Séneca

Les ofrecemos brevemente unos pensamientos del sabio filósofo y escritor moralista, romano de origen hispano Lucio Anneo Séneca (nació el año 4 y murió el 65):

 

El hombre, sagrado para el hombre (SÉNECA, carta XCV)

 

Para el apetito desenfrenado, nada es suficiente; para la naturaleza, hasta lo poco basta. (SÉNECA, Consolación a mi madre Helvia, X)

 

Es bien seguro que Homero no tuvo más que un esclavo, tres Platón, y ninguno Zenón, con quien comenzó la rígida y viril sabiduría de los estoicos. (SÉNECA, Consolación a mi madre Helvia, XII)

 

(daños, heridas, trabajos, temores) Así  suele ocurrir. Diré más: así tiene que ocurrir. Son cosas necesarias, no accidentales. (…) Todas esas cosas se encuentran en una larga vida, lo mismo que en una larga caminata hay polvo, y fango, y lluvia. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta XCVI)

 

Pues la vida, Lucilio, es lucha. Así pues, aquellos que son zarandeados, y van arriba y abajo por terrenos difíciles y trabajosos, son los hombres fuertes y la flor de los campamentos; aquellos que, mientras los otros trabajan, se reblandecen en un descanso podrido, son tortolillas (afeminados), a los que se deja sanos y salvos para que sirvan de burla. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta XCVI)

 

Yerras, Lucilio, si estimas que son vicios de nuestro siglo la sensualidad y el descuido de las buenas costumbres, y lo demás que cada uno atribuye a sus tiempos. Esas son cosas de los hombres, no de los tiempos. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta XCVII)

 

Tales cosas se han hecho y se seguirán haciendo, y la licencia de las ciudades disminuirá en algún momento por la disciplina y por el miedo, nunca por si misma. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta XCVII)

 

Somos dóciles a la atracción del mal, porque en ese camino no pueden faltarnos ni guías ni acompañantes, y, aún sin compañía, la cosa marcha por sí sola. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta XCVII)

 

La primera y máxima pena del pecador es el haber pecado, y ningún delito queda impune, aunque la fortuna lo adobe con sus dones, aunque lo  proteja y defienda, y a que le suplicio del crimen están en el mismo crimen. (…) Los delitos son flagelados por la mala conciencia. (…)  La prueba de que el horror al crimen nos es natural, es que no hay nadie a quien deje libre de temor, ni aún cuando se encuentre a salvo. (…) Al malo le es natural vivir estremecido. Mal nos iría si, cuando tantos crímenes escapan de la ley y sus castigos, no los sancionasen en el acto aquellos otros castigos naturales y graves, si faltase el temor para suplir la pena. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta XCVII)

 

Yerran, pues, Lucilio, quienes creen que la fortuna nos otorga algo bueno o malo; lo que nos da no es sino materia de bien o de mal, ocasión para  que en nosotros resulte algo bueno o malo. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta XCVIII)

 

Desastroso es el ánimo ansioso  del o porvenir. (…) En ningún tiempo tendrá sosiego, y en la expectación del futuro perderá el presente y lo que en él pudiera disfrutar. Por lo demás, lo mismo da el dolor de haber perdido algo que el temor de perderlo. (…) Nada hay más miserable ni más necio que el temer por adelantado. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta XCVIII)

 

Cada cía, cada hora, nos revela la nada que somos, y nos advierte con un nuevo argumento nuestra olvidada fragilidad: entonces nos obliga a meditar en lo eterno y a volver la mirada hacia la muerte.

Las dignidades creen con más facilidad que empiezan. También el dinero tarda más en venir cuando se está cerca de la pobreza, y, cuando ya nos ha sacado de ella, se nos pega. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CI)

 

Sólo la necesidad incita a las fieras a hacer daño; es el hambre o el miedo lo que las empuja a la lucha. El hombre, en cambio, mata al hombre por placer. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CIII)

Solamente tropiezan unos con  otros los que van por el mismo camino. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CIII)

 

Nunca somos más vulnerables a los peligros que cuando les volvemos la espalda. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CIV)

 

Mientras ignores de qué has de huir, qué has de buscar, qué es necesario y qué está de sobra, qué es justo y qué injusto, lo que hagas no será viajar, sino andar errante (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CIV)

¿la sabiduría, la más grande de todas las artes, se adquirirá en un viaje? No hay viaje alguno, créeme, que te coloque fuera de la codicia, de la ira, del miedo: si lo hubiera, el género humano lo habría en columna cerrada. Esos males te acosarán y te enervarán vayas donde vayas, mientras lleves contigo sus causas. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta XIV)

