Pensamientos de Fe (60)

  1. Hay gracias que han de ser pedidas. Y todas agradecidas. Y todas recibidas: es decir, estar en disposición de acoger cuanto Dios nos da para nuestra santificación y de los que nos rodean.         
  2. Las gracias de Dios para nuestro bien, no son solo en el plano espiritual también en el natural; por ejemplo, podemos vencer la fatiga del cuerpo con la fuerza del Espíritu de Dios.
  3. Palabras tremendas de san Pablo (Fil 3,19): «lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición.» A destacar dos cuestiones: la insistencia y con lágrimas en el aviso, y la cuestión que se está dando especialmente hoy día: la persecución de la cruz (algo muy real y tan concreto como el derribo de cruces, imágenes, atentados contra iglesias, etc.), amén de la cristianofobia generalizada (odio a la cruz cristiana).
  4. Conocer a Cristo. Yo antes de conocerle, procuraba escaquearme del trabajo y dejártelo todo a tí, hablaba mal de los compañeros al jefe, echaba las culpas de mis errores a los demás, a alguna compañera seducí y engañé con falsas promesas y con otra puse los cuernos a su marido, destruyendo su hogar;  apuntaba horas extras sin pensar en los que están en el paro… Desde que le conocí ya no lo hago.
  5. El diablo hace ruido y mete miedo, pero es el gran fracasado. Cuando logró matar al Hijo de Dios perdió el poder que tenía; ahora, cuando el mal parece más victorioso es en realidad cuando más se derrota a sí mismo, porque Dios Padre ordena todo para el bien de sus hijos. Nuestra fe y esperanza se ponen a prueba en estos momentos.
  6. Decía santa Teresa de Jesús: «decir a un regalado y rico, que es la voluntad de Dios que tenga cuenta con moderar su plato, para que coman otros siquiera pan, que mueren de hambre, sacará mil razones para no entender esto, sino a su propósito.» Lo cual es muy cierto, pero esa particularidad alcanza a la universalidad.
  7.  Decía san Agustín que solo hay dos amores decía o el amor de Dios hasta el olvido de sí, o el amor de sí hasta el olvido de Dios. El uno conduce al cielo, el otro al infierno. No existe – nunca ha existido – una tercera vía.
  8. «Lo visible tiene una causa invisible» (Heb 11,3). Lo invisible, lo espiritual, lo sobrenatural… tiene un handicap potente, y es que no entra por lo sentidos: no se ve, no se palpa… En un mundo muy materialista como el actual, la fe -la visión que nos hace contemplar y conectar con lo invisible- lo tiene complicado.
  9. «La fe es la garantía de las cosas que se esperan, la prueba de aquellas que no se ven» (Heb 11,1). La fe se apoya en la esperanza: en que un día -a esperar- se verá  corroborada como evidencia. La fe es un hecho, una realidad, algo que existe, una gracia especial que ilumina el interior humano, pero que aún así tiene el handicap de la espera, la esperanza de que un día lo que la fe «ve» será visto. La fe se prueba en mantenerse firme sostenida por la esperanza, también otra gracia sobrenatural.
  10. La fe se fundamenta en una serie de verdades (definiciones dogmaticas), recogidas en el credo. Las cuales son -como no podía ser de otra forma- estables, consistentes, irrevocables y para siempre; por ejemplo: Dios es el creador del cielo y de la tierra. Esto tiene mal acogida en un mundo líquido, cambiante, inestable, relativista, sospechoso de la verdad y efímero como la materia.

 

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