Todos los años por Pascua de Resurrección se lleva a cabo el bautismo de adultos. Pese al retroceso que la religiosidad está experimentando en el Occidente, las cifras en Francia desde unos años acá de los convertidos al cristianianocatolicismo han sido constantes, suelen bautizarse por encima de los cuatro mil.
Este año no ha superado ese cifra, 3.639 catecúmenos fueron bautizados; si bien hay que tener en cuenta las circunstancias de la pandemia por la que se está pasando. Lo que es de destacar es que casi el 10% de los cuales eran ex musulmanes.
En estos tiempos de increencia generalizada, estos bautizos de adultos vienen a ser un bálsamo de esperanza, pensando en que Dios sigue llamando y se le escucha en un mundo refractario a la fe, como es especialmente Francia, otrora tan católica y que dieran tantos santos y hoy tan laicista beligerante contra la religión cristiana, a la que hostiga desde hace más de dos siglos; intolerancia -que dicho de paso- no tiene con el islamismo.
Esta procedencia musulmana de los convertidos no es de extrañar, pese a la presión socioreligiosa del islamismo para que nadie de los suyos se pase a otra confesión, pues a personas educadas religiosamente, con disposición de apertura a la Trascendencia, es más fácil que ante el atractivo evidente de Jesucristo, del Dios cercano del amor misericordioso, que sean atraídos y se conviertan. Amén del factor extraordinario de que se ha dado casos fenómenos sobrenaturales que les llevado a convertirse al cristianismo.
Esta es la noticia que recoge Gaudium Press:
Que el 10% de los bautizados en Pascua en Francia sean antiguos musulmanes, no es un hecho menor. Efectivamente, en pascua recibieron el bautismo 3.639 catecúmenos, de los que aprox. el 10% provienen del Islam.
Ya se conoce que no es fácil para estos conversos ni su camino de conversión, ni su vida después del bautismo.
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Pero es impresionante, como muchos de ellos fueron llevados al cristianismo por manifestaciones que no pueden ser sino calificadas como sobrenaturales, como cuenta Jean Francois Chemain en su obra “Los convertidos del Islam” (Les convertir de l’Islam):
Visiones, sueños
“Conocí a una mujer policía de 30 años que tuvo seis sueños sucesivos de pasajes del Evangelio, y en el sexto, cuando se despertó, ¡afirmó que Cristo estaba en su habitación! Otra, una peluquera, ve en un espejo a un hombre en un burro [como Jesús entrando en Jerusalén] y escucha una voz que le dice: ‘Este hombre va a morir’. Estos son shocks muy fuertes.”
Ese tipo de manifestaciones, que Chemain dice que ocurren en la mayor parte de las personas musulmanas que se convierten al cristianismo en Francia, crean la necesidad de conocer la religión cristiana y luego de abrazarla rápidamente. Pero esto genera el rechazo de su entorno musulmán.
“Está el caso de un niño maldecido por su madre y buscado por su hermano”, dice el autor de Los Convertidos del Islam. “También conozco a un converso que trabaja en un supermercado en Lyon. Es constantemente acosado por musulmanes que no saben que es cristiano, pero que se dan cuenta de que no es como los demás”.
Amenazas de muerte, esposas obligadas a cambiar de identidad para escapar de sus maridos. El corolario, soledad, porque el converso a menudo se encuentra aislado, sin cónyuge: esos son los sufrimientos que por lo general sufren estos nuevos cristianos.
Marc Fromager, director de Mission Ismérie, asociación que ayuda a los convertidos, dice que esa persecución también ocurre en tierras donde el Islam predomina, como Irán y Egipto, lugares en lo que los jóvenes no soportan la teocracia musulmana.
Esa persecución hace que se pueda afirmar que no hay una real evaluación de cuantos musulmanes se convierten al cristianismo, porque deben mantenerlo en secreto.
Con información de France Catholique
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