Pensamientos de Fe (34)

  1. Si pedimos a Dios que haga por nosotros lo que nosotros podemos hacer -porque nos ha dado ya al crearnos esa capacidad- somos unos vagos (entre otras cosas). 
  2. Esto que decía santa Teresa de Jesús, “la gente del mundo es hábil en el arte de conciliar las satisfacciones de aquí abajo con las exigencias de Dios”, es un verdad imperecedera mientras vivimos en pecado; es tratar regatear nuestra conciencia, autoengañarnos para esquivar la voluntad de Dios, y salirnos con la nuestra. Pero… Dios lo ve todo.
  3. No buscamos componendas para obviar esa realidad fundamental que es servir a los demás, dar la vida (sentido amplio), el martirio, cargar con la cruz: el todas las posibilidades. Esto es inherente al ser cristiano. Y negarlo es negarse a vivir según Cristo. “Si no…, no tenéis nada que ver conmigo” (Jn 13,8b) .
  4. Un hombre sólo puede impulsar y hablar desde fuera a otro hombre. El Espíritu, en cambio, nos dinamiza desde dentro y nos habla en la propia conciencia. Es “más interior que lo más íntimo mío”, que decía san Agustín. Es el alma del alma. El que anima; el que impulsa y habla, y es fuerza de nuestra fuerza.
  5. “Pedid y se os dará” (Mt 7,7)… cosas buenas, santas, para la santificación, que es lo fundamental. De modo que como la gracia, es decir, Dios mismo, es lo principal a pedir. Tal y como decía santo Tomas de Aquino:  no se ha de esperar de Dios algo menor que el mismo.
  6. Cuántas luchas mezquinas y ambiciones por llegar alto, tener éxito, poder, dinero… cuando para un cristiano estar al servicio de los demás es un vocación entitativa.
  7. Cuántas veces -y en esto deberíamos estar muy en guardia con nosotros mismos- tenemos pensamientos y actitudes que -incluso con buena voluntad- se desvían del Evangelio y del Reino de Dios. Esto tremendo le espetó Jesús a Pedro: “¡Apártate de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios” (Mt 16,23). 
  8. Hay que estar con constante conversión; revisar nuestro vivir, nuestras comunes actitud cotidianas, nuestro conformarnos al medio, a la posible tibieza… Que es un inconsciente persistir en el error, en el que nos encontramos envarados, que no nos permite avanzar, y que se ha convertido en realidad un pseudocristianismo.
  9. Las fuerzas del mal se conforman con tener a la persona en una existencia tibia, indolente, vulgarmente feliz, con tal de que ya no tenga aptitud para ser modificada por la fuerza de la gracia. Lo cual es de un peligro mortal: “porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca” (Ap 3,16).
  10. Sin la fe, sin la esperanza y sin la experiencia del amor es imposible ser cristiano, pues este vive en estado de disposición a la cruz. “Mi carga es suave y mi yugo ligero”. La carga y el yugo han de llevar el Mi, sino resulta insoportable, insufrible y sin sentido. Solo por la fe es soportable, solo por el amor es sufrible, solo por la esperanza tiene sentido.

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