¿Por qué del asombro? Porque va a causar un cambio extraordinario como nunca antes visto en las condiciones de vida de las personas, y les afectará hasta en lo más íntimo. La Revolución Industrial —sirva como ejemplo— fue en comparación tal solo una pequeñísima muestra de lo que está por venir.
Con la Inteligencia Artificial, que está irrumpiendo sorprendiéndonos y sin que nos hagamos a la idea de lo que en realidad supone, la Humanidad quedará trastocada en todos sus ordenes, aspectos y dimensiones, desde lo laboral, la organización de la vida, lasd relaciones sociales, hasta a la más propiamente humana: su naturaleza ontológica, su dignidad, su conciencia, su libertad, su moral, su religiosidad, etc., Y seres parecidos a nosotros, maquinas inteligentes, les veremos, sin tardar, interactuando con nosotros.
Con apariencia humana, los robots humanoides, superarán al ser humano en muchos aspectos, sobre todo de manejo de datos, de «inteligencia», rapidez, fuerza, ciencia, y de todo lo tocante a la realidad física, material. Pero habrá un «espacio» en que no podrán competir con el ser humano, y que es aquello que le hacer ser lo que es: su dimensión espiritual, su alma otorgada por Dios Creador, cuya dignidad sobrenaturalizada, vocacionada a la santidad, trasciende los límites de esta vida, de la que la Inteligencia Artificial no podrá sobrevivir. Aunque la Inteligencia Artificial puede simular al hombre, carece de «conciencia moral, empatía, capacidad afectiva, relacional ni espiritual», elementos que pertenecen —como dice el papa León XIV en su primera encíclica— a la «magnífica humanidad» habitada por Dios.
La materia es y será siempre barro, carente del soplo divino que la insufló vida semejante a la suya. La materia es cuestión de tiempo de que sea polvo, el espíritu humano, jamás, pues tendrá vida eterna. Ha habido “excepcionalidades” de esa corrupción, pero siempre, como ocurre en los incorruptos, por una intervención sobrenatural, como en el caso de algunos santos, que los ha mantenido intactos después de la muerte como si el aura del alma de ese santo era tal potente que envolvía la naturaleza orgánica sobrenaturalizádola.
Riesgos:
- A que el ser humano pueda ser interiormente sea alterado por la potente IA. Aunque la persona humana no puede delegar la moral, irresponsabilizarse de las acciones reservadas a su conciencia personalísima. Dice el Papa: “Ningún sistema de cálculo, por sofisticado que sea, genera un corazón que se entrega, ni una conciencia capaz de discernir el bien”.
- Simulaciones y manipulaciones de la verdad; lo que acabará en una desconfianza constante y en un escepticismo relativista.
- Se exacerbarán los gustos y deseos, como sustitutivos de la voluntad, según lo que los algoritmos “teledirigidos” pretendan.
- El control social será susceptible de ser prácticamente total. Sabrán quién eres, cómo eres, cuales son tus gustos, qué compras, etc. Tendrán la total identidad de todos, y nos tendrán localizados en cada momento… De modo que la libertad, propia de la dignidad humana, será puesta en entredicho.
- Se acabará queriendo más a un robot que a los humanos. Y la gente se aislará con la compañía de una máquina con aspecto humano; humanoide que no le fallará, que sabrá todo, al que le puedes pedir cualquier información (conectado a Internet, tendrá todo el saber histórico sobre cualquier cosa).
- La IA remplazará la compañía humana, la relación, la amistad, por, en definitiva, una maquina. Se prescindirá de los semejantes, y cada cual se encerrará en su casa, en compañía de su humanoide.
En cuanto al trabajo que se verá muy afectado, no habrá un problema tan sustantivo como el lo humano propiamente, que acabamos de citar, pues se buscarán soluciones de reparto de lo poco que haya, con el suplemento de unos ingresos básicos suficientes para el sostenimiento y consumo de todos. Es decir, que el este terreno no se percibe –pienso– un problema importante. Lo grave realmente son los riesgos citados anteriormente, y que afectarán a la persona en su ser más íntimo.
Esos riesgos tan solo son una muestra, pero habrá otros muchos que aún no percibirnos, en lo tocante al hecho de ser persona.
De momento, una última reflexión: ¿Qué sucederá cuando la Inteligencia Artificial —cual poder absoluto— caiga en manos de alguien diabólico que se adueñe, y con tal descomunal poder pretenda constituir en el amo del mundo entero? Pensemos, por ejemplo, en el enemigo de la Humanidad de siempre, Satanás?
A este respecto creo que Dios ya pensó en ese riesgo letal, cuando se decidió a crear este mundo humano. Digamos ante esto, que el demonio no lo puede todo, está limitado, y no puede, por ejemplo, introducirse en un mundo material, él está en otra dimensión, invisible, espiritual, y no puede por sí, controlar las máquinas ni los algoritmos, etc. Ahora sí, puede, por persona interpuesta, por el corazón humano, posesionarse, y como aparece en el Apocalipsis, que la Bestia o Anticristo, se “posesione” de este inmenso poder de la Inteligencia Artificial, para apoderarse de toda Humanidad, pretendiendo su perdición total. Lo cual será una provocación definitiva para que Dios en Cristo, como verdadero dueño y señor de lo creado y por su sangre redimido entre en acción, intervenga y se produzca la Parusía, según consta en el libro del Apocalipsis…
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