Respeto

 El que es malo para sí, ¿para quién será bueno? (Eclo 14,5 ).

 El que peca se perjudica a sí mismo. (Eclo 19,4).

 Esta es la voluntad de Dios que reduzcamos al silencio la ignorancia de los insensatos con nuestra conducta ejemplar.  (1 Pe 2,15).

 

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       Rabí David de Bijov, fue acusado falsamente y arrestado en la ciudad de San Petersburgo. Al tiempo fue traído al juzgado para ser interrogado.

       En cierto punto, los jueces estaban deliberando entre sí, y para que no se entendieran sus palabras comenzaron a hablar en francés, en lugar de ruso.

       Rabí David, que estaba de pie frente a ellos durante todo el interrogatorio, de repente volvió su cabeza, dando la espalda a los magistrados.

       —¡Prisionero —gritó uno de ellos—, cuando está parado frente a nosotros debe prestar atención!

       —Su Señoría —contestó R David—,escuché que ustedes comenzaron a hablar en francés, porque no deseaban que comprendiera vuestras palabras. Hablo ése idioma, y por lo tanto moví mi cabeza para evitar oír lo que decían…!

       Esta inesperada respuesta dejó impresionado a los jueces, que inmediatamente lo pusieron en libertad.[1]

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         Hay que ser muy grande, algo especial, para una actitud así.

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Hay quien en la vida ha llegado a un grado tan elevado que tan solo le interesa dar respuestas personales que se sustenten en la delicadeza; lo demás, carece de significado, valor y sentido.

Hay un doble respeto: el que se aprecia, por consideración hacia la voluntad ajena, y el que se tiene por la conciencia de uno mismo, que eleva y engrandece, aunque no se vea, pero que se siembra y crece para que un día florezca.

Quien es bueno para los demás, lo es para sí; quien es bueno para si, lo ha de ser para los demás.

Nadie puede desentender del respeto de a si mismo: que consiste antes que nada en no hacer nada que vaya contra su dignidad, contra su bien más íntimo, contra los valores que engrandecen a la persona.

El respeto por lo elevado, importante, sublime, dignifica, enaltece, ennoblece.

Si realizas algo que no deberías hacer, que va contra lo que estimas que es lo mejor y tu bien o el bien, te estás faltando al respeto.

Con el uso (y más con el abuso) podemos despojar a las cosas de significado, de contenido y de respeto.

Hay que desechar aquello que se oponer a nuestra mejora como persona, bien ser personas, cosas… o circunstancias.

Nada que no se quiera hacer se debería realizar. Pues supondría una falta de consideración y respeto a la propia personal.

Aceptar a las personas tal y como son, su estadio o nivel espiritual, su grado de sensibilidad, respetar sus ritmos.

Hay que tener un sentido profundo de la dignidad propia, y un exquisito respeto a una integridad moral. A lo que nos tenemos que someter.

Todo pecado es una falta de respeto o consideración hacia uno mismo. Toda infidelidad, pecado, etc., lo es siempre y primariamente sobre uno mismo.

Sacrificamos la dignidad, el respeto a uno mismo, cometemos traiciones, y todo tipo de desmanes y abusos, por servir a nuestros dioses: poder, dinero, placer.

El ser humano tiene unas formas, estructura, como persona, su no respeto provoca la neurosis (aunque sea solapa, que acaba manifestándose en un latente malestar, a veces aparentemente imperceptible).

La cosa más importante a enseñar a una persona es la de tener un elevado concepto del sentido de su dignidad y el respeto sagrado que se merece, sea la persona que sea y de la condición que sea.

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[1] Extraido de La Enseñanza semanal, Jabad Lubavitch.

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