Exaltar la ambivalencia moralmente no es aceptable: El cardenal Cupich persistió en premiar a un senador abortista por su labor con la inmigración

El cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago

Un par de semanas atrás el cardenal Blase Cupich, arzobispo de la Archidiócesis de Chicago decidió honrará al senador Durbin con un premio a su trayectoria. A pesar de que su apoyo decidido al derecho al aborto y al «matrimonio entre personas del mismo sexo», así como de políticas que violan la libertad religiosa de la Iglesia católico, aun considerándose católico.

El asunto causó un considerable revuelo no sólo ya entre el obispado estadounidense, que provocó posturas contrapuestas. Y los fieles -escandalizados-, en su sano juicio de una espiritualidad sencilla pero sensata, se han opuesto a tal galardón. Tal ha sido el revuelo que el mismo premiado, acaba de rechazar el premio. Y eso que incluso el Papa no había condenado su concesión. Cabe señalar que ayer mismo el papa León XIV dio su parecer sobre este asunto: «No estoy muy familiarizado con el caso en particular. Creo que es importante analizar el trabajo general que ha realizado un senador durante, si no me equivoco, 40 años de servicio en el Senado de Estados Unidos», «Son temas muy complejos y no sé si alguien tiene toda la verdad al respecto».

Esto nos recuerda a lo que pasara con el ex presidente Joe Biden, que comulgaba siendo un pro aborto y financiador del mismo. Y ante las más altas instancias de Iglesia hacían la «vista gorda», lo toleraban, ante la incomprensión escandalosa de la feligresía.

No nos cabe la menor duda de que tras la ponderación -sea directa o no- del mal, se halla la mano del Maligno. Tanto el papa León XVI en este caso, como el papa Francisco con Biden, deja la cosa correr sin implicarse. Uno recuerda a Jesús en aquel momento en que llegó a espetar a Pedro: «Apártate de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios» (Mt 16,23). Esta tibieza de hablar en términos de «Son temas muy complejos y no sé si alguien tiene toda la verdad al respecto. No estoy muy familiarizado con el caso en particular. Creo que es importante analizar el trabajo general que ha realizado un senador durante…«, no es propiamente la actitud que Cristo quiso.

Los que han estado con el cardenal Cupich -y por cierto, que se no se desdijo y no retiró el premio-; que fue el premiado, por el impacto y la presión general, lo que le hizo renunciar- justificaban su posicionamiento echando mano de la «teoría de la túnica inconsútil» (se refiere a la creencia de que la túnica interior de Cristo, hecha de una sola pieza sin costuras).  Hay quien se fija en una parte del todo, del conjunto de la doctrina, para justificar su posición política. No se puede fragmentar sino examinarlo en su conjunto: es decir, que hay quien pone el acento en una parte, por ejemplo, estar a favor de la migración, la solidaridad, y, a su vez, apoyar el aborto. No hay que descalificar a esa persona, por una parte del todo. O sea, un trágala, para salirse con la suya. Eso es inmoral, apelar a esta teoría es contraria a la recta conciencia..Y máxime cuando esa parte (y alguna otra cosa más de la doctrina) es tan importante que se podría decir que en sí es el todo. En fin, que no hay por donde coger la aplicación justificativa de esta teoría. Ya decía un antiguo profesor de moral -que tuve- que un teólogo es capaz de buscar arteramente la suficiente justificación para que allí donde un alma cándida en su recta conciencia detecta un pecado, él teólogo es capaz subvertirlo para hacerlo pasar como si no fuera un mal.

Cuando un pastor, prelado, realiza una declaración o nombra o premia, etc. diciendo o haciendo algo que manifiestamente contradice la doctrina de la Iglesia, que es la Verdad evangélica, hay que ponerle en su sitio, o sea rectificar inmediatamente, y si llega el caso se le destituye, pues no puede estar ocupando ese lugar de responsabilidad, de pastoreo de su grey a la que desencamina, con manifestaciones contrarias a la verdad de la enseñanza moral católica.

Si no se actual así, tajantemente, sino que se deja la cosa correr, luego pasa lo que pasa: tapando los abusos en su momento y no acabando con ellos de raíz, cayendo quien cayera, han sobrevenido todos  estos escándalos oprobiosos de la pederastias pasados que han desprestigiado a  la Iglesia tan gravísimamente.

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