- El hombre sin Dios no es más que “una partícula de la naturaleza o un elemento anónimo de la ciudad humana”, basándose en las palabras de la constitución Gaudium et spes del Concilio Vaticano II (n. 14). Y claro, así se ve claro que en un mundo ateo, como el actual, el aborto se esté constituyendo como un derecho…
- Esto nos ha de pasar factura: que posean más protección jurídica las mascotas que la vida de un gestante.
- La opinión cristiana es la visión del sentido común, se ajusta a la naturaleza humana (obra de Dios). Por eso podemos hablar de igual a igual con cualquier ser humano que se diga racional, claro, (pero hoy en día hay mucho cafre suelto; es decir, que el ser humano se ha echado al monte).
- Hay que rezar lo que nos pasa, comunicarse personalmente a Dios, dándole participación en nuestra vida; Él tiene algo que decirnos y unirse a nosotros en intima colaboración. «Muchas veces la vida nos pone delante de situaciones que no comprendemos y parece que no tienen solución. Rezar, en esos momentos, significa dejar que el Señor nos indique cuál es la cosa justa para hacer. De hecho, muy a menudo es la oración la que hace nacer en nosotros la intuición de la salida, cómo resolver esa situación» (Papa Francisco).
- Está de moda lo de «yo no me arrepiento de nada». Ya, pero por ahora; algún día serás llamado a capítulo. Por lo demás, yo conozco a mujeres que se han arrepentido de haber abortado, (por ejemplo).
- Hay quien pone en duda la existencia de la verdad. A mi a veces me ocurre lo mismo, especialmente cuando veo a un hambriento, y la conciencia me urge a que le ayude y me rasque el bolsillo.
- Ya nos podemos poner como queramos: pero la verdad es que no se es libre sin obedecer a la conciencia. Ser respetuosos con la propia conciencia es lo primero que se debe enseñar en la familia, en la escuela, en la sociedad, en parroquia, …en todas las partes.
- Si Dios quiere lo mejor para nosotros y nos ama más que nosotros mismos; de modo que hacer su voluntad, antes que cualquier otra —incluso la nuestra—, ha de ser la razón fundamental de nuestra determinación en cada momento.
- Un ser humano sin trascendencia se hace sospechoso…; está tentando de cualquier mal. La inmanencia centrípeta el ser de tal forma que lo puede anular; es decir, dejar de ser él mismo.
- Dios da en la medida que esperamos de Él (San Juan de la Cruz); da en cuanto que nos abrimos a recibir lo que está dispuesto a darnos, cuando cual niños tendemos las manos para que sus padres nos las llenen, y es más, Dios da —ya puesto— más de lo que esperamos, pues su generosidad siempre desborda —y mejora— las expectativas. Pero hay que esperarlo.
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