- Si, como ocurre hoy, se ignoran los ordenes natural y sobrenatural, sobrevienen todos los males, empezando por el moral y concluyendo en el caos, al que no tardando llegaremos.
- Solo desde la fe cristiana puede entenderse el «misterio» del devenir del mundo actual; pues Jesucristo, Dios, es el Señor de la Historia, y el único capaz de abrir su sello, y revelar su contendido a sus fieles.
- Hacer del capricho o del egoísmo el patrón de conducta. como sucede hoy, es de suma importancia, ya que supone, entre otras cosas, renunciar al hecho moral de la libertad responsable.
- En este momento en nos encontramos inmersos lo peor, el pecado mayor, consiste en la indiferencia moral, o amoralidad.
- Las fuerzas del mal se conforman con tener a la persona en una existencia tibia, indolente, vulgarmente feliz, con tal de que ya no tenga aptitud para ser modificada por la fuerza de la gracia.
- El número de suicidios está aumentando en Occidente. Los políticos y la mentalidad progresista buscan causas de todo tipo, que pretenden solucionar médicamente. Nadie parece reparar en esto: en la falta de fe, que entre otras cosas proporciona ausencia de sentido.
- Sin fe no hay conversión, y viceversa. La conversión supone la reorientación (metanoia) de si mismo; Dios se constituye el centro de su vida.
- Nos cuesta creer porque es demasiado hermoso, una locura de amor inaudito. “Nuestro Amado tenía que estar loco para venir a la tierra…” (Santa Teresa de Lisieux). Y nosotros nos hemos hecho demasiado racionalistas, ilustrados, adultos, hemos perdido el perfil inocente del espíritu de la infancia que lo hace todo creíble, hasta lo más maravilloso.
- Negar la naturaleza humana, tal y como se está haciendo en la ideología de género, es una manifestación de la soberbia del ser creado que se rebela contra su Creador.
- La alegría es connatural al bien que emana de la fe, que es gracia. El bien no lo hacemos por un sentido mercantil de intercambio, con vistas a una recompensa. No se le puede pedir al bien que renuncie a la alegría que le da la realización de un bien, pues esta alegría le es connatural.
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