Una juventud malcriada

Tal vez seamos demasiado críticos y negativos en cómo vemos a la juventud actual; pero del marco descriptivo general que exponemos seguidamente, son muy pocos, raros y privilegiados los que se salen de él, desgraciadamente.

 La irresponsabilidad de nuestra juventud es como nunca. Está adormecida, atontolinada, hecha a la vagancia y a la indolencia, consentida y educada en el mínimo esfuerzo, sin renuncia a nada, sin sacrificio, viviendo de antojo, determinada por el capricho, hipersexualizada, sin conciencia moral, irreligiosa, dedicada al ejercitare en gimnasio, a ver series, orientado a la digitalización de internet y en enganchado al móvil, ha renunciado a leer, a pensar, sin importarles la verdad ni inquietud personal alguna,  estudia por estudiar y con lo mínimo a pasar de curso, sin trabajo ni perspectiva, con la única aspiración a meter cabeza en la administración pública, tras haber renunciado (de nacimiento) a la iniciativa privada, a ser autónomo o pequeño empresario.

Ignoramos quién mece la cuna que está forjando este  tipo de persona al que se está llegando; como propuesta humana ya  presente y más de futuro no es nada halagüeño. No hay duda de que se da un dejar hacer, una despreocupación por parte de los adultos responsables que tendrían que procurar la mejora personal del relevo generacional. Alguien (o alguienes) es el responsable de todo esto y  de esta pasividad e indiferencia generalizada como una niebla.

El Estado -hablando de España-  hace años, era muy poco intervencionista, hoy día está presente en todo e influye en casi todo de la vida de los ciudadanos, con leyes, con medios de comunicación, con los impuestos, con la educación, con las subvenciones, con la administración pública, instituciones, etc. Con este acaparamiento de medios y poderes es fácil llegar a hacer de la ciudadanía lo que se pretenda.

Con el control de las emociones, con la vida fácil y comodona, con las satisfacciones de los placeres y caprichos…, resulta obvio que esto tiene un poder de hacer con los individuos y las masas lo que se quiera. Y en está estamos, y más que lo vamos a estar.

En España, ya no se encuentra trabajo serio y real, tan solo en la función pública, en la que se está de por vida y mejor se paga; un empleado público, amén de tener el puesto de trabajo de por vida, gana bastante más que en el sector privado. La montaña que se ha convertido en encontrar un trabajo con perspectiva de futuro y garantías, está provocando el desengaño de la inmensa mayoría; a no ser que seas un superdotado, lo tienes negro, ¿para qué esforzarse, pues? Y si a esto, le añades que cualquier iniciativa privada como profesional independiente o autónomo está tan gravada por la fiscalidad a tal grado de impuestos que no merece la pena aventurarse…

En este caldo de cultivo es fácil que arraigue de dejarse ir…, a merced de la ayuda del Estado que puede permitir ir tirando, sin mayor esfuerzo y compromiso, sin aspiración a mejorar en todos los sentido, especialmente el de hacerse cargo de uno mismo; preocupación personal de la que se ha desertado; solo importa ya el pasárselo lo mejor posible, incluso a costa de uno mismo.

En fin, que estamos forjando una juventud peligrosamente malcriada y decepcionada, que va a traer graves consecuencias y de una magnitud desconocida, que nos sorprenderá, seguro.

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