- Cualquier cosa que lleve el marchamo humano ha de llevar el componente moral. La ciencia, la filosofía, la política, etc., cualquier realidad, hecho propiamente humano, ha de ser informado por la moral; de lo contrario, se aleja del ser humano.
- Trashumanarnos, según Dante en la Divina Comedia, es decir, divinizarnos, lo que ocurrirá en el cielo. Es la santificación humana hasta el extremo de tansfigurarse en la grandeza de sí mismo, reflejo del Hijo de Dios; lo que Dios ha querido para sus hijos humanos; a esa realidad humana a la que apuntamos pero que todavía no se ha manifestado en su plenitud.
- A ese respecto ya decía san Ignacio de Antioquía, poco antes de morir martirizado: «cuando llegue al cielo seré hombre». Lo cual dista mucho, es más no tiene nada que ver, del transhumanismo -tal en boga en el progresismo actual-, que es una utopía materialista que pretende utilizar medios tecnológicos para transformar al ser humano en algo más que humano.
- Si la idea es que las relaciones homosexuales (en cuanto a actos sexuales concretos) pueden volverse lícitas por un decreto papal, entonces lo han sido siempre; pero nunca se ha dado ni se dará, pierdan toda esperanza. Al Papa solo le corresponde transmitir el depósito de la de doctrina recibido, sin alterar esta.
- Los actos homosexuales (la sodomía) son, siguen y seguirán siendo considerados por la doctrina de la Iglesia católica como pecado, y jamás en ese sentido las relaciones que conduzcan a estos actos serán bendecidas por la Iglesia.
- El intento de la Iglesia por aclimatarse al mundo es peligrosísimo porque acabará diluyéndose en él, sin se signo de contradicción, sin ser sal, si aportar luz, sin nada que decir… de la Buena Nueva.
- El secreto del Evangelio es sencillamente el misterio insondable de la misericordia. Al que accede el corazón en estado de gracia.
- Quien lee el Evangelio y no siente un decir dentro de sí «esto es la verdad» ha perdido la capacidad de vibrar, el pálpito del corazón humano, por endurecimiento del corazón.
- La verdad no se la discute, se la contempla, se la desea, se la admira, se la acoge, se la quiere, se la vive…
- La vida mística es de alguna manera el inicio de la vida eterna. El estado del alma que ha llegado a la contemplación es vivir en el mundo, la vida cotidiana, vivirlo con otra visión, una iluminación especial, experimentar la vida como algo sorprendente, lleno de asombro y originalidad, donde se disfruta de las cosas más pequeñas y cotidianas.
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