Un mundo bajo el poder el Maligno

 

En la Primera Carta del mismo San Juan se lee: «Todo el mundo yace bajo el poder del Maligno» (5,19). San Pablo habla de nuestra batalla contra las potencias espirituales (cf. Ef 6,10-17). Potencias malignas, espíritus inmundos, demoniacos… que influyen cada vez más sobre el mundo.  Por causa de estos y de tantos secuaces  las tinieblas se ciernen sobre la vida de las gentes. Por su causa el pecado —la maldad— y sus consecuencias —toda clases de males: espirituales y físicos; de estos tales como enfermedades, sufrimientos, cataclismos, muertes (deterioro hasta en la muerte en la naturaleza y especialmente en las personas, homicidios, abortos, suicidios, eutanasia, violencia, odio, corrupción, depravación moral…)— entraron en el mundo.

Dios vio bien claro lo que iba a venir…, lo que acaecería a su obra amorosamente creada para  dar vida a nuevos seres que compartieran su dicha, su felicidad y santidad eternamente. Tan claro lo vio y era tan grande lo que suponía… el invitar a nuevos seres -sus hijos humanos- a la vida, que se dispuso a echar el resto, es decir, a jugársela, exponerse a sí mismo. Ya no iba a intervenir San Miguel Arcángel, sino Él mismo, en su Hijo. Con su propia sangre conquistó al mundo, lo salvo definitivamente; aunque ahora tenga la apariencia de estar perdido bajo el poder de las fuerzas Mal.

Es un misterio el poder de este indeseable, Satanás; pero mientras estemos en esta contingencia espacio-temporal, lo tenemos que sufrir. El caso es que tras la doble derrota: la de los orígenes, cuando fue expulsado de la gloria celeste por la lucha de San Miguel y los ángeles leales, y la definitiva, la de Jesucristo, cuando el Señor, que ganó para sí con su sangre la salvación de muchos (todos), asumió su poder y retornó por segunda vez.

Mientras nos hallamos en ese interregno de entre la doble derrota de Lucifer, Satanás, y sus ángeles caídos, nos vemos acuciados, infligidos y puestos a prueba por toda clase de males. Así lo cuenta la Escritura, Apocalipsis 12:

7  Entonces se entabló una batalla en el cielo: = Miguel = y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron,

8  pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos.

9  Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él.

(…)

13 Cuando el Dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la Mujer que había dado a luz al Hijo varón.

14 Pero se le dieron a la Mujer las dos alas del águila grande para volar al desierto, a su lugar, lejos del Dragón, donde tiene que ser alimentada = un tiempo y tiempos y medio tiempo. =

15 Entonces el Dragón vomitó de sus fauces como un río de agua, detrás de la Mujer, para arrastrarla con su corriente.

16 Pero la tierra vino en auxilio de la Mujer: abrió la tierra su boca y tragó el río vomitado de las fauces del Dragón.

17 Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. 

 

La presencia y el poder del Maligno en la actualidad es cada vez más patente. El satanismo está ahora presente en Occidente -y extendiéndose por todo el mundo- como nunca jamás.

 

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