos asaltan las dudas a los que decimos creer de que Dios esté en la alabanza o en la acción de gracias: lo que sí es cierto que está en y con los que sufren todo tipo de desgracias. «Donde hay sufrimiento, hay suelo sagrado», decía Oscar Wilde.
El sufrimiento es el crisol donde se prueba el amor verdadero, que va más allá de lo humano para hacerse divino, como Cristo mostró subiendo a la cruz.
¡Dios se hace tan cercano en el sufrimiento..! En él se le puede encontrar fácilmente; la cruz fue el lugar elegido para expresar su mayor amor hacia nosotros.
Dios no tiene nada que ver con el sufrimiento, ni lo ha creado ni lo utiliza −como algunos creen− para corregirnos, castigarnos,… o probarnos. ¡Dios es amor!
Es una deformación pensar que el mal es un castigo de Dios, como lo es pensar que Dios se desentiende del hombre que lo padece. Todo lo contrario, se hace más próximo, se implica, se solidariza encarnándose en esas condiciones humanas lamentables. Cristo Dios sabe mucho −lo sabe todo− del dolor humano.
La gracia de Dios −su amor compasivo− está reservada especialmente para el hombre «ultrajado» por una realidad adversa. Dios que ha creado al ser humano para ser feliz y no para el dolor.
Es sufrimiento es todo lo contrario a lo querido por Dios para nosotros, sus hijos, pues nos quiere felices; por eso el dolor es algo impropio del ser humano, y en el cielo cuanto seamos la perfección acaba de lo humano, la santidad a la que hemos sido llamados por creados, el sufrimiento no existirá, existirá le felicidad plena.
Dios se implica con el hombre, con el hombre zarandeado por la vida, en sus dolorosas circunstancias, combatiéndolas a base de amor.
Dios es como un niño, débil e indefenso, en medio de las fuerzas del mundo. El mal lucha con todo tipo de violencias, poderes y armas, Dios sólo con la del amor. El grado de su vulnerabilidad, de su disponibilidad e implicación extremas, da la medida de su amor.
!Dios es maravilloso, pues su poder se identifica con la misericordia!
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Vivimos en una sociedad en que al sufrimiento, al sacrificio, a la abnegación y la renuncia, etc., se les da un rechazo notable. La adversidad y el dolor son una aparte ineludible de la vida. Y los creyentes no deberíamos olvidar nunca que este aspecto de la realidad humana es un lugar «privilegiado» para abrirnos a la gracia, porque ahí cuando el hombre se encuentra indefenso, derrotado,… Dios se ofrece. «En tus penas, aprende a refugiarte en él, pues nunca serás mejor recibido que cuando vayas cargado de penas» (Beato Francisco Palau).
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“Ante Dios y con Dios vivimos sin Dios, Dios clavado en la cruz, permite que lo echen del mundo. Dios es impotente y débil en el mundo, y precisamente sólo así está Dios con nosotros y nos ayuda. Mt 8,17 indica claramente que Cristo no nos ayuda por su omnipotencia, sino por su debilidad y por su sufrimientos.
Ésta es la diferencia decisiva con respecto a todas las demás religiones. La religiosidad humana remite al hombre, en su necesidad, al poder de Dios en el mundo: así Dios es el ‘deus ex machina’. Pero la Biblia lo remite a la debilidad y al sufrimiento de Dios; sólo el Dios sufriente puede ayudarnos” (D. Bonhöeffer).
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