Tiempo de oración

“Orad sin cesar” (1 Tes 5,17). “Orando en todo tiempo en el Espíritu con toda clase de oraciones y súplicas y velando a este fin con toda perseverancia y súplica por todos los santos.” (Ef 6,18). 

*****

            Contaba la Madre Teresa de Calcuta en su orden, inicialmente, que tenían media hora de adoración ante Jesús Sacramentado una vez al mes. En un congreso decidieron pasar a una hora diaria. Recibieron permiso para que una de ellas pudiera colocar a Jesús en la custodia durante esa hora de adoración. Desde entonces, cuenta, mejoró la alegría, la atención de los enfermos, se llegaba a más y se doblaron el número de aspirantes.[1]

*****

               Un político, en un probable cuarto de hora de buena voluntad, que se coincidió con una ocasional proximidad a la Madre Teresa, le pidió un “consejo especial” para el mejor desempeño de su tarea:

               La Madre Teresa le contestó:

              —Dedique un poco más de tiempo a estar de rodillas.[2]

 ..ooOoo..

               “Hay que gastar más las rodillas que los codos” (Unamuno[3]).

*****

 

Orar es estar en comunicación con Dios, o lo que es más, en comunión con El. Y esto si se tiene realmente fe no ha de dejar de realizar en cada instante, en todo tiempo. Ahora bien, hay un tiempo concreto, especial, que reservar para que esa relación de mayor intimidad se lleve a cabo. Este tiempo exclusivo dedicado a estar -con los cinco sentidos- en presencia del Señor. Y este tiempo de oración en fundamental, importantísimo, imprescindible; el mejor tiempo y el más necesario de la vida.

Cueste lo que cueste, hay que reservar diariamente, o de una manera regular, tiempo y espacio a la oración. Nos va la vida en ello, la verdadera vida. No se puede tener vida religiosa, tener fe, amar a Dios, sin hablar con Él. A más oración, más de todo ello. Hay que tomar conciencia seriamente de esto.

El tiempo de la oración -permítanos este lenguaje contable, tan inapropiado- es el tiempo mejor invertido. ¡No hay actividad más productiva que podamos hacer en esta tierra!

Hay que pasar un tiempo considerable con ante el Santísimo (si es posible) en forma regular y, en este caso, todos los días.

Resulta verdaderamente difícil dedicar un tiempo (una hora diaria) a la oración desde el primer día. Se requiere de haber sido verdadera y profundamente transformado.

Hay que estar dispuesto, si es preciso, a emplear en ello todo tu tiempo de oración, sin pensar en resultados.

El tiempo dedicado a la oración nunca es perdido. No se pierde el tiempo, en realidad se gana. Dios siempre recompensa a los que lo ponen a El primero. El Señor multiplicará asombrosamente el tiempo que le dediquemos, como multiplicó unos pocos panes y los peces puestos por nuestra parte, los humanos, hasta el infinito, si hubiera sido necesario.

Aunque a veces o periódicamente se tenga esa sensación… de inutilidad, vacio, de no sentir nada, puede -y así es- que ese tiempo es el más provechoso, pues se persevera no por uno mismo sino por Aquel ante el que estamos. Posiblemente el tiempo más apreciado por el Señor es aquel que nos cuesta dedicárselo.

Debemos orar siempre, pacientemente, no hasta que Dios nos oiga, sino hasta que podamos escucharle, y siempre con infinito agradecimiento, pues hay un misterio en ello que nos desborda, del que no somos apenas conscientes, pero que sucede, y algún día nos será revelado.

Todos, todos los santos han dedicado mucho tiempo orar, muchas horas al día: 5, 6, 7… toda una noche.

San Juan de la Cruz:

“Adviertan, pues, aquí los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo con sus predicaciones y obras externas, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios, dejando aparte el buen ejemplo que de si darían, si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración… Cierto, entonces harían más y con menos trabajo, y con una obra que con mil” (Cántico espiritual, 29,3).

“…es más preciso delante de El un poquito de ese amor puro y más provecho hace a la Iglesia… que todas esas obras juntas” (Cántico espiritual, 29,3).

 

……………………………………………….

[1] En http://www.interrogantes.net.

[2] GONZALEZ-BALADO, J. L., Madre Teresa de Calcuta, Acento Ed., Madrid 1998, P.21.

[3] UANMUNO, M., Diario íntimo, Alianza editorial, Madrid 1983, p.85.

ACTUALIDAD CATÓLICA