¿Cuándo sucederá el fin de los tiempos?

      “¿Cuándo será el cumplimiento de estas maravillas?” “Anda, Daniel, porque estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del Fin  (Dan 12,7 y 9).

         Los discípulos preguntaron a Jesús: “Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de que todas estas cosas están para cumplirse” (Mc 13,4).

          En estas fechas de noviembre, finales del año litúrgico, las lecturas de la misa nos recuerdan la necesidad de tomar conciencia de que el final de los tiempos es una realidad que habrá de acontecer en un momento dado de la historia humana, y que en cualquier caso la historia personal también tendrá su acabamiento aquí en la tierra. ¡Estemos preparados!  Vivamos en la perspectiva del fin.

           Las Sagradas Escrituras nos indican varias señales previas a la inminencia de su segundo advenimiento de Cristo. En el Evangelio (Lc 21,29-33) de la misa de hoy, 28 de noviembre, se nos dice:

«Jesús propuso a sus discípulos esta comparación: “Fíjense en la higuera y en los demás árboles. Cuando ven que empiezan a dar fruto, saben que ya está cerca el verano. Así también, cuando vean que suceden las cosas que les he dicho, sepan que el Reino de Dios está cerca. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.    

          Jesús hoy nos dice que “cuando vean que suceden las cosas que les he dicho, sepan que el Reino de Dios está cerca. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda.” ¿Y qué cosas son esas? Son, claro, las que dijo en el evangelio anterior, el de ayer (Lc 21, 2-28), que acabó diciendo:

“Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad. Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación’’.

            La Venida Segunda es imprevisible y previsible a la vez. Es imprevisible desde lejos y en cuanto al tiempo exacto:Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre. Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento” (Mc 13,32-33); pero a medida que se aproxime se irá haciendo si no cierta, sí “inminente”. Los sabios según Dios, los justos, los santos, los que velan, serán los que se percaten de ese momento inminente. Por eso, dice el Señor: “Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!” (Mc 13,37).

          Hemos de vivir en la expectativa de esos posibles acontecimientos, para que no nos soprendan. Dios da pistas sobre ellos, para que estemos atentos y dispuestos a la venida de Cristo triunfador y excelso, con su reino al que quiere que pertenezcamos. Viviendo en estado de gracia –perteneciendo al Señor- estamos en la certeza de estar en vela, en disposición de recibirle.

…..

         Al objeto de poneros en guardia a vosotros fieles del Señor y de disponeros a que os guardéis, os mantengáis firmes y alentaros en la esperanza para que os sostengáis y nos desfallezcáis en lo que ha de venir. Para que ninguno de los suyos se pierda, se os escriben estas líneas; que contienen una aproximación a los tiempos posibles en lo que los acontecimientos del fin de los tiempos, con la gran persecución y la Parusía del Señor ha de sucederse. Por todo ello, Dios nos pide: «¡Velad!».

         «¡Velad!» Este imperativo del Señor es para todo ser humano, en todo tiempo y lugar; pues estamos todos amenazados por la finitud, que puede acaecernos a cada instante. Pero también lo es para y especialmente para los tiempos -que bien podrían ser los presentes- aquellos en que el Padre ha dispuesto y ha guardado (sellado), para la Parusía (del verbo griego parousein, significa manifestarse públicamente); lo cual hasta sellado hasta ese momento preciso: «estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del Fin  (Dan 12,9).

         Siguiendo su encomienda de que leamos en los signos de los tiempos y atendiendo prudentemente a las palabras que en estos momentos nos dirige a través de diversas revelaciones privadas, por medio especialmente de la Santisima Virgen Maria, damos formalmente unas fechas a titulo aproximativo, con la pretensión de que la voluntad misericordiosa de Dios encuentre en la Humanidad la respuesta deseada; de modo que toda se convierta y salve.

         Estos serán los signos que precederán a la parusía de Cristo:

        —La predicación del Evangelio a todas las naciones (Mt 25,14).

        —El enfriamiento de la fe: “El Hijo del hombre, cuando venga, ¿encontrará fe en la tierra?” (Lc 18,8).

       —El exceso de maldad reducirá la caridad: “Al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará” (Mt 24,12). La miseria espiritual y la falta de amor serán un presagio del fin. Todo entrará en un desorden inimaginable, tanto en el sentido espiritual como en el natural. Los hombres ya no sabrán distinguir si sus ideas son verdaderas o equivocadas, si sus comportamientos son morales o éticamente reprochables. en un modo de vida blasfemo. El resultado será un caos espiritual total. Los sucesos del mundo serán en cierta forma sólo una consecuencia de la bajeza moral y espiritual de la humanidad. Por doquier será manifiesta una regresión causada por gente dominada por Satanás.

       —La aparición del  Anticristo: (2Ts 2,1ss; 1Jn 2,18-22; 4,1-4; 2Jn 7-9). Un mundo descreído, soberbio, de obstinada malicia, será el caldo de cultivo que propiciará la irrupción y aceptación del Anticristo. “Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo” (Mt 24,15). El Adversario que se eleva sobre todo, lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios. Debe revelarse el hombre del pecado, el hijo de la perdición: el rebelde y que se yergue contra todo lo que lleva el nombre de Dios…, exhibiéndose él mismo como Dios (2Tes 2,5-8).

