Pensamientos de Fe (47)

  1. Si, como ocurre hoy, se ignoran los ordenes natural y sobrenatural, sobrevienen todos los males, empezando por el moral y concluyendo en el caos, al que no tardando llegaremos.   
  2. Solo desde la fe cristiana puede entenderse el «misterio» del devenir del mundo actual; pues Jesucristo, Dios, es el Señor de la Historia, y el único capaz de abrir su sello, y revelar su contendido a sus fieles.     
  3. Hacer del capricho o del egoísmo el patrón de conducta. como sucede hoy, es de suma importancia, ya que supone, entre otras cosas, renunciar al hecho moral de la libertad responsable.
  4. En este momento en nos encontramos inmersos lo peor, el pecado mayor, consiste en la indiferencia moral, o amoralidad.
  5. Las fuerzas del mal se conforman con tener a la persona en una existencia tibia, indolente, vulgarmente feliz, con tal de que ya no tenga aptitud para ser modificada por la fuerza de la gracia.
  6. El número de suicidios está aumentando en Occidente. Los políticos y la mentalidad progresista buscan causas de todo tipo, que pretenden solucionar médicamente. Nadie parece reparar en esto: en la falta de fe, que entre otras cosas proporciona ausencia de sentido.
  7. Sin fe no hay conversión, y viceversa. La conversión supone la reorientación (metanoia) de si mismo; Dios se constituye el centro de su vida.
  8.  Nos cuesta creer porque es demasiado hermoso, una locura de amor inaudito. “Nuestro Amado tenía que estar loco para venir a la tierra…” (Santa Teresa de Lisieux). Y nosotros nos hemos hecho demasiado racionalistas, ilustrados, adultos, hemos perdido el perfil inocente del espíritu de la infancia que lo hace todo creíble, hasta lo más maravilloso.
  9. Negar la naturaleza humana, tal y como se está haciendo en la ideología de género, es una manifestación de la soberbia del ser creado que se rebela contra su Creador.
  10. La alegría es connatural al bien que emana de la fe, que es gracia. El bien no lo hacemos por un sentido mercantil de intercambio, con vistas a una recompensa. No se le puede pedir al bien que renuncie a la alegría que le da la realización de un bien, pues esta alegría le es connatural.

 

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