- La compasión, la ternura, son el estilo de Dios. La compasión nace de la contemplación, de la íntima unión con Dios, donde se experimentan el sentir del mismo Señor, que con invita a tener sus mismo sentimientos.
- Con el quebrantamiento de las leyes morales la gente se vuelve más amorfa y disoluta, más vulnerable y dependiente de quien mande o gobierne el exterior. El ethos moral es lo que hace fuertes a las personas y a los pueblos.
- El engolfamiento en los placeres sin ninguna restricción o respeto por el daño que puedan proporcionar a la persona y a la convivencia con los demás, eso queda asumido como un bien procedente del bien de hacer lo que a uno le venga en gana o le pida el cuerpo.
- Nada individual es fecundo, estamos hechos para vivir en comunidad, en unidad, como los átomos para formar moléculas o los ángeles coros, etc.. Una personas desvinculada, expuesta a su individualidad, es condenada a la esterilidad. El onanismo o masturbación es la expresión de la infecundidad.
- El individualismo moral es un subjetivismo moral, que es en el fondo una destrucción de la moral, y de la persona.
- Reino de Dios: Reinado, Señorío del Espíritu divino, efusión de vida amorosa, santificante, que implica donación, y es igual a servir, bajo el dinamismo de la gracia.
- Aspirar a las promesas de Cristo, lo primero y más importante es creer en Él. Desde la fe se puede sostener la esperanza de que las promesas se verán cumplidas.
- Esta verdad evangélica está expresada en términos pasivitos: «No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.» (Mt 10,27-28?). Lo suyo es que fuera un aviso o advertencia para los que deberían tener miedo, miedo ante las tropelías y maldades ocultas de las que son responsables y que un día llegarán a ser descubiertas.
- La condición trascendental del ser humano es ese tender hacia el cumplimiento definitivo de su sentido, de su vocación más elevada, de la invitación a la santidad en intima unión con el Santo, la más perfecta semejanza con Dios, la Trascendencia, que no se lo puede dar la existencia terrena.
- Hay que rezar para ser lo que no podemos ser por nosotros mismos.
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

