Pensamientos de Fe (31)

  1. Qué buena penitencia, humildad y liberación es pasar desapercibido, sin buscar el brillo propio, sin culto a la imagen, sin vanidad ni orgullo soberbio. Pensemos en el ejemplo de Jesús guardando silencio ante el trato destructivo en su pasión; no reclamó cuanto tenía derecho por ser el Justo y Dios; fue juzgado injustamente y no dijo nada. No nos importe la crítica, la desaprobación, que nos quiten lo con nos merecemos: el ser valorados, la estima, el buen nombre, el ser tenido en cuenta…   
  2. Dios valora y tiene muy en cuenta a aquellos que parecen no contar. Son los desgraciados de este mundo los que, por esa misma circunstancia, están más cerca de Dios, pueden interceder ante El por el resto de los mortales.
  3. Dios hace casi todo, pone graciosamente la mayor parte, pero requiere de la “indispensable” colaboración por nuestra parte. Así lo manifestó san Agustín, “Dios que te ha hecho sin ti, no te salvará sin ti”. Esta participación de la aportación humana -por pequeña que sea- se ve en el milagro de los panes y los peces (Jn 6,1-14; Mt 14,14-21), con cinco panes y dos peces dio de comer a una multitud.
  4. Tenemos una gravísima responsabilidad para con los que están a nuestro lado: la de no educarlos el corazón en la desconfianza, porque esto es un escándalo, escandalizarles, hacerles perder la inocencia que propicia el amor. ¡Cuántas veces hacemos de serpiente en el Paraíso, que provoca la pérdida de la inocencia, el ser como niño, la expulsión del Reino!
  5. Cuanto sucede en un tiempo, puede suceder -como proyección profética- en nuestro presente (=tipo y arquetipo). Es decir, cuanto Cristo y su Madre vivieron, puede que nosotros lo vivamos, como cristianos y la Iglesia, como madre.
  6. Jesús ha querido asociar a si en la obra de la Salvación a los mismos redimidos. Ha querido que también su Cuerpo Místico participara en sus dolores, en sus fatigas, en la lucha diaria contra el usurpador y con Él participara en el triunfo de la victoria definitiva.
  7. Forjarse como persona es nuestro compromiso vital más importante. Este cuesta. Este objetivo número uno pasa desapercibido en la educación, muy encaminada al profesionalismo. Ser virtuoso, moralmente irreprensible, tener un corazón noble, etc., requiere de dedicación y empeño; hoy, esto no ocupa ni preocupa. Y como se dice para lascivo vale cualquiera, para ser puro hay que ser un guerrero.
  8. Hay que ser prudente, para no fanatizar nada y que se convierta en arma… El cristiano, a semejanza de Cristo, es el ser más pacífico del mundo, y en cambio, se le tiene conceptualizado como potencialmente peligro… ¡Quizá hayamos cometido errores en el pasado! El cristiano, viéndose en su Señor, no es beligerante ni verdugo, no mata sino que muere mártir.
  9. Es importantísimo el dejarse aconsejar (inspirar) por quien mejor lo puede hacer y está dispuesto a ello desde siempre: el Señor. Cuando tengas que tomar una decisión, por pequeña que sea, rézala antes. Son muchos, todos, los santos que han pasado horas ante el Sagrario buscando asesoramiento ante cualquier coyuntura. ¡Hagamos lo mismo!
  10. Para comprender algo de Dios, cuando nos habla e inspira, hay que tener un grado de nobleza, de inocencia, de pureza interior, de bondad, de confianza, de humildad y sinceridad, que hoy día raramente se tiene; el ambiente en este sentido es muy contraproducente, tóxico; es como un pecado original sobreañadido, que ha cortocircuitado la comunicación con Dios.

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