Pensamientos de Fe (39)

  1. La pobreza profunda y única es la de no ser dueño ni de un mismo, no poseerse, no mandar sobre su vida, no ser señor de uno mismo…, estar a disposición del único verdadero Señor. 
  2. El tomar conciencia de sentirnos de misericordia es una gracia -que hemos de pedir-. El sentir esa necesidad, de pobreza, es disponernos, estar abiertos a recibir la ayuda siempre constante que Dios está queriendo hacernos llegar.
  3. En el clima de la pobreza espiritual es donde se desenvuelve la acción salvadora de Dios.
  4. Aunque estos tiempos con complicados para el anuncio de la Buena Noticia, Evangelio, por mentalidad materialista y egoísta; se puede sorprender no por la cerrazón, sino por la sorpresa ante la ignorancia religiosa, este estupor puede provocar la reflexión. Decía Platón: «Del asombro sale el pensamiento». La esencia de la actitud infantil: «maravillarse ante el mundo».
  5. La conciencia es aquel hondón del ser humano que nos requiere para que elijamos el bien. Nadie, en conciencia, se puede solidarizar con el mal, sin sentir un malestar profundo o sentimiento de culpabilidad; si esto no es así, es que se ha encanallado uno a sí mismo.
  6. Ser fieles, obedientes, a la voluntad de Dios es lo únicamente verdadera importante. Todo lo demás en esta perspectiva carece de relevancia.
  7. Lo mejor es a veces enemigo de lo bueno. En moral también se da una economía en su exigencia y resultados. La perfección del atleta puede frustrar los pasos tambaleantes del principiante o convertido.
  8. El alma humana, salida de las malos de Dios, es sagrada. Esta sacralización la dignifica con un respeto sobrenatural. La sacralización de algo lo hace intocable, lo introduce en el recinto sagrado donde nadie puede entrar; lo eterniza, lo eleva por encima de lo contingente, lo universaliza, lo convierte en verdad absoluta.
  9. Cuando un cristiano ama o es bueno u obra bien, etc. no es o no debe ser -como se analiza o ve- por un fin (conseguir un fin: cielo, favor,… o el infierno, etc.), si no por un principio: por haber sido amado, agraciado,… etc. por Dios.
  10. Respetarse es hacer lo que es bueno para sí, para su crecimiento, para su humanidad, para su santificación… Lo contrario, obrar inmoral o amoralmente, es dañarse, aunque se ignore, y no tomarse en serio su vida interior, es decir, a si mismo.

 

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