Pensamientos de Fe (76)

  1. La compasión, la ternura, son el estilo de Dios. La compasión nace de la contemplación, de la íntima unión con Dios, donde se experimentan el sentir del mismo Señor, que con invita a tener sus mismo sentimientos.                 
  2. Con el quebrantamiento de las leyes morales la gente se vuelve más amorfa y disoluta, más vulnerable y dependiente de quien mande o gobierne el exterior. El ethos moral es lo que hace fuertes a las personas y a los pueblos.
  3. El engolfamiento en los placeres sin ninguna restricción o respeto por el daño que puedan proporcionar a la persona y a la convivencia con los demás, eso queda asumido como un bien procedente del bien de hacer lo que a uno le venga en gana o le pida el cuerpo.
  4. Nada individual es fecundo, estamos hechos para vivir en comunidad, en unidad, como los átomos para formar moléculas o los ángeles coros, etc.. Una personas desvinculada, expuesta a su individualidad, es condenada a la esterilidad. El onanismo o masturbación es la expresión de la infecundidad.
  5. El individualismo moral es un subjetivismo moral, que es en el fondo una destrucción de la moral, y de la persona.
  6. Reino de Dios: Reinado, Señorío del Espíritu divino, efusión de vida amorosa, santificante, que implica donación, y es igual a servir, bajo el dinamismo de la gracia.   
  7. Aspirar a las promesas de Cristo, lo primero y más importante es creer en Él. Desde la fe se puede sostener la esperanza de que las promesas se verán cumplidas.
  8. Esta verdad evangélica está expresada en términos pasivitos: «No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.» (Mt 10,27-28?). Lo suyo es que fuera un aviso o advertencia para los que deberían tener miedo, miedo ante las tropelías y maldades ocultas de las que son responsables y que un día llegarán a ser descubiertas.
  9. La condición trascendental del ser humano es ese tender hacia el cumplimiento definitivo de su sentido, de su vocación más elevada, de la invitación a la santidad en intima unión con el Santo, la más perfecta semejanza con Dios, la Trascendencia, que no se lo puede dar la existencia terrena.
  10.  Hay que rezar para ser lo que no podemos ser por nosotros mismos.

 

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