- Amar como Cristo significa decir no a otros “amores” que el mundo nos propone: amor al dinero, amor al éxito, a la vanidad, al poder…
- Orar es hablar con Dios, pero principalmente escucharle, sentir que te ama, es conocerle; conocer y amar está íntimamente unidos.
- Escuchar, conocer, seguir a Jesús, es llevarle, ir con él y él contigo. Servir a los demás, estar con ellos amándoles, es conocer que Jesús está ahí amándoles contigo, es su amor con el que amas. El es más que tu mismo; es Cristo quien vive en ti. Amar así es experimentar el Espíritu de Jesús, realmente.
- La fecundidad de nuestra vida depende de la oración.
- Fecundidad: el principal fruto que el cristiano ha de dar es el amor.
- En estos días de lo políticamente correcto son muy pocos los profetas que se atreven a hablar. El clero ha de hablar libremente, y necesariamente. La mayoría, pusilánimes acongojados, calla. De modo que no acabarán -seguro- como Cristo. Ahora, cabe preguntarse, ¿tendrán que ver algo con ese Señor, al que siguen? No son chicha ni limoná, o sea, la sal sosa.
- “Dios otorga el don de la oración solo al que ora” (San Juan Clímaco), da el gusto, el hambre, el deseo de orar…; de modo que pongamos manos a la obra, la obra más importante, la de orar; que es lo que Dios quiere para nosotros
- «Solo el amor es digno de crédito» (Hans Urs von Balthasar. El verdadero amor no exige garantías, se sostiene en la confianza, en la fe.
- «Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros» (Jn 13,34). ¿Cómo nos ha amado Jesús? Sin poner límites, hasta el extremo, hasta la entrega total de sí; pero también con un amor caritas que proviene el Padre, y por quien amamos; con su amor que nos moviliza a amar.
- Hay que llegar a ser según la gracia que hay que dejar que fluya; gracia que es el influjo del Espíritu Santo. Dejarse a él, dejarse llevar. El Espíritu Santo pretenden actualizar la vida trinitaria en nosotros, la santidad querida por Dios para todos sus hijos. Esto es todo; ahí tenemos que llegar.
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