- Cualquier virtud sin la humildad, deja de ser serlo.
- “Gratis lo recibisteis, dadlo gratis” (Mt 10,8). Esta es palabra divina. Es una verdad (un dogma) que implica tanto…, que compromete tanto… No es cuestión de cálculos ni de lógicas humanas; es aptitud y actitud vitales.
- Quien no se moviliza, peca de pereza; y posibilita que quien puede aprovecharse lo haga (al menos fácilmente y sin ninguna inquietud de conciencia removida).
- Nadie da sin ser mendigo, sin haberlo recibido previamente. Lo más grande que se nos ha dado has sido la vida y luego la salvación de la misma vida para ser eterna.
- La noche de la contemplación nos hace humildes. Hemos de sentirnos en dependencia de Dios. Y reconocer nuestra pobreza, nuestra impotencia, nuestra imposibilidad e inutilidad.
- Quien no es capaz de recibir es incapaz de dar. Y viceversa, de recibir verdaderamente, con gratitud y humildad.
- Nos da un mayor conocimiento de nuestras debilidades, lo cual proporciona ser comprensivos y compasivos con los defectos propios y ajenos. Y nos abre a la confianza en Dios, del que nos sentimos dependientes y necesitados.
- La pregunta ya no es tanto qué es la verdad sino qué es el bien y el mal. Y hoy se educa en la inconsciencia del bien y del mal.
- Cuanta gente anónima que con su sacrificio hicieron posible condiciones mejores de vida para los que vinieron detrás. Sin pedir nada a cambio, tan solo siguieron el movimiento del corazón que les llevaba a hacer lo bueno.
- Ser pequeño, humilde, pasar desapercibido… qué importante es! A los ojos del mundo no es nada; a los ojos del Dios «lo es todo». «Cuando más grande seas, más te has de abajar / y hallarás gracia delante del Señor.» (Eclo 3,18) ).
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