Testimonio cristiano

*****

         Tito y Postma formaban un matrimonio cristiano holandés que el Señor bendijo con seis hijos, cinco de los cuales se consagraron al Señor en la vida religiosa.

           El joven Anno era de complexión débil, pero muy inteligente y tierno.

           Después de conocer las diferentes órdenes religiosas, cuando conoció la espiritualidad de la Orden del Carmen —oración y especial devoción a la Virgen María—, dijo:

           —El espíritu del Carmelo me ha fascinado.

           Y se hizo carmelita.

           Estudió en Roma obteniendo las máximas calificaciones. Volvió a su patria y fue profesor y fundador de varios movimientos intelectuales y católicos y rector magnífico de la universidad católica de Nimega.

           Escribió preciosas obras y fue asesor del Obispo de periodistas…

           El Episcopado le encargó escribiera una carta en su nombre en la que se acentuó el famosos “no podemos”. No podemos transigir con los atropellos que los nazis iban sembrando por toda la nación.

        Pronto los nazis se dieron cuenta de que Padre Tito era “un frailecito peligroso”, y decidieron apresarlo y llevarlo a un campo de concentración.

           El 19 de enero de 1942 fue apresado y llevado de cárcel en cárcel durante seis largos meses sufriendo toda clase de atropellos. El 19 de junio llegaba al infierno del campo de Dachau.

           Bastaba que se retractara de su carta y lo pondrían en libertad. Padre Tito fue fiel hasta la muerte. Era el buen samaritano para todos los encerrados en aquel infierno. Todos acudían a él y él se desvivía por todos aunque su cuerpo estuviera deshecho.

        Le sometieron a infames experimentos bioquímicos… Había repetido muchas veces el P. Tito las palabras de Jesús: “Hágase, Señor, tu voluntad y no la mía”.

           A las dos de la tarde del 26 de julio de 1942, una enfermera, que después testificaría en el Proceso de su beatificación y se convertiría al catolicismo, le inyectó ácido fénico, y expiraba perdonando a sus agresores.

           Por el Campo de Dachau corrió la voz: “Padre Tito era un santo”, “este hombre está en el cielo”.

           El papa Juan Pablo II lo beatificaba en Roma el 3-11-1985.[1] 

*****

 

[1] LÓPEZ MELÚS, RAFAEL Mª., Caminos de santidad V, ejemplos que edifican, Edibesa, Madrid 2000, p.217.

 

 


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.