La muerte en la cruz y la resurrección, junto con la encarnación y la creación, son los acontecimientos más grandes y excepcionales de la existencia humana.
La resurrección del Señor de la que no hay prueba física, a no ser la de la Sabana Santa, se trata de un hecho sobrenatural, y por tanto accesible sólo por la gracia de Dios, a través de la fe. La fe es una virtud teologal. Gracia que Dios ofrece a todos y no niega a nadie; ahora bien, se precisa para que este ofrecimiento, donación gratuita, cuaje que la parte receptora tenga disposición a recibirla, a aceptarla, a asumirla, a decir «sí».

Varias reflexiones sugerentes sobre el fenómeno de la Resurrección:
- Tras la resurrección el cuerpo de Cristo, es un cuerpo espiritualizado, pneumatizado, sobrenaturalizado. Tan es así que, al principio, cuando Jesús se le aparece a María Magdalena, ésta no le reconoce, confundiéndole con el hortelano que atendía un huerto próximo.
- Si hubiera habido intención de engañar con el tema de la Resurrección, no hubieran elegido a las personas menos indicadas para ser las primera portadoras del anuncio del hecho. Ya que las mujeres, por entonces, «no tenía voz», garantía de testimonio en un juicio. Es decir, su credibilidad era nula. Pues bien, Dios elige a las «sin voz» para ser las pregoneras…
- Otro dato que me llama la atención es el hecho tan curiosamente preciso y natural de que cuando Pedro y el otro discípulo (Juan) van al sepulcro tras la noticia de la mujeres, salen corriendo, tan aprisa, que Juan -que supongo tendría unos 20 años- llega antes que Pedro, mayor aquel -quizá, 10 o 12 más-. Llegó al sepulcro y se quedó parado, sin entrar, ¿por miedo, por expectación, por respeto a Pedro, jerárquicamente superior?…
- Cuando Juan entró -dice la Escritura-, vio y creyó. ¿Qué vio? El sepulcro vacio, y la vendas… Entonces a Juan se le cayó la venda de los ojos, y comprendió, por obra de la gracia divina, la sobre naturalidad de la Resurrección; todos sus conocimientos bíblicos, sus tradiciones, las promesas de la venida del Mesías, experiencias vividas junto a Jesús, sus dicho, hechos, signos, milagros, la humillación de la cruz, etc., que lo conservaba en su interior, sin entenderlo, como un casos, de repente se ordenó, se configuró como el cuadro de un puzle, y lo comprendió todo todo.
¡Dichosos los que habéis creído!
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

