San Pascual Bailón, 17 de mayo

Hoy celebramos a este santo enamorado de la Eucaristía.  No hay nada de mayor ni mejor ni más importante que el tiempo dedicado a la Eucaristía. Y así lo entendió y vivió este santo. El cual no muestra, junto con tantos y tantos otros santos, que esta es la Realidad que sostiene y da la vida a todo. A este santo adorador de Jesús en el Santísimo Sacramento, se le dominara Patrono de los Congresos eucarísticos y de la Adoración nocturna.  Recibió favores sobrenaturales. No podía evitar ciertas manifestaciones externas de su gozo espiritual que causaban sorpresa.

Pascual Bailón Yubero nació en Torrehermosa (Zaragoza), el 16 de mayo de 1540, día de Pascua de Pentecostés. Moriría igualmente en Pascua, el 17 de mayo de 1592, en Villarreal (Castellón).

Hijo de humildes campesinos, Pascual se vio obligado desde pequeño a pastorear el ganado. Sin embargo, las horas de soledad que pasó en el campo le sirvieron para aprender por su propia cuenta a leer y a escribir.

Tendría unos 12 años cuando su padre le puso al servicio de un vecino llamado Martín García. Éste le ofreció con el tiempo sus rebaños, su hacienda y su propia hija. Pero siguiendo su fervor eucarístico y su vocación religiosa Pascual estaba firmemente decidido a seguir la vocación religiosa; a los 24 años, después de renunciar a la herencia de su amo, ingreso en un convento como fraile franciscano, donde quería ser “la escoba de la casa de Dios”.

San Pascual dedicó su vida a la oración y a los más modestos trabajos en su orden, en la que se ocupó del refectorio y de las limosnas del convento del Rosario de los Descalzos de San Francisco, en Villarreal.

Pascual tenía una tierna devoción de la divina Eucaristía. Pasaba horas enteras, postrado ante el Tabernáculo. La tradición popular afirma que muchas veces orando experimentaba tanta alegría que se ponía a bailar (por eso algunos creen que su apellido es un apodo por esta reacción característica).

Dejó escritos dos devocionarios, publicados con el título de Opúsculos de San Pascual Bailón, uno de los cuales fue regalado a Felipe II. El otro se encuentra en la Basílica de San Pascual de Villarreal.

Los milagros obrados por San Pascual tuvieron gran repercusión en su tiempo: se atribuyen a este asceta la multiplicación de panes para los indigentes, curaciones, profecías cumplidas y el hacer manar agua de una piedra para aliviar la sed de los necesitados. La tradición afirma que, en la misa de réquiem, abrió los ojos en el momento de la consagración para adorar al Santísimo Sacramento.

Los más de cuatrocientos milagros que se le atribuyen aún están siendo sometidos a juicio por la crítica histórica. Algunos lo serán de verdad, incomprobables y solo fiables por el repetido testimonio de los que los presenciaron; entre ellos se incluyen los arrebatos místicos que de vez en cuando tenía en la presencia de la Eucaristía, cuando asistía a Misa o escuchaba las campanas en el momento de alzar al Dios. Otros muchos, como saltar, brincar, bailar –algunos llegaron a pensar que lo de “Bailón” era un apodo– y balbucear incoherencias ante el solo pensamiento de que iba a comulgar y ante distintas imágenes de la Virgen, o las múltiples predicciones que hizo a sus amigos sobre el día y hora de sus respectivas muertes, o la reacción de su cadáver en la misa de cuerpo presente al abrir y cerrar los ojos por dos veces en el momento de la consagración, o las enfermedades que dicen que hizo con solo un guiño, o los moribundos que reanimó porque necesitaban una prórroga para poder arreglar los asuntos de su alma, etc., quizá necesiten una criba más especial. (Archimadrid.org)

El 23 julio 1611 se comprobó que su cuerpo seguía incorrupto.

El papa Paulo V le beatificó en 1618 y fue canonizado en el año 1690 por Alejandro VIII. En 1897, León XIII le proclamó Patrono particular de los Congresos eucarísticos y de todas las asociaciones eucarísticas en el Breve Providentissimus Deus.

 

Oración a San Pascual Bailón

Querido San Pascual:
consíguenos del buen Dios
un inmenso amor
por la Sagrada Eucaristía,
un fervor muy grande en nuestras
frecuentes visitas al Santísimo
y una grande estimación
por la Santa Misa.

Amén

 

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