El hombre, per se, por la deficiencia contraída a causa del pecado original, tiende —concupiscencia— al egoísmo. Esto es una realidad incontestable. Este egoísmo puede enmarcarse o deberse a miedo al futuro, a la responsabilidad, a los demás, a la vergüenza, a la humillación, etc. De ello, pues, se derivan estos tipos de comportamientos por mirar por sí mismos es —digámoslo claro— capaz de cualquier cosa. Y en esta cualquier cosa entra el acabar con otra vida. Así de simple, contundente y aterrador.
Sorprende cuanto menos el que grupos ecologistas, animalistas, verdes, etc., tan sensibles para la defensa de la naturaleza y la vida en general, sean —como materialistas de izquierdas, generalmente— tan proclives al exterminio de la vida en el útero de una madre. Parece que esto de las sensibilidades es muy voluble, y según qué y a quién afecte; miren: un elefante —por ejemplo—, un toro, una cigüeña, una águila real, etc., tienen más vida (será por el tamaño?) que una mosca, una abeja, un mosquito, una hormiga, a los que esos mismo miembros de grupos verdosos no tienen reparo en pisar o aplastar, si los encuentran en casa pululando. Ante esto, con una criaturita, completamente formada, —y del tamaño de mosca—, con sus piernitas, brazos, cabeza, tronco, etc. bien diferenciados y formados, se le puede eliminar, sin conciencia por el respeto mínimo ecologista. En conclusión, en respeto a la naturaleza es según me parezca y mejor me cuadre.
El respeto a la vida, en cuanto a su condición humana, dadas las características de ser una creación llevaba a cabo por Dios, dotándola de semejanza e imagen igual a la suya, cobra una singular e inigualable dignidad, contra la que no se puede atentar de ninguna de las maneras. La persona humana es sagrada.
Es más, para los que creemos como cristianos, tenemos el añadido de que el Hijo de Dios se encarnó, comenzó a tener vida humana, desde el momento de la Anunciación o Encarnación. Y tan esa así que cuando María fue a visitar a su prima Isabel, tras conocer por el ángel que estaba embarazada de seis meses, la criatura -Juan Bautista- al estar en presencia de Jesús —recién concebido— en el vientre de la Virgen, aquel -dice las Escrituras- saltó de alegría en el vientre de Isabel.
Los partidarios del aborto suelen decir que las tesis provida están inspiradas, exclusivamente, en dogmas religiosos. Como si estos dogmas (verdades) no estuvieran asentados en una lógica o racionalidad sólida; de la que ellos se pretenden dueños… O como si esas verdades religiosas no fueran respetuosas con los derechos humanos; para ellos, humanos parecen ser los que son adultos, identificables con sus intereses; los débiles y pequeños, sin apariencia, no cuentan…