 

Si quieres verte libre de los vicios, tienes que mantenerte lejos de sus ejemplos. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CIV)

 

La muerte y el trabajo tienen un aspecto terrible” (Virgilio).* No así para quien es capaz de mirarlos fijamente y horadar las tinieblas: muchas cosas tenidas de noche por terribles aparecen ridículas a la luz del día. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CIV)

 

No es que no nos atrevamos porque son cosas difíciles, sino que son difíciles porque no nos atrevemos. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CIV)

 

Hay que desdeñar las riquezas, que son el salario de la esclavitud. Abandonemos el oro y la palta, y todo lo que es el lastre de los hogares felices; la libertad no puede ser gratuita. Si la estimas en mucho, toda otra cosa te parecerá de poco valor. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CIV)

 

Nada aprovechará tanto como la quietud y hablar lo menos posible con los demás y lo más posible con uno mismos Hay cierta dulzura de la conversación que se insinúa y nos lisonjea… (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CV)

 

Los hombres aman y odian a la vez sus propios vicios (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CXII)

 

Nuestros padres nos hicieron admirar el oro y la plata, y así la codicia, infundida en nosotros cuando éramos tiernos, penetró más dentro, y creció al par que nosotros. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CXV)

 

Nuestras costumbres han llegado al extremo de que la pobreza es una maldición y un oprobio, los ricos la desprecian y los pobres la odian. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CXV)

 

No hay avaricia sin castigo, aunque bastante castigo es ella misma (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CXV)

 

No hay que comparar entre sí cosas desemejantes (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CXVII)

 

Lo que para la naturaleza es bastante, al hombre no le basta. Ha habido quien ha codiciado algo después de tenerlo todo, tan grande es la ceguera del entendimiento, tan grande el olvido que de sus propios orígenes tiene cada uno, en cuanto prospera. (…) A nadie hizo rico el dinero, o más bien al contrario, a nadie ha dejado de infundir una mayor codicia. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CXIX)

 

“¿Acaso, cuando la sed te quema la garganta, buscas de oro los vasos?” (Horacio) (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CXIX)

 

El hambre no es ambiciosa, se contenta con acabarse y no se interesa demasiado por qué cosas la acabe. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CXIX)

 

La filosofía no debe sugerir excusas al vicio. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CXXIII)

 

Nuestra cuestión es la de si el bien es captado por los sentidos o por la inteligencia; y a esto se añade que la percepción del bien no se da ni en los animales irracionales ni en los niños. Todos los que ponen el placer como el valor más alto entienden que el bien es sensible; nosotros, en cambio, creemos que es inteligible, porque lo atribuimos al ánimo. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CXXIV)

 

Nosotros decimos que es feliz lo que es conforme con la naturaleza, y lo que es conforme a la naturaleza aparece a al vista de todos y de un modo directo, lo mismo que lo que es íntegro y puro. (…) Verdaderamente perfecto, es en efecto, aquello que es perfecto según la naturaleza universal, y ésta es racional; a parte de eso, una cosa puede ser perfecta en su  género. (SÉNECA, Cartas a Lucilio, Carta CXXIV)

 

Alejandro, hombre loco y que no se proponía nada que no fuera grandioso, regaló a un hombre una ciudad. Y como el favorecido, habiéndose medido a sí mismo, rehuyera la impopularidad de aquel regalo, alegando que no convenía a su condición, Alejandro le dijo: “no me interesa lo que te esté bien recibir a ti, sino lo que me está bien dar a mí”. Parecen palabras animosas y regias, pero son de la mayor necedad, pues no hay nada que sea convierte por sí mismo; importa quién lo dé, a quién, cuándo, por qué, dónde, y las demás circunstancias, sin las cuales no consta el valor del acto. ¡Infladísimo animal! Si a él no le está bien recibirlo, tampoco a ti darlo. (SÉNECA, Sobre los beneficios, XVI)

 

Un (filósofo) cínico  pidió un talento a Antígono, y éste respondió que aquello era más de lo que debía pedir un cínico. El desairado pidió entonces un denario, y la respuesta fue que aquello era menos de lo que podía dar con decoro un rey. Eso fue un sofisma de lo más infame: Antígono encontró así la manera de no dar ni lo uno ni lo otro. Cuando se trataba del denario, consideró su condición de rey; y cuando se trataba del talento, consideró la del cínico; e igualmente podría haber dado el denario como donación a un cínico, y el talento como donación de un rey. Por otra parte, si hay algo demasiado grande para que lo reciba un cínico, nada hay tan exiguo que la humanidad de un rey no pueda dar honestamente. (SÉNECA, Sobre los beneficios, XVII)