      —Persecución de los fieles cristianos: “Os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre (…), y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre” (Lc 21,12-17). El mundo negará niega a Dios y es hostil a todo lo que es de Dios y combate todo lo que es por Dios. Se perseguirá brutalmente a los cristianos, y ya no podrán apelar a la justicia, el tiempo final entrará en su última fase, y el juicio final podrá ser esperado cada día y cada hora.

       —La prohibición de celebraciones de misas: Entonces, contando desde el momento en que sea abolido el sacrificio perpetuo e instalada la abominación de la desolación: mil doscientos noventa días (Dan 12,11). Un mundo descreído, soberbio, de obstinada malicia, será el caldo de cultivo que propiciará la irrupción y aceptación del Anticristo.

      —Apostasía de la fe cristiana: “Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos” (Mt 24,11). Y os pedimos, hermanos, por el advenimiento de nuestro Señor Jesucristo… Que nadie os engañe de ningún modo. Porque primero debe tener lugar la apostasía y debe revelarse el hombre del pecado, el hijo de la perdición (2Tes 2,3-5). Además de la apostasía de alcance universal de los principios de la religión cristiana, se dará un renegar de la ley natural y sus principios, impronta de Dios; y del orden jurídico constituido por el imperio romano, como apuntaban muchos Padres de la Iglesia.

      —La traición y el odio: “Muchos se escandalizaran entonces y se traicionaran y odiaran mutuamente” (Mt 24,10). Eclesiásticos estarán contra eclesiásticos, familiares contra familiares, y que los pueblos llegan a enfrentarse unos contra otros. “Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre” (Lc 21,16-17; Mc 13,12-13a).

     —La conversión de Israel (Rm 11,25ss): La conversión del pueblo judío será fundamentalmente como fruto de la predicación del profeta Elías.

         Satán hará brillar en estos momentos toda la extensión de su odio contra Dios, los cristianos y los hombres de buena voluntad. En el clímax de la persecución, en el ápice mismo de la tribulación más espantosa de la historia, cuando parezca que la Iglesia ha perdido todos los medios humanos de hacer frente a las persecuciones, cuando los fieles estén casi por desfallecer, y para que esto no suceda, Cristo se apresurará a venir… Cuando termine el quebrantamiento de la fuerza del Pueblo santo (Dan 12,7), “entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación” (Lc 21,27-28).

   «¡Velad!». Vivid en gracia.

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Catena Aurea

 

San Gregorio, ut sup

Como todo lo que va dicho se refiere a los réprobos, habla ahora para consuelo de sus escogidos. Por esto añade: «Cuando comenzaren, pues, a cumplirse estas cosas, mirad y levantad vuestras cabezas, porque cerca está vuestra redención». Como diciendo: Cuando las plagas abruman al mundo, levantad vuestras cabezas, esto es, alegrad vuestros corazones, porque mientras el mundo (de quien en realidad no sois amigos) se acaba, se aproxima vuestra redención, que tanto habéis buscado. En la Sagrada Escritura se toma muchas veces la cabeza en vez de la inteligencia; porque así como los miembros son gobernados por la cabeza, los pensamientos se rigen por la inteligencia. Por tanto, levantar nuestras cabezas equivale a levantar nuestra inteligencia hacia los goces de la patria celestial.
 

San Eusebio

Cuando hayan pasado todas las cosas materiales aparecerán las inteligibles y celestiales, a saber: el reinado de aquel siglo que nunca habrá de concluir, y entonces se concederán las promesas ofrecidas a los dignos. Por esto dice: «Cuando comenzaren, pues, a cumplirse estas cosas, mirad», etc. Una vez recibidas las promesas que esperamos del Señor, seremos reanimados los que antes andábamos abatidos, y levantaremos nuestras cabezas, en otro tiempo humilladas, porque viene nuestra redención que tanto esperábamos; esto es, aquella que toda criatura desea.
 

Teofiactus

Esto es, la perfecta libertad del cuerpo y del alma, así como la primera venida del Salvador tuvo por objeto la reforma de nuestras almas, la segunda tendrá lugar para la reforma de nuestros cuerpos.
 

San Eusebio

Dice todo esto también a sus discípulos, no porque ellos hubiesen de durar en este mundo, hasta su término, sino (como subsistiendo en un solo cuerpo) no sólo para ellos sino para nosotros y para todos los demás, que habrán de creer en Jesucristo hasta la consumación de los siglos.
 

