Una juventud malcriada

(Este es un dato de hoy y una forma de empeza): La edad más afectada por la pandemia del coronavirus en España está entre los 14 y 29 años de las chicas. 

La irresponsabilidad de nuestra juventud es como nunca. Esta adormecida, atontolinada, hecha a la vagancia y a la indolencia, consentida y educada en el mínimo esfuerzo, sin renuncia a nada, sin sacrificio, viviendo de antojo, determinada por el capricho, hipersexualizada, sin responsabilidad moral, irreligiosa, dedicada al ejercitare en gimnasio, a vez series, orientado a la digitalización de internet y en enganchado al móvil, ha renunciado a leer, a pensar, sin importarles la verdad ni inquietud personal alguna,  estudia por estudiar y con lo mínimo a pasar de curso, sin trabajo ni perspectiva, con la única aspiración a meter cabeza en la administración pública, tras haber renunciado (de nacimiento) a la iniciativa privada, a ser autónomo o pequeño empresario.

A este tipo de persona se está llegando como propuesta de presente y futuro. Alguien es el responsable de todo esto.

El Estado, halando de España, hace años, era muy poco intervencionista, hoy día está presente en todo e influye en casi todo de la vida de los ciudadanos, con leyes, con medios de comunicación, con los impuestos, con la educación, con las subvenciones, con la Administración, etc.

Con el control de las emociones, con la vida fácil y comodona, con la satisfacciones de los placeres y caprichos…, resulta obvio que esto tiene un poder de hacer con los individuos y las masas lo que se quiera. Y en está estamos, y más que lo vamos a estar.

En España, ya no se encuentra trabajo serio y real, tan solo en la Administración, en la que se está de por vida y mejor se paga; un empleado público, amén de tener el puesto de trabajo de por vida, gana bastante más que en el sector privado. Esta montaña que se ha convertido en encontrar un trabajo con perspectiva de futuro y garantías, está provocando el desengaño de la inmensa mayoría; a no ser que seas un superdotado, lo tienes negro, ¿para qué esforzarse, pues? Y si a esto, le añades que cualquier iniciativa privada como profesional independiente o autónomo está tan gravada por la fiscalidad a tal grado de impuestos que no merece la pena aventurarse…

En fin que estamos forjando una juventud peligrosamente malcriada y decepcionada, que va a traer graves consecuencias y de una magnitud desconocida, que nos sorprenderá, seguro.

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