Templos vacíos. Algo serio y profundo está pasando

 

El mundo religioso occidental se tiene que preguntar seriamente si no está perdiendo la partida contra la increencia (es decir, el mundo a-religioso y a-Teo, sin religión y sin Dios. Es una obviedad que no necesita demostración que la iglesias se están quedando vacías, cada vez más y con una rapidez asombrosa, que está dejando sin capacidad de reacción los líderes religiosos.

Esta deserción de la religión de los jóvenes, fundamentalmente y en masa, es un hecho sin parangón en ningún otro momento histórico. Y no afecta a un único país y a una confesión concreta, sino a todo Occidente y a todas las religiones. No nos vamos a entretener ahora en dar datos concretos y cifras, deprimentes, que corroboran esta realidad; pero son abrumadores e incontestables.

Hace unos años, ya en 2001, viendo lo que por entonces sucedía, María Corbi en su libro El camino interior escribía, estas tremendas palabras: «¿Cómo pudo destruirse una construcción ideológica tan perfecta, durante tantos milenios tanteada y verificada? ¿Cómo pudo venirse abajo una construcción como la catedral de Toledo, que se consideraba eterna, intocable como una roca bajada del cielo? La sentencia de muerte está dada y es irreversible. No hay quien pueda conmutar esa sentencia«.

 

 

Catedral de Toledo. Pixabay

Hace unos días se mostraba asombrado el cardenal nigeriano John Onaiyekan de ver a la Iglesia en Occidente obsesionada con los divorciados «recesados» y en dar la bienvenida a los homosexuales en vez de con el gran problema de tener sus iglesias vacías.

Algo muy serio y profundo está pasando. Algo que comenzó a manifestarse abiertamente hará 25 años, pero a lo que no se le ha prestado la debida atención.  Hay que implicarse y actuar en buscar soluciones y ponerlas decididamente en práctica, con urgencia; de lo contrario, será el fin… (Si Dios no dice lo contrario).

De momento, recemos.

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


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