Las vocaciones al sacerdocio son un fiel reflejo de la sociedad. Al igual que ha caído bruscamente la fe en estos 25 últimos años, lo mismo el número de nuevos sacerdotes. De tal modo que hay más sacerdotes que fallecen que nuevos que se incorporan.
A la mengua de sacerdotes se une también la elevada edad (con lo que tiene de merma en la capacidad dinámica o actividad); lo cual lleva a que, aunque hay menos fieles a los que atender sí siguen siendo más menos el número de parroquias, a que en algunas zonas (provincias como Burgos, Segovia, etc.) que un sacerdote tenga que atender a decenas de municipios.
Cruda realidad:
Pese a que esta «ocupación profesional» es la más satisfactoria y feliz, según estadísticas, y a la falta de trabajo, y en este terreno tanto; sin embargo, nadie elige esta «salida profesional».
Es obvio que la cuestión es de otra índole y que tal razonamiento no sirve. Pero, es por abundar más en la duda realidad. Es una cuestión de fe; y ésta, hoy por hoy, «no existe»: domina la increencia. En este caladero, ausente de fe, las redes, por muy buena voluntad que se ponga y por mucho que se insista, siempre se sacarán vacías de peces.
La solución es difícil:
Por la pésima imagen que tiene -en general- en los medios de comunicación los curas y la Iglesia. Es injusta -aunque algo se ha hecho para ella…-; pues el demonio no descansa y juega sus bazas.
Por la mentalidad imperante en la sociedad actual y muy especialmente en la juventud –los «millennials«-, caracterizada por la llamada liquidez, inestabilidad, provisionalidad, transitoriedad, inseguridad, sin rumbo, sin saber, sin certezas, sin verdades…, con miedo al vínculo, al compromiso y a un destino definitivo; preocupada por la imagen, por la atención al cuerpo y no al espíritu, ocupada en asistir a los gimnasios, por la carencia de poesía; en la que domina el consumismo, a la generosidad, a la entrega, al amor verdadero, a dar la vida… (como la dio Jesús) por los demás.
Hay que sembrar la fe, con urgencia, a raudales. Enseñando a un Jesús que enamora, y cuyo foco de luz en este túnel de oscuridad es más atractivo que nada.
Y francamente, -aunque esto es asunto de otro debate-, no está ya sólo en juego el sacerdocio, la religión cristiana…, sino la humanidad entera. Pues -aunque parezca que no, en general, por las estadisticas- lo cierto es que -mirando a la vanguardia del mundo, Occidente- el tipo hombre actual que cada vez más prolifera es el de no-religioso, es decir, el que se declara sín religión; lo cual y dado que el alma de un pueblo es su religión, un mundo sin ella, estará espiritualmente muerto.