San Gregorio, ut sup

En cuanto a que el mundo deba ser destruido y despreciado, manifiesta su oportuna comparación cuando dice: «Mirad la higuera y todos los árboles: cuando ya producen de sí el fruto, entendéis que está cerca el estío», etc. Como diciendo: Así como se conoce que está próximo el verano por el fruto del árbol, así se conocerá la proximidad del Reino de Dios por la destrucción del mundo. En esto se manifiesta que la ruina es el fruto del mundo. Para esto produce; porque así como alimenta a todos con sus semillas, así los consumirá con sus mortandades. Se compara el Reino de Dios con el verano, porque entonces han pasado las nieblas de nuestras riquezas y empiezan a brillar con gran claridad los días del sol eterno.
 

San Ambrosio

San Mateo, pues, sólo habló de la higuera, pero San Lucas habla de todos los árboles. Mas la higuera tiene doble significación: o cuando se enternecen las cosas duras, o cuando complacen los pecados. Y así, cuando los frutos reverdecen en todos los árboles y la higuera aparece fecunda, esto es, cuando toda lengua confiese al Señor y le haya confesado el pueblo judío, debemos esperar la venida del Señor, porque entonces se cogerán los frutos de su resurrección, como en tiempo de verano. O cuando el hombre pecador se vista del orgullo veleidoso y pasajero de la sinagoga, como los árboles de sus hojas, debemos deducir que se aproxima el juicio. Porque Dios se apresura a premiar la fe y a concluir con el pecado.
 

San Agustín, ad Hesychium epist 80

Y cuando dice: «Cuando veáis que suceden estas cosas», ¿qué podremos entender sino aquellas de que ya hemos hecho mención? Entre ellas se encuentra lo siguiente: «Y entonces verán al Hijo del hombre que viene» ( Lc 24,33 ). Por tanto, cuando se vea esto no habrá llegado ya el Reino de Dios, sino que estará cerca. ¿Y acaso debe decirse que no todas las cosas ya mencionadas deben comprenderse en estas palabras: «Cuando veáis que esto sucede», sino algunas de ellas, a excepción de lo que se ha dicho, «y entonces verán al Hijo del hombre»? San Mateo ha declarado que no debía exceptuarse nada, diciendo: «Así, vosotros, también cuando viereis todas estas cosas» entre las que se comprende la venida del Hijo de Dios, de modo que entendamos que ahora se verifica en sus miembros como en nubes, o en la Iglesia como en una grande nube.
 

Tito

Cerca está el Reino de Dios porque cuando sucede esto todavía no ha llegado el último fin de las cosas; pero ya se prepara, porque la venida del Señor eliminando todos los principados y potestades preparará el Reino de Dios.
 

San Eusebio

Así como en esta vida el sol (cuando después del invierno vuelve la primavera) fomenta y vivifica con el calor de sus rayos las semillas ocultas en la tierra, transformándolas en su primera forma, de modo que al brotar toman su antigua forma y producen infinitas plantas de variado color, así la gloriosa venida del unigénito de Dios, iluminando al nuevo siglo con sus rayos vivificadores, hará nacer a la luz las semillas sepultadas largo tiempo en el mundo, esto es, las que dormían bajo el polvo de la tierra, produciendo cuerpos mejores que antes; y vencida la muerte, reinará después la vida del siglo nuevo.
 

San Gregorio, ut sup

Todo lo predicho recibe el sello de la mayor certidumbre cuando añade: «En verdad os digo que», etc.
 

Beda

Recomienda mucho lo que anuncia de esta manera; y (si es permitido decirlo) estas palabras, «En verdad os digo» son un juramento, porque «amén» quiere decir verdad. Por tanto es la Verdad quien dice: En verdad os digo; y aunque no se expresara así, no puede mentir de ningún modo. Llama generación a todo el género humano, o en especial la raza de los judíos.
 

San Eusebio

También llama así a la generación nueva de la Iglesia santa, manifestando que habrá de durar el pueblo de los fieles hasta el tiempo en que habrá de ver todas estas cosas y contemplará con sus propios ojos el cumplimiento de las palabras del Salvador.
 

Teofiactus

Como les había predicho perturbaciones, guerras y trastornos, tanto de los elementos como de las demás cosas, para que no se sospechase que la misma cristiandad habría de perecer añade: «El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán»; como diciendo: y si se conmueven todas las cosas, mi fe no faltará; en lo cual da a entender que la Iglesia será preferida a toda criatura, porque la criatura sufrirá alteración y la Iglesia de los fieles y las predicaciones del Evangelio subsistirán.
 

San Gregorio, ut sup

«El cielo y la tierra pasarán», etc. Como diciendo: Todo aquello que para nosotros es durable no lo es eternamente sin mudanza; y todo lo que parece pasar conmigo será fijo y permanente; porque mi palabra que pasa expresa sentencias inmutables y permanentes.
 

Beda

El cielo que pasará no es el etéreo de las estrellas, sino el aire del que toman el nombre las aves del cielo. Pero si la tierra ha de pasar, ¿cómo dice el Eclesiastés: «Mi tierra subsiste eternamente?» ( Ecle 1,4). Pero por una clara razón, el cielo y la tierra pasarán en cuanto a la forma que ahora tienen, pero en cuanto a la esencia subsistirán siempre.

 

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