Toda reflexión proviene del pensamiento que se suscita a partir de la admiración, de lo que nos sorprende y llena de estupor. Por eso hoy día, en el individuo de Occidente, le cuesta tanto profundizar y confiarse, porque carece de esa aptitud, capacidad o predisposición a ser impresionable, a ser tocado interiormente; este mundo tan lleno de cosas, de sensaciones materiales, de estar tan de vuelta de todo, ha encallecido la sensibilidad que conmueve.
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- El Señor resucitado se apareció un buen número de veces decisivos (Lc 24,34ss; Hech 9,17; 13,31; 16,9…) y a muchos, hasta a quinientos («se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.» (1 Cor 15,5-7). Pero a primera instancia, por su aspecto físico no era reconocido. Los cuerpos gloriosos no impresionan la retina. Santo Tomás de Aquino afirma que los apóstoles vieron a Cristo tras la resurrección «oculata fide» (Suma Teológica, 3, q. 55, 1. 2): No con los ojos del cuerpo, sino con los «ojos de la fe».
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- Aunque en la cruz es donde se centra importante y significativo de la pasión de Cristo, el momento decisivo habría que ser considerado en el huerto de los olivos, durante el tiempo de oración de Jesús, en que tomó la decisión de dar el paso a afrontar lo que se le venía encima. Tal fue la importancia del momento que Jesús, por la angustia que le suponía el asumir lo que le iba suceder, que sudo sangre. En la película «La Pasión de Cristo», el demonio aparece -precisamente- en este escena. Satanás sabía que lo estaba en juego en ese momento. A partir de ahí, todo vendría de corrido, en una sucesión de acontecimientos «previstos», hasta llegar a la cruz, donde Jesús dijo: «todo está consumado».
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- En el cenáculo donde celebró Jesús la Pascua con sus discípulos se sucedieron momentos fundamentales: desde el lavatorio de los pies (ver artículo) o la dispersión servicial de Dios a amar a los hombres hasta limpiarlos para hacerlos partícipes de su amistad, la institución de la Eucaristía o primera misa, también instituyó el sacerdocio, dio el «nuevo mandamiento» -recopilador de todos- del amor fraterno, de amarnos los unos a los otros como Él lo hizo.
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- Todo el proceso es una sucesión dramática de malos tratos físicos y humillantes. Desde el momento incluso de su captura y ser conducido ante el sumo sacerdote; en ese trayecto, aunque no consta en los Evangelios, según Ana Catalina Emmerick, sufría golpes y empeñones. Luego ante el Sanedrín, también sufrió violencia física y verba. Después como un muñeco fue llevado de Pilato a Herodes, en un burda manipulación, para nada. Luego vino la flagelación brutal, y para aumentar la brutalidad, la coronación de espinas, ahí se ve el horror de lo que es capaz de hacer el ser humano, por capricho, divirtiéndose con el sufrimiento ajeno ¿hay algo más miserable? En fin, y para terminar, el que fuera cargado con el madero en que va a ser colgado, y colgado, suspendido al aire sobre usos clavos.
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- Y todo esto, el ser condenado entre ladrones, como un maldito, o el ser humillado hasta tal extremo de que la gente prefiriera que soltarán a un bandido como Barrabás. Y ya en el colmo de la desprecio y el abandono, hasta ser traicionado por uno de los suyos y los demás dejarle solo, como lo hizo la gente que le recibieron entre palmas su entrada en Jerusalén el domingo de Ramos, arrostrando en absoluta soledad tanta inhumanidad y barbarie, con la única compañía de unas mujeres (entre ellas su Madre) y un aún jovencito (Juan).
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