Predicar con el testimonio de la fe

“Trata de ser un modelo para los que creen, en la conversación, en la conducta, en el amor, en la fe, en la pureza de vida” (1 Tim 4,12).

“Dándoles tú mismo ejemplo de buena conducta, en lo que se refiere a la pureza de doctrina, a la dignidad, a la enseñanza correcta e inobjetable. De esa manera, el adversario quedará confundido, porque no tendrá nada que reprocharnos” (Tit 2,7-8).

 

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Cuenta la Madre Teresa de Calcuta: 

           Un hombre, adicto a la religión hindú, acudió a nuestra Casa del Moribundo Abandonado de Kalighat en un momento en el que yo estaba ocupada curando las heridas de un enfermo. Me observó en silencio unos momentos. Después dijo:

           —Puesto que de ella sacar fuerzas para realizar lo que usted realiza, no me cabe la menor duda de que su religión tiene que ser la verdadera. 

 

           “A menudo, los cristianos se convierten en el mayor obstáculo para cuantos desean acercarse a Cristo.  A menudo predicamos un Evangelio que no cumplimos. Esta es la principal razón por la cual la gente del mundo  no cree.” (Sta. Teresa de Calcuta[1]). 

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           Mahatma Gandhi (1869-1948) dijo en cierta ocasión sobre el cristianismo y el mundo occidental:

           —Cuando leo el Evangelio, me siento cristiano; pero cuando veo a los cristianos hace la guerra, oprimir a los pueblos colonizados, enriquecerse, beber alcohol y fumar opio, me doy cuenta de que ellos no viven según el Evangelio. 

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           Durante una de las batallas que libró Alejandro Magno, le comunicaron que un miembro de su tropa se había comportado cobardemente, por lo que ordenó que el soldado fuese traído ante él.

           Estando frente al general, éste le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? El soldado con cara de vergüenza respondió igual que usted señor:

           —Alejandro.

           Entonces le dijo el General:

           —O bien cambias tu nombre o cambias tu conducta. 

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El humilde, sencillo y cotidiano testimonio que demos los creyentes en el Señor Jesús será la única noticia verdadera que mucha gente tenga ya del Evangelio. Quizá sea poca cosa a nuestra vista ese pequeño ejemplo, tal vez pensemos que es inoperante; pero no hay que preocuparse por lo demás, el Espíritu Santo hará el resto a partir de ese punto de apoyo colaborativo que le ofrecemos. Seamos el cirio del que Dios se sirve para prender su luz y que el mundo vea.

14Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. 15Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. 16Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.  (Mt 5,14-16).

 

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[1] MADRE TERESA DE CALCUTA, Orar,  Planeta, Barcelona, 1997, p. 178 y 180.

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