Pensamientos de Fe (55)

  1. El hombre sin Dios no es más que “una partícula de la naturaleza o un elemento anónimo de la ciudad humana”, basándose en las palabras de la constitución Gaudium et spes del Concilio Vaticano II (n. 14). Y claro, así se ve claro que en un mundo ateo, como el actual, el aborto se esté constituyendo como un derecho…         
  2. Esto nos ha de pasar factura: que posean más protección jurídica las mascotas que la vida de un gestante.
  3. La opinión cristiana es la visión del sentido común, se ajusta a la naturaleza humana (obra de Dios). Por eso podemos hablar de igual a igual con cualquier ser humano que se diga racional, claro, (pero hoy en día hay mucho cafre suelto; es decir, que el ser humano se ha echado al monte).
  4. Hay que rezar lo que nos pasa, comunicarse personalmente a Dios, dándole participación en nuestra vida; Él tiene algo que decirnos y unirse a nosotros en intima colaboración. «Muchas veces la vida nos pone delante de situaciones que no comprendemos y parece que no tienen solución. Rezar, en esos momentos, significa dejar que el Señor nos indique cuál es la cosa justa para hacer. De hecho, muy a menudo es la oración la que hace nacer en nosotros la intuición de la salida, cómo resolver esa situación» (Papa Francisco).
  5. Está de moda lo de «yo no me arrepiento de nada». Ya, pero por ahora; algún día serás llamado a capítulo. Por lo demás, yo conozco a mujeres que se han arrepentido de haber abortado, (por ejemplo).
  6. Hay quien pone en duda la existencia de la verdad. A mi a veces me ocurre lo mismo, especialmente cuando veo a un hambriento, y la conciencia me urge a que le ayude y me rasque el bolsillo.
  7. Ya nos podemos poner como queramos: pero la verdad es que no se es libre sin obedecer a la conciencia. Ser respetuosos con la propia conciencia es lo primero que se debe enseñar en la familia, en la escuela, en la sociedad, en parroquia, …en todas las partes.
  8. Si Dios quiere lo mejor para nosotros y nos ama más que nosotros mismos; de modo que hacer su voluntad, antes que cualquier otra —incluso la nuestra—, ha de ser la razón fundamental de nuestra determinación en cada momento.
  9. Un ser humano sin trascendencia se hace sospechoso…; está tentando de cualquier mal. La inmanencia centrípeta el ser de tal forma que lo puede anular; es decir, dejar de ser él mismo.
  10. Dios da en la medida que esperamos de Él (San Juan de la Cruz); da en cuanto que nos abrimos a recibir lo que está dispuesto a darnos, cuando cual niños tendemos las manos para que sus padres nos las llenen, y es más, Dios da —ya puesto— más de lo que esperamos, pues su generosidad siempre desborda —y mejora— las expectativas. Pero hay que esperarlo.

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